Antitrite. Salvador Dalí
Casi nunca, lo extraordinario
acontece por simple peripecia:
Alguien, deliberadamente,
ha roto una costura del infinito,
una grieta que empieza a gotear irrealidad
justo a la orilla de tus pies,
por eso hoy la tarde hace ruido,
el mar se vuelve espera
y sentimos en sus manos
maestras, la deriva de los continentes,
su insospechada y prehistórica experiencia;
en su absorto latido
muestra el tiempo su flor de aguas
con todos sus navíos y naufragios.
Las horas se acreditan lentas
girando
sus llaves aceitosas,
abriendo los cuerpos de seres que se elevan
en un azar de anonimato.
Nadie puede entender la repentina claridad
ni el inquietante proceder de lo nuevo.
Parece el Sol agrandarse
por un deseo de invocación
como si fuésemos
un retorno de luz hacia sus fuentes.
¡La escoria humana espuma el aire!
¿Qué es si no esa nieve espontánea
que rompe crujiente contra la hierba?
En dos almas enigmáticas
como cristales solitarios,
alguien susurra con impetuosa vehemencia:
−Mírame, siénteme
con esos ojos tuyos, derribados y antárticos.
miércoles, 17 de octubre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
El tedio
City roofs (Edward Hooper)
Se despertaba muy lentamente
cuando la noche aún semejaba un gigante dormido.
Después, entornaba los párpados permitiendo la vida
y esas nubes triviales
que enfrían la mañana,
como una procesión de piedras pronunciadas con elegancia,
como ese primitivo amor a la unidad
en su imagen más pura,
aquel que en sus manos sostiene
todo el peso del tedio.
Leía libros con sabor a humus
… a tierra.
Las palabras se reflejaban en un vuelo sin despedidas;
se silenciaban a la vez, ensimismadas.
El ojo inmóvil implorando amor,
convaleciente y vírico,
referido a un recelo esencial y provocador,
agrio como el pulmón de un espejismo,
flemático como un desierto
con sus camellos secos.
El pozo, el gran pozo y el retroceso a la desolación,
al color de los ciegos,
al agua seca de los espacios siderales.
Seis toneladas de pensamientos
no alimentarán ni una sola idea de la muerte,
ni una sola idea de la inmensidad vacía de un cadáver.
¡Dios, qué inocente y simple es la muerte!
Es como un pájaro que de repente desciende sobre un charco,
bebe en dos picotazos rápidos
y luego se dispersa anónimo en la gran migración.
sábado, 22 de septiembre de 2012
La infección de los hierros
Carcase of Meat and Bird of Prey. Francis Bacon
La edad nos harta,
pura en su indiferencia
−Mírame con tu herniado ojo
de distorsionado fulgor
¡qué largas son las aguas que exceden su gemido!
Pero siempre me quedará l
un insomne placer a seguir ardiendo.
Me quedará el peligro, toda la incertidumbre.
Me quedarán
los puntos que se evaden al rozar de los pasos,
el brillo de los peces en los mares nocturnos.
Bésame con tu labio húmedo
y que venga tarde el silencio,
cabal como un cuchillo.
Mi carne no recelará
la infección de los hierros.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
El miedo de Corbain
Toda certeza y persuasión cedieron
ante aquel óxido del tiempo.
Era un otoño barnizado
que ya no lamentaba la muerte del estío.
Renqueando irrumpió una luz cansada
con todo el viento amontonado adentro de la casa.
Inquietantes
se excitaron las mesas y las sillas,
los hierros y los mármoles,
alimentando una ansiedad como vivida en una brasa.
Corbain no pudo predecir el miedo de las manos.
Un frío de glaciar
recorría su cuerpo cuarteando la carne.
Tenía barro en la mirada,
y su densa humedad
acababa por delatar aquellos ojos grandes.
Como esa lasitud
que siempre se diluye en la calima,
así iban cobrando su extensión
todas las cosas que había perdido.
Apretó el cuerpo
contra la esquina más oscura
y mirando el rectángulo brillante de la puerta
dijo:
ahí viene a buscarme el mundo.
sábado, 15 de septiembre de 2012
La lluvia arde
Playa. Joaquín Sorolla
Has de recoger la cosecha
de la nostalgia, y tendrás
de consumirla lentamente,
como las piedras se consumen en el río
o las mareas en la sombra.
La lluvia arde
cuando lo desterrado regresa del olvido.
La pluralidad del agua es renacimiento;
pequeños gérmenes
que se revuelven llenos de salitre
en playas gigantescas −ese espacio brutal
donde se postran
y mueren los relámpagos.
Todo se urde desde
un universo en vilo;
la destrucción se expande
como una ciudad sin límites.
sábado, 1 de septiembre de 2012
Recoge al hombre caído
Recoge al hombre caído,
rígido
o enloquecido,
cuando sus ojos prolonguen un vértigo rojo.
Comienza a amarlo
sin publicar apenas
sus articulaciones,
tal como un ángel
en las quimeras de una mariposa nocturna.
Arrópalo desnudo
con una camisa ligera,
cuélgalo en un perchero dentro de un armario vacío
y sostendrás la carne de la ausencia.
Una fibra última
palpitando en los labios,
será su palabra final;
el signo que los dioses
todavía frecuentan
en la sangre reseca de las ruinas.
viernes, 10 de agosto de 2012
En el jardín de la casa de Pilatos
Jardín de la casa de Pilatos
En Sevilla, a la cuatro de la tarde,
cuatro soles hambrientos retumbaban
despeñándose rojos por los montes;
agrandaba el jardín ante la sangre,
la umbría deliraba sed de tiempo
y la tarde expandía su demora.
El profano marfil de las efigies
vaporizaba el sueño de la luz.
Se glorificó el verde más errático
y fue polvo inmolado en los insectos.
Derramaban los muros en los llantos
amarguras disueltas en la fuente.
El catarro del grifo se hizo ronco;
los peces se atoraban en el agua.
Los paseos trotados en la niebla
y telarañas sucias de horas canas
revestían veredas y parterres.
Mientras ella dormía en un banquillo,
una lúbrica esencia despertó
y extendió su designio, confundida
con los acalorados balbuceos
de los ramajes en la hora cumbre.
Un benéfico augurio de palomas
ceñía la dulzura de sus pechos.
Sus piernas, en dos cuerpos taciturnos,
sutiles, presentían descarnadas.
Una angustia empedraba sus delicias
―cárdena y confundida cruz remota.
Una nevada de ámbar anegó
su vientre ―sensorial como la nube
exaltada de sexo cuando amó
bajo el Sol de Castilla ―años atrás.
Entre los muslos rubios mis dos manos;
un cárdeno pudor ―febril urgencia
subía su columna vertebral
como un columpio roto con chiquillo
adentro que se eleva disparado
esparciendo virutas en el cielo.
Todo el aire restante se partía
provocando extensiones de su cuerpo.
―su yo sería más que el yo de ella,
con el yo de otros más: mármol divino,
pájaros detenidos, hojas muertas…
sería soledad con azotea
interior que aglutina tanta gente
como las espesuras tragan luz.
