martes, 10 de febrero de 2015
Xiramundos
The joy of the Village. Marc Chagall
Xira a tarde
e no teu ventre incéndiase.
Xira a voaxa
e o agrume do limoeiro.
Dan voltas os teus ollos verdes
no fol da voces
daquelas mozas amarelas nos seus vestidos apertados.
Xira o verán
sobre as nádegas doutro século.
Xiran e voan
as velas dos navíos, os motores dos ventos
a follaxe da pel... as túas serpentinas.
Dan voltas os tempos dos viños
nos teus labios de améndoa.
Xemen todas as voces
na túa fronte.
Dá voltas
a présa do tocarche
no remol dos meus dedos.
Golpea o afán na beira
das túas coxas.
Xiran os vendavais das almas,
a chuvia toda; todo o xeo.
Xiran as casas
e as súas cousas,
a mansedume do teu nome,
o tigre
do esquecemento.
Xiran os pedras do animal escuro,
as cumes
ao fío das súas navallas.
Dan voltas os padais nos seus ceos de azucre,
as cidades
nos seus gonzos de cinza,
os mares na boca dos peixes.
Xira a rosa solar
desvirgándose polos campos.
Xiran os astros
na súa orixe;
a pira das súas medulas.
Danzan os esqueletos
dos deuses
nesta tarde que se detén á fin,
a cabeza moi cansa
nas sombras aínda quentes.
Versión en castellano
Gira la tarde
y se incendia en tu vientre.
Giran el polvo y la acidez del limonero.
Giran tus ojos verdes
en la celda de las voces
de las muchachas amarillas
en sus vestidos apretados.
Da vueltas el Otoño
sobre las nalgas de otro siglo.
Giran y vuelan las velas en las naves,
el motor de los vientos
las hojas de la piel
… tus serpentinas.
Giran los tiempos de los vinos
en tus labios de almendra.
Gimen todas las voces en tu frente.
Da vueltas la premura de tu tacto
en el rescoldo de mis dedos.
Golpea la pasión al borde de tus muslos.
Giran las casas y sus cosas,
la mansedumbre de tu nombre,
el tigre del olvido.
Giran los vendavales de las almas,
la lluvia toda; todo el hielo.
Dan vueltas los terrenos del animal oscuro,
sus minerales, sus dientes en cuchillo.
Giran los paladares en sus cielos de azúcar,
las ciudad en sus goznes de ceniza,
los mares en la boca de los peces.
Gira la flor solar
y se desvirga por los campos.
Giran los astros en su origen;
la pira de sus médulas.
Danzan los esqueletos de los dioses
en esta tarde que se detiene al fin
y cabecea muy cansada
sobre las sombras aún calientes.
viernes, 30 de enero de 2015
O nacemento da ninfa
La ninfa de la fuente. Lucas Sunder Cranach el Viejo
Primeiro está o lume...
Si, rosean os teus primeiros lumes
no alento das aves que pasan,
e ascende a caixa de música
ao fondo do teu ventre, extraviada.
Despois xorde o illó,
e a auga vai destrenzando as túas cadeiras.
Logo aséntase a mármore
da túa fronte,
e cara a ti achéganse aboiando as palabras
nos teus cabelos despregadas;
as palabras larvarias, espidas de futuro.
Ao final, ábrense os teus ollos,
crisálides de todas as miradas.
Versión en castellano:
Primero está el fuego…
Sí, florecen tus primeros fuegos
en el aliento
de la aves que pasan,
y asciende la caja de música,
al fondo de tu vientre, extraviada.
Después nace la fuente,
y el agua
va destrenzando tus caderas.
Luego se asienta el mármol de tu frente,
y hacia ti arriban
nadando las palabras
en tus cabellos desplegadas,
las palabras larvarias desnudas de futuro.
Finalmente, se abren
tus ojos,
crisálidas de todas las miradas.
domingo, 18 de enero de 2015
Farfállote
Desnudos en la playa. Josep de Togores.
Farfállote
como farfalla o mar area.
Sentíndote
co sentido xunto...
Ensancho as túas cadeiras.
Palpito as túas nádegas.
Digo os teus nefres.
Mareo os teus peitos.
Abismo o teu sexo.
Pérdome na espesura das túas coxas quentes
e concibo os teus límites;
o muro dos nomes prohibidos,
onde comeza
a agridoce memoria
da nada.
Versión en Castellano:
Te balbuceo
como balbucea el mar
arena.
Sintiéndote
con el sentido junto...
Ensancho tus caderas.
Palpito tus nalgas.
Pronuncio tus labios.
Mareo tus pechos.
Abismo tu sexo.
Me pierdo en la espesura de tus muslos calientes
y concibo tus límites,
el muro de los nombres prohibidos;
donde comienza
la agridulce memoria de la nada.
Farfállote
como farfalla o mar area.
Sentíndote
co sentido xunto...
Ensancho as túas cadeiras.
Palpito as túas nádegas.
Digo os teus nefres.
Mareo os teus peitos.
Abismo o teu sexo.
Pérdome na espesura das túas coxas quentes
e concibo os teus límites;
o muro dos nomes prohibidos,
onde comeza
a agridoce memoria
da nada.
Versión en Castellano:
Te balbuceo
como balbucea el mar
arena.
Sintiéndote
con el sentido junto...
Ensancho tus caderas.
Palpito tus nalgas.
Pronuncio tus labios.
Mareo tus pechos.
Abismo tu sexo.
Me pierdo en la espesura de tus muslos calientes
y concibo tus límites,
el muro de los nombres prohibidos;
donde comienza
la agridulce memoria de la nada.
martes, 13 de enero de 2015
Canto verde
Horizonte verde
Pallas de herba nos astros verdes.
A montaña con toda a súa auga
baléirase nun puro canto verde,
nu como os metais, como o vidro
e o seus atavíos de luces musicais.
Cando o canto aparece
móstrase a fermosura
do que se sente
o do que foi sentido
-a terra cos seus vivos e os seus mortos.
Versión en castellano
Briznas de hierba
en las estrellas verdes.
La montaña con toda el agua
se vacía en un puro canto verde,
desnudo como los metales,
como el cristal y su atavío de luces musicales.
Cuando el canto aparece
se muestra la belleza de lo que se siente
o de lo que fue ya sentido
-la tierra con sus vivos y sus muertos.
Pallas de herba nos astros verdes.
A montaña con toda a súa auga
baléirase nun puro canto verde,
nu como os metais, como o vidro
e o seus atavíos de luces musicais.
Cando o canto aparece
móstrase a fermosura
do que se sente
o do que foi sentido
-a terra cos seus vivos e os seus mortos.
Versión en castellano
Briznas de hierba
en las estrellas verdes.
La montaña con toda el agua
se vacía en un puro canto verde,
desnudo como los metales,
como el cristal y su atavío de luces musicales.
Cuando el canto aparece
se muestra la belleza de lo que se siente
o de lo que fue ya sentido
-la tierra con sus vivos y sus muertos.
domingo, 4 de enero de 2015
A sensación
El nacimiento del nuevo mundo. Salvador Dali.
Para crealo todo de novo,
acantoade o ollo, transgredide
sangrando a cicatriz do un.
O mar caeu do ceo.
A Terra ergueuse dos infernos.
O home,
a traxedia e a sensación;
o vermello da cor, a turbación da imaxe.
Na pantalla nocturna
está detido
o relevo dun lóstrego.
Descansa gozoso en se mesmo..
Versión en castellano
Para crearlo todo de nuevo,
aislad el ojo, transgredid
desangrando la cicatriz de lo uno.
El mar cayó del cielo.
La Tierra se encumbró de los infiernos.
El hombre,
la sensación y la tragedia;
el rojo del color, la emoción de la imagen.
En la esfera nocturna
está paralizado
el cuerpo de un relámpago.
Descansa gozoso en sí mismo.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Salamandra
El filósofo. Jesús Guerrero Galván.
Salamandra
te abres como una herida
hablas como una fuente.
Octavio Paz
Sal de madre. Salamandra.
Cuando marchó, la tarde vacilaba
en los ensimismados ventanales.
En su espalda lejana
cicatrizaban
todas las llagas de la ausencia.
Respiro y sueño
el sueño giratorio
del cuerpo coronado, multiplicador
de la lluvia en su piel sudada.