Tibias, prestas, sus manos minerales,
por el ópalo rosa de un nudillo,
se dislocaba su alma; como espada
se hundía en la espesura del silencio,
en la matriz vacía de los vidrios,
que ―cual madre cabal― toda se colma
de manantiales lácteos; sustento
proteico en lo profundo del instante.
En Sevilla, a la cuatro de la tarde,
cuatro soles hambrientos retumbaban
despeñándose rojos por los montes;
agrandaba el jardín ante la sangre,
la umbría deliraba sed de tiempo
y la tarde expandía su demora.
El profano marfil de las efigies
vaporizaba el sueño de la luz.
Se glorificó el verde más errático
y fue polvo inmolado en los insectos.
Derramaban los muros en los llantos
amarguras disueltas en la fuente.
El catarro del grifo se hizo ronco;
los peces se atoraban en el agua.
Los paseos trotados en la niebla
y telarañas sucias de horas canas
revestían veredas y parterres.
Mientras ella dormía en un banquillo,
una lúbrica esencia despertó
y extendió su designio, confundida
con los acalorados balbuceos
de los ramajes en la hora cumbre.
Un benéfico augurio de palomas
ceñía la dulzura de sus pechos.
Sus piernas, en dos cuerpos taciturnos,
sutiles, presentían descarnadas.
Una angustia empedraba sus delicias
―cárdena y confundida cruz remota.
Una nevada de ámbar anegó
su vientre ―sensorial como la nube
exaltada de sexo cuando amó
bajo el Sol de Castilla ―años atrás.
Entre los muslos rubios mis dos manos;
un cárdeno pudor ―febril urgencia
subía su columna vertebral
como un columpio roto con chiquillo
adentro que se eleva disparado
esparciendo virutas en el cielo.
Todo el aire restante se partía
provocando extensiones de su cuerpo.
―su yo sería más que el yo de ella,
con el yo de otros más: mármol divino,
pájaros detenidos, hojas muertas…
sería soledad con azotea
interior que aglutina tanta gente
como las espesuras tragan luz.
Tibias, prestas, sus manos minerales,
por el ópalo rosa de un nudillo,
se dislocaba su alma; como espada
se hundía en la espesura del silencio,
en la matriz vacía de los vidrios,
que ―cual madre cabal― toda se colma
de manantiales lácteos; sustento
proteico en lo profundo del instante.
miércoles, 25 de julio de 2012
A dónde he ido yo
La carreta voladora. Marc Chagall
Desde las máquinas o los gigantes
ladera abajo vierto,
en una pincelada roja,
la sangre distraída,
las colmadas riberas,
las lágrimas,
sus más hermosas crines.
Desde allí arrastraré la lluvia
precipitando sus brillantes pérgolas.
Ensancharé los créditos del cielo,
los *trueles errabundos sobre aquel despojo de nubes,
sus alvéolos atrapando todo el aire de los espejos.
Libraré a los insectos con sus sedas de vivaces crisálidas.
de élitros multiplicados y animosos.
Desde las más altas coronas
pronunciaré los términos del agua,
las voces que los hombres no revelan.
Sumergiré la desaparición.
Serán puros los ritos, infinita la luz.
Son los ojos sus sacerdotes.
La celebran, la sacralizan,
la mitifican.
Y tú, no llores más,
ya el amor es un polvo blanquísimo
que se extiende lentamente
por las cánulas de las manos.
Aproxímate a mí mientras franqueo la frontera diurna.
Sobre una tierra antigua continúo buscando
a dónde he ido yo todo el resto del sueño.
Desde las máquinas o los gigantes
ladera abajo vierto,
en una pincelada roja,
la sangre distraída,
las colmadas riberas,
las lágrimas,
sus más hermosas crines.
Desde allí arrastraré la lluvia
precipitando sus brillantes pérgolas.
Ensancharé los créditos del cielo,
los *trueles errabundos sobre aquel despojo de nubes,
sus alvéolos atrapando todo el aire de los espejos.
Libraré a los insectos con sus sedas de vivaces crisálidas.
de élitros multiplicados y animosos.
Desde las más altas coronas
pronunciaré los términos del agua,
las voces que los hombres no revelan.
Sumergiré la desaparición.
Serán puros los ritos, infinita la luz.
Son los ojos sus sacerdotes.
La celebran, la sacralizan,
la mitifican.
Y tú, no llores más,
ya el amor es un polvo blanquísimo
que se extiende lentamente
por las cánulas de las manos.
Aproxímate a mí mientras franqueo la frontera diurna.
Sobre una tierra antigua continúo buscando
a dónde he ido yo todo el resto del sueño.
*truel (en galego).- Arte de pesca que consiste en un aro con una red en forma de saco, atado a un mango largo
domingo, 22 de julio de 2012
En el laberinto
The Making of a Fresco Showing the Building of a City. Diego Rivera
Hoy la luz del crepúsculo ha embrujado tus ojos
—Entra en el laberinto,
sumérgete en el caldo de las horas.
El juego de la sombra ya se mueve.
Habrá misterios, manos imprevistas.
Habrá vino, habrá sangre, mucha sangre.
Habrá cantos, imágenes posibles.
Habrá sexo. También tendremos mar.
Hablo del tiempo del caballo,
de la omisión vertiginosa,
de dioses en oscuros trípodes
y tactos cristalinos.
Perpetuamente el barro
arropará tus huesos jóvenes.
Aquí el aire es madera que arde y pasa;
ceniza ciega al sol... tiniebla,
la sombra desollada y su ala oscura;
puños con paso prieto y cielo clausurado;
plenitud de los sueños, condena prohibida.
¿Gozarías naciendo
en un abrir y cerrar de ojos?
Los adeptos al mar siempre dicen adiós.
Van navegando
con sus crateras llenas de salitre,
con sus relojes locos,
ciñendo los relámpagos
y la velocidad de su elegancia,
sobre todo su acorde de luz nítida;
con el oído hecho música;
el tacto, mano,
sabor;
y el ojo, Venus,
el cuerpo interminable,
olor
Hoy la luz del crepúsculo ha embrujado tus ojos
—Entra en el laberinto,
sumérgete en el caldo de las horas.
El juego de la sombra ya se mueve.
Habrá misterios, manos imprevistas.
Habrá vino, habrá sangre, mucha sangre.
Habrá cantos, imágenes posibles.
Habrá sexo. También tendremos mar.
Hablo del tiempo del caballo,
de la omisión vertiginosa,
de dioses en oscuros trípodes
y tactos cristalinos.
Perpetuamente el barro
arropará tus huesos jóvenes.
Aquí el aire es madera que arde y pasa;
ceniza ciega al sol... tiniebla,
la sombra desollada y su ala oscura;
puños con paso prieto y cielo clausurado;
plenitud de los sueños, condena prohibida.
¿Gozarías naciendo
en un abrir y cerrar de ojos?
Los adeptos al mar siempre dicen adiós.
Van navegando
con sus crateras llenas de salitre,
con sus relojes locos,
ciñendo los relámpagos
y la velocidad de su elegancia,
sobre todo su acorde de luz nítida;
con el oído hecho música;
el tacto, mano,
sabor;
y el ojo, Venus,
el cuerpo interminable,
olor
miércoles, 11 de julio de 2012
Cuándo será el día del sacrificio
People in the sun. Edward Hooper
Hay trampas de realidad que no pueden cuajarse:
por ejemplo: Trae la aurora el blanco universal,
la madurez del entusiasmo y la esperanza concluida,
todo gravemente preciso;
y se lleva la noche un animal voluptuoso,
la sinfonía
de lo que viene vaheando en los sueños.
Pero hay recorridos, profundas interioridades
donde la sangre
se ciñe definida, calando el cielo del espejo.
Algo así como cuando cae la estrella de la muerte
y la jornada vierte la luz de sus prostíbulos.
Es así la acerada médula de la congoja.
Es como un humo que socava el aire y acrecienta lo ilimitado.
Es la ruina triunfante bajo la hechicería de las flores;
sus seductores pétalos retuercen la imaginación
mientras el aroma se coagula al sol de medianoche.
Es el mar quien concibe a todos los navíos.
Pero es el hierro de los vientos
el que abre la espiral de los naufragios.
¿Cuándo será el día del sacrificio?
¿Hasta qué lugar llega la sombra?
miércoles, 13 de junio de 2012
Llamo a los amantes
Embrace lovers II. Egon Schiele.
“Llamo a los amantes”
Rene Chair
Emplazo a los amantes,
a su rumor de mechas o de solícitas coronas.
Abre los frutos.
Interpela el relámpago
que ilumina el murmullo de las sienes.
Anégate en los cueros
y en el labio extendido
cercando la ribera de la carne.
Te pretendo en la cima,
en la raya de tiempo
donde la luz se agranda
y el polvo se dispersa.
jueves, 7 de junio de 2012
Sabe la tierra a mi abstracción
Segunda versión del tríptico 1944. Francis Bacon.
“Nada está más vivo, ni más presente, que el peso de la ausencia.
Lo que nunca regresa ya vive para siempre"
Sara Castelar
Tengo un centro sonámbulo que sabe a tierra.
Sabe la tierra a mi abstracción
—una costumbre del origen, siempre fértil;
la vereda donde la luna aplaza el luto
y se derrama el cosmos como una lluvia adolescente,
donde mar y piedra se abren a una espiral de manos suplicantes
— furioso mar diurno, de sangre imprescindible.
De repente, alguien se va
¿Quién reclama el respaldo de su costado interminable?
El ojo de la ausencia ocupa una distancia inmóvil
cuando la inteligencia deletrea todas sus plumas ciegas,
cuando la melodía de su ave inquieta
enreda el aire y extingue el vuelo,
solitaria se agarra al precipicio
deteniéndose en equilibrio sobre sus grietas.
¿Y qué es el otro lado,
la irrupción repentina
del otro lado?
Sólo memoria en distorsión.
Es un hocico grande que se dilata tumescente.
La carne de mi padre
que el tiempo descuartiza.
La primera atadura del fuego con la ausencia
concibe todo el peso de los símbolos,
su íntima constancia en el deseo.
Hay cifras que limitan y ciudades en destrucción.
martes, 5 de junio de 2012
Astillas de diamante

Muerte y vida. Gustave Klimt
Hoy quiero hablaros de mi padre.
De la sangre inerte desbocada en la tierra.
De la pérdida
y su disposición agónica.
Hoy habito en la pena que brilla como un cuchillo en la sombra.
Es inútil la ira.
Existió en un trance de luz que nos imantó desde el Sol;
ahí, en esa fiebre sonámbula, ocurrió todo:
su espacio absoluto, su tiempo reinventado.
La vida fue su única intención,
un acierto que ahora es visible; la memoria la reconstruye,
pero hierve su herida
porque antes de llegar o después de la luz no hay nada,
ni olvido será, porque nadie habrá para olvidar.
Enmudeció. Se abrió una flor entre sus pómulos;
irrumpió una fragancia a tiniebla purificada.
Parecía sentir un rescoldo revuelto
su corazón;
en su última llama me envolvía
mientras los números del agua bajaban a sus sienes.
Tengo su sangre. Tengo sus manos en mi manos.
Tengo la mudez de la tierra
donde persiste el fruto inerte, sin especie
—la insignia deslumbrante de las llagas:
astillas de diamante, el hielo del dolor.
Mirad el tiempo y detened el río.
lunes, 4 de junio de 2012
Sepulcro vivaz
Dánae. Pablo Picasso
En un campo barrido por el aura dorada,
la memoria descansa en órbita oscilante.
Es el Sol una espada hundida en el semblante,
sed de un filtro letal en vasija sagrada.
Un temporal de imágenes se eleva en barricada;
una escoria ruidosa —peregrina ambulante—,
fulgor que el viento inflama. Es la hora palpitante
y la distancia prófuga, en ímpetu arrastrada;
estridencia ocular de sombras a la gloria,
afán de sueño indómito y arrebato fugaz
—espectro transitorio que excita su martirio.
En silencio te aguardo, quimérica memoria.
Eres la flor que asoma al sepulcro vivaz
―hechizo voluptuoso de ignominia y delirio.
Un esqueleto perfumado
Los cuatro habitantes de Mexico. Frida Kahlo
¿Se olfatea un diamante?
¿Se prescribe un clavel?
Danza la vibración de un sacrificio arácnido en la artimaña de tu lecho.
Lame con tu lengua astronómica el plumaje de las estrellas.
Su explosión es coraje de lo oscuro,
la hechicería de un esqueleto balsámico.
Ponle una zancadilla al tiempo,
a su instrumento de agujero flojo,
a su quietud endurecida,
hasta que seas el oxígeno hipado por un ave salvaje
o la estridencia de un golpe brutal
Sé tierra única.
Sé una invención del día
para excederlo.
Sí, fui la sombra que se desencajó allá arriba
en lo pétreo del cielo,
para ir naciendo sáfico tras la sorpresa de la carne.
…échate fuera de esto,
sobre la tierra,
gozoso.
lunes, 28 de mayo de 2012
3 estancias
Puesta de Sol en Ivry. Jean-Baptiste Armand Guillaumin
I
Entre la niebla,
estaba la hojarasca de tus ojos
y en tus labios se deslizaban
los simulacros del lenguaje.
Te alejabas al fondo de la luz
hasta quedar gris como un remolino de polvo.
Después, yo inventaba el amor
como el atardecer inventa insectos.
II
Nombra las cosas,
cólmalas de un principio.
Nombra los grandes fuegos del jardín,
las maderas inmóviles del río,
el aire líquido que arrastra el viento del porvenir,
el desesperado resuello de mis pulmones,
y el pozo desde donde asciendo
hacia la transparencia del sentir.