Sal de madre. Salamandra.
Pan de tierra y ceniza
-los cereales de la carne.
Caderas del mar. Pechos altos, llenos,
espesos de espuma solar.
Mil bocas diminutas
tenían las orillas de sus pezones.
Sal de madre. Salamandra.
Salamandra
te abres como una herida
hablas como una fuente.
Octavio Paz
Sal de madre. Salamandra.
Cuando marchó, la tarde vacilaba
en los ensimismados ventanales.
En su espalda lejana
cicatrizaban
todas las llagas de la ausencia.
Respiro y sueño
el sueño giratorio
del cuerpo coronado, multiplicador
de la lluvia en su piel sudada.
Sal de madre. Salamandra.
Pan de tierra y ceniza
-los cereales de la carne.
Caderas del mar. Pechos altos, llenos,
espesos de espuma solar.
Mil bocas diminutas
tenían las orillas de sus pezones.
Sal de madre. Salamandra.
martes, 23 de diciembre de 2014
Chamas
Sin título. Félix Valloton
I
Sentireite
e sempre serás chama mentres viva.
Cando morra
tamén serás a queimadura.
Versión en castellano:
Te sentire
y siempre serás llama mientas viva.
Cuando muera
también serás la quemadura.
II
E eses "nuncas e sempres"
que morren, que se van do nada ao ninguén
polos mares perdidos
¿onde coidan a súa agonía?
Cando chegue o fin, todo,
xa terá sido.
Só quedarán, porcas, lastradas,
as mans da terra, remexendo a cinza
coa cinza doutras cinzas,
sempre na chama redivivas.
Versión en Castellano:
Y esos "nuncas y siempres"
que mueren, que se van de nada a nadie
por los mares perdidos,
¿dónde cuidarán su agonía?
Cuando llegue el fin, todo, ya habrá sido.
Solo quedarán, sucias, escariadas,
las manos de la tierra, revolviendo
la ceniza con la ceniza
de otras cenizas,
siempre en la llama redivivas.
sábado, 20 de diciembre de 2014
El forjador de tierra (Soneto I)
Del blog "Visión Beta"
Serás la tierra joven, humus negro y fecundo.
Germinando a través del ojo de las aves
serás el aparejo que espolea las naves.
Tibio te besará el mistral iracundo.
Un filtro escurrirá de tu signo errabundo,
sugestivo narcótico de centelleos suaves
―el límpido sudor gimiendo en los enclaves
de semillas y vientres que acrecientan el mundo.
Serás el azul índigo de mares de leyenda,
lienzo que nutrirá la ficción de los críos,
el avizor silencio de sus ojos abiertos.
Tu destino será el fin de la contienda,
pero regresarás, canto de los estíos,
en el vapor que sueñan los torrentes inciertos.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Ellos no saben
martes, 9 de diciembre de 2014
Párpados de piedra (soneto en alejandrinos)
Un ojo. Escultura de Manuel Melquisedec.
Ciudades en la bruma, la memoria y la llama,
cumbres de edad perdida, aglutinad la nieve
que en el tiempo se ciega, y es llanto que conmueve
su fluir monte abajo; glaciar de nuestro drama.
Éter de sangre y aves, edén que se derrama.
Todo el abismo es sangre; las aves un relieve
en el aire indecible, un sueño que se bebe.
Magmas de la visión, rotundo panorama.
Navíos de la carne, engrasad las poleas.
Urna del placer, piel del músculo dorado,
esperma fabuloso, tornad vuestras mareas.
Párpados de la piedra, ardientes chimeneas,
revelad sin disfraces bajo un cielo ahogado
la hueste inagotable de inciertas odiseas.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Una mujer desierta (soneto en alejandrinos)
Desnudo acostado. Amadeo Modigliani.
La esencia del sudor de una mujer desierta,
se queda para siempre, como la blanca edad
de los adolescentes; en su complicidad
hay algo que exaspera: una embriaguez incierta,
el denso aire en los ojos, esa piel boquiabierta.
Reluciente, preñado de arrojo y soledad
su vientre es la marea de la necesidad,
donde crece una voz que en un pulso despierta.