III
Todo el invierno en el centro vivo de la sombra,
como el maíz dormido en la luz del pasado.
El sol es un escombro,
la escoria que borra los pasos
a medida que el mundo cicatriza las llagas.
El pan de las verdades se ha hecho migas,
migas duras que ya no son pan.
Habrá que cocer otra realidad.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Las materias del ritmo
Ritmo y armonía. Nicolás de Lekuona
Acaricio la hoguera de tu cuerpo,
y muy adentro
del vientre embarazado
siento cercanos
los mares primigenios.
Mientras los cromosomas se dividen,
se siente una voz en susurro:
―nosotros
somos los dioses.
La latitud nublada de las aguas
amortigua el clamor
y la vida se extiende
como una gran marea que arrastra
―sumisa y lúcida―
un rocío de círculos disímiles
―sueños de la retina, visiones en el amnios.
Una gran ala acoge a todos los misterios
en la proximidad de una distancia atroz y melancólica:
los nichos de la luz
donde vierten las brasas jóvenes.
Yo sé
que en ese ojo de las formas
laten encandecidas
las materias del ritmo.
martes, 15 de mayo de 2012
Un león de oro
El rapto de Europa. Óscar Domínguez.
Sentí la cérvix del dolor
en su relincho a potro desollado;
el cuero de su corazón transubstanció mis hígados.
Luego acaricié un león de oro.
Restregué su melena
rugiendo la frescura de la noche.
Me dilaté en su largo sueño,
en su fragancia a espíritu solar.
Palpité en su piel rubia
y en su hermética sangre;
en su tiniebla de violencia
y de profunda lágrima.
Me incorporé a la vida,
a su estafa sin tregua.
Sentí la cérvix del dolor
en su relincho a potro desollado;
el cuero de su corazón transubstanció mis hígados.
Luego acaricié un león de oro.
Restregué su melena
rugiendo la frescura de la noche.
Me dilaté en su largo sueño,
en su fragancia a espíritu solar.
Palpité en su piel rubia
y en su hermética sangre;
en su tiniebla de violencia
y de profunda lágrima.
Me incorporé a la vida,
a su estafa sin tregua.
viernes, 11 de mayo de 2012
La ciudad deletreada al fondo de la inquietud
Y desde el aire siento la cuadriculada emoción de mi ciudad.
Buenos Aires abajo, deletreada en la luz,
Cantada por los monótonos motores del avión"
de "VISTA AÉREA" (Marcos Ricardo Barnatán)
La ciudad
deletreada al fondo de la inquietud
como un monótono resplandor,
algo más que una vida o que un naufragio
sin un dolor al que aferrarse
y arder en un momento
suspendido
como en una pira funeraria.
Así es como germinó aquel impulso,
el tesoro de muchos años sin dueño.
Surgió de la contemplación arrodillada de las calles,
de las largas miradas calientes como disparos que intuyen la pureza,
cuya percepción era un giro que perdía el blanco,
musitando la transformación de lo visible,
la ofrenda de un paisaje limitado,
un corazón de agua fría;
para mí, un hermosísimo fuego
ya ido,
una llama sola que arde oscura.
La ciudad engendró el sexo de oro,
los instantes sometidos a placeres impensables.
Casi todo estaba ahí,
incluso la vil certidumbre de los estrategas.
Pero maldices porque todavía estás a la espera,
porque aún queda alguna vibración de perdedores,
algunas piedras en la memoria del origen
y quedan también algunas preguntas.
De boca en boca,
los rótulos salvajes de la inmensidad
¿De qué animal presentido
eres tú la perpetua imagen?
domingo, 6 de mayo de 2012
No quiero la tierra consagrada
La vasta noche. Eduardo Úrculo
En la frontera de tu respiración
se hienden
las delicadas cimas del aire,
el altar
del primer pájaro nevado.
Yo aproximo el aliento avanzando la boca,
abriéndose a otro aliento más puro.
Pero no quiero
la tierra consagrada, la quiero profanada
por tus líquenes rojos y por tus pies ligeros.
El día deja huellas blancas en tu frente,
las hojas
de un tiempo todavía vivo,
lo que no cesa y las palabras buscan.
¿Cómo beber
el aceite del rostro que se asombra a mi lado,
que clarea y despunta,
anegados los párpados de memoria excesiva?
¿Cómo llegar
a las islas de la intemperie
donde las aguas dan forma a los sueños?
Olvídame,
fulgor de la cegada orilla,
tráeme el recuerdo,
o la forma de aquella idea
dormida en un muchacho.
Yo sólo tengo la memoria del destierro;
me es inasible la memoria de los otros.
Pero muchas veces
palpamos frutos delicados,
alas que apenas nos rozan,
accedemos sin temor a los más recónditos abismos,
donde ningún dios es capaz de contener a un solo hombre.
lunes, 23 de abril de 2012
A la mentira
Sueño de la mentira y la inconstancia. Francisco de Goya y Lucientes
Mueres sin nadie y nada de ti,
harta de entendimientos,
pero regresas en cualquier inquietud desmoronada,
a cualquier momento improvisado
desde los remotos crímenes de la historia.
Regresas y te vivificas
en la conspiración de los hipócritas,
en los que escriben con murmullos fosforescentes
de la sensual carne de sus piernas
y de los corazones de alambre de los santos,
de su exagerada pasión, siempre bulliciosa de motores.
Te reconstruyes real
en la estatua que brota desde unos pies que deliran.
Te nutres en los árboles ahítos
de aire eléctrico con apariencia de aves.
Pero bueno…
siempre debemos recordar
que todo es simulacro, que nada importa,
que la luz apenas nos piensa,
que los desiertos siempre se abren
a la dispersión del azul
y a una arena vacía despojada de huesos.
Siempre debemos recordar que todas
las formas de la noche viven
porque los astros sueñan.
Mueres sin nadie y nada de ti,
harta de entendimientos,
pero regresas en cualquier inquietud desmoronada,
a cualquier momento improvisado
desde los remotos crímenes de la historia.
Regresas y te vivificas
en la conspiración de los hipócritas,
en los que escriben con murmullos fosforescentes
de la sensual carne de sus piernas
y de los corazones de alambre de los santos,
de su exagerada pasión, siempre bulliciosa de motores.
Te reconstruyes real
en la estatua que brota desde unos pies que deliran.
Te nutres en los árboles ahítos
de aire eléctrico con apariencia de aves.
Pero bueno…
siempre debemos recordar
que todo es simulacro, que nada importa,
que la luz apenas nos piensa,
que los desiertos siempre se abren
a la dispersión del azul
y a una arena vacía despojada de huesos.
Siempre debemos recordar que todas
las formas de la noche viven
porque los astros sueñan.
viernes, 20 de abril de 2012
El nombre devorado
Un nombre devorado, fugitivo y oscuro
me deshabita.
No es nada
sino nadie
que en todas las salidas me detiene;
inercia que me da casi el sentido
de las manos huidas, de la carne de piedra,
de la sangre de piedra y fiebre disipada;
ternura y semblante partidos
de la tierra partida por la guerra.
Un ala quemada es este silencio sobre la piel.
Un ala que no es pena
porque ya es polvo o aceite errático,
turbio como el veneno;
túnel donde se endurecen los ojos
como planetas apagados,
facciones sin memoria.
miércoles, 28 de marzo de 2012
El tacto del origen
The red studio. Matisse
Muy despacio, la piel
se desprende de aquellos hálitos;
turbando, floreciendo
el tiempo de su leve aire;
ebrios los ojos de memoria;
ciegos de tanta luz precaria,
tan imposible pálpito.
Por qué el frustrado cauce,
la zozobra de nunca ser;
tacto extinguido ya
en la templada sombra del origen.
martes, 13 de marzo de 2012
En el eje del ritmo
On the Seine at Bennecourt. Claude Monet.
En el eje del ritmo está la pausa
como un vacío postergado,
como una piedra que se sacia
cabal a su instante compacto,
…la piedra,
el agua detenida
o el beso
que ya es el labio.
Sin nostalgia transcurre la noche,
como charcos dormidos
en el rojo de los claveles.
Las aguas bajo el puente
van esbozando la ciudad;
aguas sin el ruido
del reflejo que muere.
La transparencia de una hora
es el espacio que ella ocupa.
¡Cómo se abraza el miedo
donde el cuerpo se agrupa!
¡Cómo estrecha el morir
este silencio callado!,
las lentas pausas
que la memoria agranda.
Sé la arena bruñida de un momento
o el acaso de su blasfemia,
que el ritmo que rubricas
sea el insomnio de tu regreso.
domingo, 4 de marzo de 2012
Hubo una época de apasionados héroes
Tombs of Ancient Heroes. Caspar David Friedrich
¡Oh dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes!
Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros,
y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios
no decretados por el destino."
Homero "Odisea"
¿Qué significa el tiempo
a tientas,
la rencorosa carne vengativa,
el ojo largo
dentro del sopor?
Los hombres buscan dioses,
minúsculos y grandes redentores.
Demandan
desesperadamente vida
en un desfallecido vértigo
de miseria.
Es preciso
una llama para la historia
y una grieta para la fuga,
ese engranaje que se abre
a lo inverosímil.
Y yo quiero ofrecerlo todo
con voces excesivas,
con un perfil
de infalibles resquicios.
Tomar la valentía como una escala sin peldaños.
Hechos pedazos ver tus ojos
de cerca.
Que el trance de cruzarlos
no sea sino la luz misma;
la imagen que se forja más allá de los tiempos;
en el venero inagotable,
como un pródigo incendio que la lluvia cobija.
Hubo una época de apasionados héroes;
todavía persisten sus melancólicas constelaciones;
todavía se sienten,
vibrando en el ocaso,
sospechosos vestigios de su vida.
miércoles, 22 de febrero de 2012
El origen del presente
Río Amazonas
Porque todo presente y futuro
han ocurrido ya,
nada alcanzo yo a corregir.
Así, sin darme cuenta, van pasando las cosas
al instante de recordarlas.
Comienzo
recordando el latido que concierta a las músicas
cuando esta dicha de existencia
se ciñe sosegadamente al cuerpo.
Pasan ahora mundos aun sin formar,
mundos sin hálito,
ni sentimiento ni valor
sólo con una piel que desespera
y una escoria vuelta hacia atrás
que recuerda
y se reagrupa en el aire,
conformando los cuerpos que ya fueron.
Pasa el mar con su abismo elástico,
que no puede caer en el azul;
…el mar,
que se dobla, se riza,
y desea caer en otro abismo
más niño.
Pasan las manos que subyugan al amor
porque lo achican,
lo vacían de su intensidad virgen,
por eso se endurece como el cuero
… el amor, como un tacto vigoroso
que todo lo penetra, tenaz y sin esfuerzo,
porque el amor es el artefacto de los sueños,
que perenne se excita en su interior.
Pasa el día de hoy
recordado en una tigre blanco
que demora en la sombra.
Porque perdí el color de la mirada
vuelvo a ser recordado,
porque ya no sentía el calor de los otros.
Vuelvo a ser recordado,
porque dejé el amor pudriendo
en los castrados muros de los templos.
Y también sé
que pasará hoy tu cuerpo
fluyendo en la armonía de un vino subyugante,
respirado en el hálito que sostiene a la llama.
"... tal vez porque el presente no existe en realidad: todo es recuerdo,
esta frase que acabo de escribir ya es recuerdo"
"El ruido de las cosas al caer". Juan Gabriel Vásquez.
Porque todo presente y futuro
han ocurrido ya,
nada alcanzo yo a corregir.
Así, sin darme cuenta, van pasando las cosas
al instante de recordarlas.
Comienzo
recordando el latido que concierta a las músicas
cuando esta dicha de existencia
se ciñe sosegadamente al cuerpo.
Pasan ahora mundos aun sin formar,
mundos sin hálito,
ni sentimiento ni valor
sólo con una piel que desespera
y una escoria vuelta hacia atrás
que recuerda
y se reagrupa en el aire,
conformando los cuerpos que ya fueron.
Pasa el mar con su abismo elástico,
que no puede caer en el azul;
…el mar,
que se dobla, se riza,
y desea caer en otro abismo
más niño.
Pasan las manos que subyugan al amor
porque lo achican,
lo vacían de su intensidad virgen,
por eso se endurece como el cuero
… el amor, como un tacto vigoroso
que todo lo penetra, tenaz y sin esfuerzo,
porque el amor es el artefacto de los sueños,
que perenne se excita en su interior.
Pasa el día de hoy
recordado en una tigre blanco
que demora en la sombra.
Porque perdí el color de la mirada
vuelvo a ser recordado,
porque ya no sentía el calor de los otros.
Vuelvo a ser recordado,
porque dejé el amor pudriendo
en los castrados muros de los templos.
Y también sé
que pasará hoy tu cuerpo
fluyendo en la armonía de un vino subyugante,
respirado en el hálito que sostiene a la llama.
jueves, 16 de febrero de 2012
Saxofón ardiente
Feliz 100 mil culos
Imantada de sangre,
su mirada se encandeció
abierta a la blancura.
Se prolongó
por el relincho de los huesos,
por el enigma cuántico
de tanta ubicuidad.
Se acrecentó
en su espontánea caída,
en lo sagrado de sus cuerdas balsámicas
y en sus escenas
para después de los sentidos.
Se dispersó
en el tacto lento y desnudo
debajo de la maravilla,
en la avidez del fango más imposible.
Y entonces fue un instante
irrebatiblemente sensorial,
el clímax de la concepción de un saxofón ardiente,
profundo y perverso,
a tenor del concepto sonoro de la carne
y de ese trasero mugidor
―eufonía carnosa del oleaje.
martes, 14 de febrero de 2012
Moby Dick o aquellos animales infinitos
Blue (Moby Dick). Jackson Pollock
Huyen precipitándose los años,
celosamente envilecidos,
atravesando un túnel oceánico
hasta la noche eterna
o aquellos animales infinitos.
Los barcos hienden
el verde luminoso
―lonja de peces voladores,
raudos cuchillos en la bruma
bajo las tiendas de la luz,
esa revolución del cielo externo
o ruidos de un territorio
de exceso y corpulencia
flotando acampanada en los sentidos.
El arpón
como un relámpago en el vientre de la ballena.
La violencia marina
al despuntar
la primera horquilla de Sol.
lunes, 6 de febrero de 2012
Al ritmo de una máquina exterminadora
City from Greenwiich Village. John Sloan.
Puedo sentir
esta araña de luces en el tiempo,
y el fuerte resplandor de la consciencia.
Puedo sentir como, sobre aquel muro,
se irradia un lago cósmico;
toda la noche junta
toma asiento en uno de sus flancos.
Un clamor de cruces negras ha derrumbado el día.
Acecha una penumbra
tras las ventanas,
la lluvia se amedrenta
y se imponen también
las sentencias vacías de la calle,
siempre con ese rastro
a puertas desconchadas.
Tienes que aguardar una altura
más respetable,
y desaparecer
en las horas en que la noche
se vuelve más incoherente,
cuando los astros sueñan
introducidos en campanas inabarcables.
Sí, tienes que aguardar
una noche que incluya los orígenes
de un alzamiento más irrebatible,
una catedral silvestre
levantada impecable
con piedra encandecido.
Ayer noche escribía estos versos,
al ritmo de una máquina exterminadora.
lunes, 23 de enero de 2012
Naturalezas vivas
Sing Sorrow. Ben Shahn
del dolor
Del dolor que pesa
de tanta claridad encima;
de dolor como el lento deambular de los metales,
esa polea o rueda que se invierte
en las formas pulsadas de la locura;
del dolor perpetuo y constante
como los muros secos de los conventos;
la lágrima del corazón,
magnífica, resbala firme,
casi sólida, casi dulce,
como un caracol transparente.
de la espada
De la espada que es descubierta en el aire
como un cristal fortuito
que vierte sangre fresca
de congeladas noches
lejanas, muy lejanas,
ya dentro del olvido;
noches moviéndose hacia atrás,
vivas de tanto miedo al Sol.
de las piedras
De las piedras distorsionadas
en un desierto palpitante y obsesionado por la vida,
que chillan
el silencio circundante,
con llanto o fuego íntimo.
de las abejas
De las abejas hechas con alas rotas,
sensibles solo a las substancias de la tarde;
insectos penetrantes,
más penetrantes que un ojo directo,
insectos que guardan el oro de la luz,
toda su provisión de seres polvorientos.
de las horas
De la hora, la primera, precedida
por el día no por la noche,
acumulada quieta
sobre los huesos de un mamut congelado.
De la hora con actitud de pájaro o de sueño.
De la hora capaz de descansar
para siempre,
cerrando sus números tibios;
una hora que será
la grieta
por donde yo me escape
con todos mis paréntesis de nieve.
domingo, 15 de enero de 2012
Al umbral de mi tumba
Avenue of Rowan Trees near. Vilhelm Hammershoi
Al umbral de mi tumba
vierte lenta esa lágrima,
que luego sea caudal.
Aproxima despacio
la boca,
que el aliento se agrande
remontando la hierba.
Acerca apacibles
las manos a los pastos
cuando mis huesos sueñen la ceniza,
y acaríciame lento
─está la brisa
silbando entre mis vértebras.
miércoles, 11 de enero de 2012
El agujero negro
Agujero negro estelar
Soy la diana de todo lo creado,
porque todo converge
a mí
cuando lo siento.
Esa que ahora miro,
en la noche infinita,
es mi estrella;
cuando muera y se apague
sentiré un delirio sin límites,
en un chorro de luz pura
dentro de mi negra tumba.
lunes, 9 de enero de 2012
El otro lado
Mujer durmiendo. Anómino
La perfila
un espacio cerrado de penumbra.
Es una fosa
el pálpito de su letargo.
La sellan
los trabajos del laberinto.
Su cabello,
cascada de azabache,
se derrama en el lecho
sobre un dorso lamido y una luna carnívora.
Sus nalgas pardas,
de pardas,
largas raíces
hundidas en la noche, absorbiendo
sus líquidos templados
Sus cánulas abren el germen.
Un cuchillo retira las médulas.
Ha estallado un tumulto en la sed de los labios
―sus alambradas.
Es el sacrificio del Ser
y su fragancia en el origen.
Yo soy su luz;
exacta a un Sol caliginoso
pero más denso
y con todo el esperma renovado.
viernes, 6 de enero de 2012
Yo he intentado saber
Claro de luna. Edvard Munch.
Levanto el pensamiento
contra el sueño del pensamiento,
donde lo sutil de mi nombre
se transfigura en llama.
Yo he intentado saber,
pero el porvenir
ha tirado el corazón a la marea
desangrando su último rosal,
el tejido que envuelve el ojo
abrigando la lluvia del instante,
ese esputo al charco continuo.
Yo he intentado comprender el rito
conjurando la hechicería de la palabra;
discutiendo del hueso de las horas,
de sus remotos crímenes.
Yo he intentado saber
como el cuerpo de un río
que se enreda en el mar.
balbuceando por ejemplo:
“Mi corriente es la noche
y resbalan a su través
todos las cosas de la muerte”
Yo, que he tocado los lugares francos,
he intentado saber
de la disposición natural de la tierra,
de sus vivos y de sus muertos
pero se me hace difícil la sangre,
su fluir irreal por tan angostos lechos.
jueves, 22 de diciembre de 2011
El corredor del anochecer
Corredor en la playa. Fotografía de sauron63
“Por la hendidura de tu sonrisa se escapa un animal aullante
Que sólo goza en las alturas”
Paul Éluard
Cielo cortado.
Angostura de claridad.
Imperioso fulgor de la vigilia.
En estos cristales privados
encuentra el Sol su encandecida bruma,
sus ciclos de impasible sufrimiento.
Has cegado todos los cauces,
todas las armaduras predilectas del alba.
Confundidas estrellas encienden tus cabellos.
―corredor del anochecer:
abre la puerta al animal aullante.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Líquenes de hilo blanco
Carretera. Fotografía de García-Gálvez
La carretera era un pasillo infinito, un territorio rubio varadero de sueños; el campo, un desierto de bronce, crudo al sabor de las primeras luces.
Líquenes de hilo blanco demacraban el cielo en la aurora recién despierta que, fermentada en la noche, exhalaba vapores algodón y pastel, como hendiduras del aire vertidas de cerveza: resuello de viajeros que relatan, confusos, la ficción de su odisea, retorno inefable de lo que ya ocurrió y que es ahora realidad en el piedra de los mitos.
Mirando la cortina de agua, un chorrear de fuente enardece sus ojos, que pestañean nítidos al verde de la alfalfa.
Pasan árboles mustios, fugaces a través de la ventana.
Mientras conversan, se encienden las palabras sus labios trémulos y como fuegos de porcelana en frascos invisibles, se rompen en la distancia, derramando recuerdos que deambulan veloces ―liebres que huyen excéntricas, sobre el corvo semblante del páramo.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Impresión marina
Playa de Lobadiz. San Jorge (Ferrol). Fotografía de O.G.
Estoy al borde de un acantilado,
el rumor de las olas
pronuncia la distancia,
que parece huir
para cesar en otro mundo.
Tiembla
el aroma a salitre
en la flor desenvainada de la espuma.
En aquellas lejanas piedras
los ruidos
son ardientes e intensos.
Hoy, el cielo está más desnudo
y es su cicatriz
más real.
El horizonte se reclina
como el alquitrán de unos párpados al cerrarse.
La inmensidad
comienza a mecerse despacio.
Oscilo con las luciérnagas en la noche
y siento los gemidos
en el desprendimiento de los astros.
Esta tristeza de hace poco
surgió sin ninguna violencia,
como la angustia
larga de una profundidad.
¡Oh noche,
escucho otro diluvio en ti!
mientras regresa el fruto acerbo
como el remordimiento de la luz,
como las rojas voces
que esconden las gaviotas.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Nómadas de piel despierta
Wind from the sea. Andrew Wyeth
Con un mar por testigo,
dispersaba los cantos de la nada inagotable.
En el delirio, en la condena,
contemplaba, sin su concha,
la carne de los hombres.
Y, súbitamente,
como brotes de luz anidados en un sol demasiado blando,
comencé a desear
desesperadamente,
el olor de la tierra amante, extraña… húmeda,
corría los senderos que se escapan
donde el cielo se empaña de oro,
exploraba los términos más profundos del lago
donde la luna lo penetra con sus manos congestionadas.
Yo deseaba,
intentaba buscar,
el repentino golpe de toda el agua
al doblar de una esquina.
Esta claro
que la imaginación averigua en el entusiasmo
los histriónicos gestos de lo sentido.
Pero a mí,
el agua no me llega.
No me basta la vida ni sus ímpetus.
No me sangra
ese cuchillo que segrega a la madre
como una atmósfera recién llorada.
Los días,
en mí,
se mueven como el sueño de un buque en alta mar.
Esta claro
que mis calles se enredan y persiguen
en pos del rastro de los ángeles que cuidan de mi inspiración,
esos que siempre se extravían en la niebla
arrastrando las horas por el fango.
Es la monotonía de la ceguera,
algo efectivamente muerto como un niño sin corazón.
Falta un pedazo de muro.
Falta una cruz en la puertas.
Falta lo mucho de tantos.
Y yo querría ser una libidinosa primavera
que se adensa sobre un puente desvanecido,
un abismo cavado en otro abismo silencioso;
el humo que se asienta en algún ángulo olvidado
o la hoja de papel abandonada
sobre un tiempo que todavía parezca un cementerio.
Yo sé que en el fondo del río
hay nómadas de piel despierta,
cielos sonoros ancorados
a encrucijadas y tiempos indemnes.
lunes, 28 de noviembre de 2011
El guerrero
El guerrero. Salvador Dalí
Hoy he muerto
y me acerco a la tierra recordando el presente;
la disciplina de la sombra es sereno equilibrio.
La zozobra de la nada impregna la lluvia,
la libertad de un corazón sin prisa,
como un barco paciente
ante el tedio oceánico.
Hoy he muerto
y ahora no recuerdo cosas para soñar.
Hay una tenue arena en el olvido,
donde residen todas las cosas fragmentarias:
el cuero de unos ojos,
espejos diluidos,
aves sin tránsito...
Aquí se abre el túnel;
la plomada del pensamiento atraviesa sus cauces
y cuelga la memoria su palabra ocelada;
su hálito se agita sin fulgor
...sus lánguidas ballenas
tragando el kril de los significados.
Hoy he muerto.
Qué aburrido este jueves por la tarde
en la eternidad de los signos
¿qué óxidos corroerán sus bronces?
Hoy he muerto.
Tardía, encumbrada en el delirio,
se desnuda la carne de sus huellas herméticas.
Duele esta pleamar de párpados abiertos.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Me llega fulminante aquel puñal
Beso Pajizo. Darío Villalva
Ha huido el tiempo sobre aquel relámpago:
el de tocarte con los dedos los labios.
Más tarde, en la fatiga,
advertimos la línea velada del espíritu.
Este existir agónico de la bomba del pecho.
Este frágil motor.
Un ruido tras otro en la caverna roja.
Movimientos, trasporte de fluidos,
permuta de nutrientes…
desechos metabólicos a combustión muy tibia.
Tengo ilusión en estos balbuceos
y en esas cosas de la sangre,
pero se extinguirá al fin
la dulzura del fruto que ocupa todo el pecho.
Germinarán otros aromas
Oscilará el oxígeno en otros alveolos.
La llave de la sed otra agua.
Dejamos la inexistencia sin memoria
y entramos de nuevo a ella hacia el olvido.
Me llega fulminante aquel puñal.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Casi, la rosa
la rosa
Socava la estación
—pudre la queja, la tiniebla y el coral melancólico.
Palpita una tierra en declive,
—un desierto de piel extrema.
Late y eso trasciende
para tener un mar soñando arena,
un cántaro de sangre y el fulgor en el cielo.
Pero el río tarda en volver
porque aún el agua es llama
y la sed una lengua seca.
Hace ya mucho tiempo,
cuando tú sonreías, ese río sudaba
y era el color
un estallido en el silencio.
—casi era, la rosa.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Geologías
Detalle de una erupción volcánica
Los continentes yacen de espaldas a nosotros,
su acontecer se agita en las profundidades.
Desde la claror
que lentamente deja la calima
cuando desaparece sobre el mar,
contemplo
esos toscos relieves de bisonte
que parecen fundar
el sueño milenario que el planeta revive,
los enigmas de piedra
que cifran en sus armazones
un relato esencial.
También veo agrietarse la montaña;
su sangre es una ofrenda,
un ígneo disfraz para curtir el rostro;
sus lágrimas son brasa
de ojos inflamados
que ven durante un parpadeo
para luego cegarse...
y morir.
La infinita delgadez de la luz
Escena del film "Un perro andaluz" de Luis Buñuel y Salvador Dalí.
Esa infinita delgadez de la luz,
estampido inminente de luz en el espejo
―mis ojos cierran dos grietas en la cara.
Luz que desangra luz
golpeada de muerte
―luz exangüe en la tarde,
escombro para siempre.
El pájaro se anuda a su color,
a su instante en el aire que fantasea un término
que no está, sólo es vigente en la retina
―pálpito de un cimiento fotográfico.
Ilusión extendida
por una tempestad que recorre el pasado
y al final sedimenta mítica en los recuerdos,
invertida en los sueños.
La eterna creación de luz urgente
―vasta, desperdiciada,
fija en la superficie matinal.
El claror del azul fulgura en el arenal blanco
―mis ojos cierran dos grietas en la cara.
La navaja tangente
en el esguince más profundo del ojo,
al que duele y excita de placeres y asombros.
Luz que desangra luz golpeada de muerte
―luz exangüe en la tarde,
ceniza para siempre.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Padre, que no ceda tu edad
Los atletas cósmicos. Salvador Dalí.
Ancorada, la carne duerme en un reposo frío:
el mar, la inquietud,
los golpes de la tempestad contra los vidrios.
tus ojos de nieve brillante
cuando los faros gimen la humedad del rocío.
−Padre, que no ceda tu edad,
nunca los años tienen
las longitudes invadidas
por los cuerpos que esparcen el sueño de la tierra.
Aquí, en el mar,
la costa se dilata en una piedra imaginaria
o en un silencio ahogado en el agua,
ese número que detiene la leva universal.
−Padre, tus horas inician la embocadura,
quizá alguien bajo desconocidas formas,
atraviese el paisaje
en una fuga íntima,
mar adentro, a golpes desmedidos,
buscando la cartografía absoluta
que fermentó tu corazón.
−Padre, tu polvo asciende
insaciable y se intuye exánime la esfinge
como un completo error.
Su instrumento pronuncia
la extinción de lo inadmisible.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Después de Muerte en Venecia
Escenas finales del film de Luchino Viscontide "Muerte en Venecia".
Está la playa ligeramente iluminada.
Las sombrillas sin viento.
Todo está intacto
y en esfumado balanceo, un barco en lejanía.
El silencio transmite un rostro al océano,
y alguien contempla
como se hincha en la sal su párpado de cobre,
como, en los labios de un muchacho,
desciende una burbuja germinando el oxígeno;
el deseo extravía el anís de la piel
y se endulza la música en su tez encarnada.
Pero también, lento e implacable
se abre un abismo en la tristeza de la arena.
Se abre la voz lastrada de la peste,
la peste
con sus dos manos lívidas
—esos lienzos esféricos al fondo de la muerte.
martes, 8 de noviembre de 2011
La estatua (soneto impuro)
La estatua silenciosa Ariana. Giorgio de Chirico
Estaba el templo en sombras aquel día,
cuando ella palpitando abrió los ojos
como si fuesen dos diamantes rojos,
una mirada intensa, enamorada y fría.
Eran de leche densa, blanco nube,
un delirio de mármol, gris impuro,
los pechos grandes, el semblante duro
de aquella estatua viva; ¡visión! que nunca tuve
Con mis manos quisiera templar el desatino
del crispado arrebato en el silencio yerto,
la alucinada gloria, el pulso repentino.
Preguntaré a la piedra si es el enigma cierto,
si encumbra lo sublime, si concibe un destino
cuando las horas cieguen su cristal más experto.
domingo, 30 de octubre de 2011
Basalto solar
Desnudo. Pére Pruna.
Acaricio la hoguera de tu cuerpo
y adentro de tu vientre embarazado
escucho muy remotos los mares primigenios;
mientras los cromosomas se dividen,
ronda su voz en un susurro:
―nosotros germinamos a los dioses.
La latitud nublada de las aguas
amortigua el clamor
y la vida se extiende
como una gran cortina roja,
donde la mirada gotea ―sumisa y lúcida―
un rocío de círculos disímiles
―cosas de la retina, fábulas,
sueños de la materia.
Una gran ala acoge a todos los misterios
en la proximidad de una distancia
atroz y melancólica:
los nichos de la luz
donde vierten las brasas jóvenes.
Yo sé que en ese ojo de las formas
se expande el muérdago
y yace encandecido el basalto solar
del mineral impuro.
Acaricio la hoguera de tu cuerpo
y adentro de tu vientre embarazado
escucho muy remotos los mares primigenios;
mientras los cromosomas se dividen,
ronda su voz en un susurro:
―nosotros germinamos a los dioses.
La latitud nublada de las aguas
amortigua el clamor
y la vida se extiende
como una gran cortina roja,
donde la mirada gotea ―sumisa y lúcida―
un rocío de círculos disímiles
―cosas de la retina, fábulas,
sueños de la materia.
Una gran ala acoge a todos los misterios
en la proximidad de una distancia
atroz y melancólica:
los nichos de la luz
donde vierten las brasas jóvenes.
Yo sé que en ese ojo de las formas
se expande el muérdago
y yace encandecido el basalto solar
del mineral impuro.
viernes, 28 de octubre de 2011
Las campanas siempre doblan por los vivos
Abrazo de dos ausentes. Eduardo Naranjo
Desde hace tiempo inmemorial
las campanas siempre doblan por los vivos;
los sonidos relatan
la íntima congoja
de una emoción reconstruida
en una mano alta, yerma,
que se abre al azul
exactamente
con la rotundidad arrasadora de un tren de cara.
Desde hace tiempo inmemorial
tengo un labio insaciable
con algunas salivas que otros labios no gozan.
labio que envuelve al mundo
con una precisión que admiro.
Tengo algo interior que anularía cualquier tipo de desastre.
Y sé que sufriré por los campos temblando,
por los montes amurallados más allá del destino.
La conciencia me arrastra con enormes timbales sonando
con cegadores brillos rompiendo.
Los costillares de las olas
convergen sobre peces vagabundos,
sobre la cruz marina
que soporta la trivial carga del porvenir.
Pero mi discutida cabeza resistirá la pérdida.
Resistirá la contrición de una fuga
que haya llegado a su última floración.
Después, de nuevo el Sol
progresará sobre los patios
con esa sonrisa cansada, lenta,
que se empeña en la fe de las calles.
De nuevo, llegará el verano y traerá el mismo aire.
La misma admiración forzosa
implantará los mismo itinerarios:
el almuerzo con chistes,
las espaldas echadas sobre la arena,
las miradas volubles que pronunciarán el final del día,
que dirán que toda excursión después de las muchachas
era un embate clandestino,
una fuerza extendida sobre la tarde
que progresaba sola, erigida
sobre días interminables.
lunes, 17 de octubre de 2011
Hacia el tiempo de Ulises
Aparición. Javier Clavo.
Recuerda el ruido del viento
en el inmenso espacio
de aquellos mundos microscópicos.
Veíamos inmóviles ―colmadas las sienes de música―
lentamente vibrar aquella luz
ardiendo en las raíces
—el bosque inscrito en su ascensión de agua―
mientras, la frente de los pinos
sudaba absorta devorando el aire.
Quizá el vacío sueñe
en la marea azul que mueve el cosmos
volver abrasado despacio,
moribundo crecido en ti.
La exención de mis ojos
no espera la negrura de otro ser,
su osamenta de arena, su tiempo de salitre.
Se colma en esta vida mi pupila.
Y como aquellos montes,
sentir arder las crepitadas carnes
adentro de los huesos,
muy atrás de los años,
en el pulso excitado,
en la piedra perpetua de las horas,
hacia el tiempo de Ulises;
el continuo retorno de la sangre
que se ciñe a la piel arrostrando a los dioses,
―la injuria de sus límites.
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