Ahora que mis brazos son su cuerpo y sendero,
su jungla turbulenta imagina y enciende
la estrella derrumbada en algún sumidero
de una espiral nocturna, que remontando asciende
al origen perdido de un ávido guerrero,
de su llaga de vida, del placer y su duende.
La esencia del sudor de una mujer desierta,
se queda para siempre, como la blanca edad
de los adolescentes; en su complicidad
hay algo que exaspera: una embriaguez incierta,
el denso aire en los ojos, esa piel boquiabierta.
Reluciente, preñado de arrojo y soledad
su vientre es la marea de la necesidad,
donde crece una voz que en un pulso despierta.
Ahora que mis brazos son su cuerpo y sendero,
su jungla turbulenta imagina y enciende
la estrella derrumbada en algún sumidero
de una espiral nocturna, que remontando asciende
al origen perdido de un ávido guerrero,
de su llaga de vida, del placer y su duende.
martes, 18 de noviembre de 2014
Como la fiebre de una duda auxiliadora
Alegoría del tiempo dominado por la prudencia. Tiziano
En el pecho del dios
entraban las miradas tristes de las mujeres.
Es todo lo que el padre
nos ofrecía:
La aflicción donde apuntalar
la médula de las montañas,
para ir arrostrando la tierra;
viviéndola, extraviándola.
No vigiles el mundo.
Quémalo lentamente a voluntad,
hasta el culto del esplendor
o los desastres de la pena.
Pena que corre el pensamiento
como la fiebre de una duda auxiliadora.
Parece inútil esta luz
en una vastedad
heladamente oscura.
En el pecho del dios
entraban las miradas tristes de las mujeres.
Es todo lo que el padre
nos ofrecía:
La aflicción donde apuntalar
la médula de las montañas,
para ir arrostrando la tierra;
viviéndola, extraviándola.
No vigiles el mundo.
Quémalo lentamente a voluntad,
hasta el culto del esplendor
o los desastres de la pena.
Pena que corre el pensamiento
como la fiebre de una duda auxiliadora.
Parece inútil esta luz
en una vastedad
heladamente oscura.
jueves, 30 de octubre de 2014
Teje la imaginación
Mujer peinándose el cabello. Degas
La imaginación teje y maquina en su pelo
largo como una catarata interminable.
El temblor de sus pechos
¿sería posible atraparlo?
Al despertar,
un profundo calentamiento
recorría su cuello,
una suave blancura
relajaba su cara.
Y su boca llena de flores.
Y su vientre asombrado
donde la luz
templaba el blanco.
Su olor
en los recodos de mi olor.
La imaginación teje y maquina en su pelo
largo como una catarata interminable.
El temblor de sus pechos
¿sería posible atraparlo?
Al despertar,
un profundo calentamiento
recorría su cuello,
una suave blancura
relajaba su cara.
Y su boca llena de flores.
Y su vientre asombrado
donde la luz
templaba el blanco.
Su olor
en los recodos de mi olor.
lunes, 20 de octubre de 2014
Todos los asesinos de abrazan en la muerte
The Menaced assassin. René François Ghislain Magritte.
Por supuesto que nadie
recuerda el mundo
en el espacio donde todo se pierde.
Por supuesto que nadie
recuerda el mundo
ni el desamparo,
allí donde despuntan los huesos de la tierra
y azota un frío que al mirar crepita.
Nosotros extendimos la mano de los apacibles
pero no transigimos la calumnia de los traidores.
Sabed que nadie os mostrará la culpa
ni su corazón
en ruinas.
Nosotros seguiremos el vuelo a la intemperie
de los cuerpos enardecidos
en la hoguera de la presencia.
En el círculo de estos días invernales
la nieve duerme las montañas
y la campana clava su instante perfecto,
en lo que goza o duele.
Pero ya no es la carne el tiempo enamorado.
¡Oh luminarias de ternura
cuando golpean los pedazos del invierno!
Todos los asesinos se abrazan en la muerte.
Por supuesto que nadie
recuerda el mundo
en el espacio donde todo se pierde.
Por supuesto que nadie
recuerda el mundo
ni el desamparo,
allí donde despuntan los huesos de la tierra
y azota un frío que al mirar crepita.
Nosotros extendimos la mano de los apacibles
pero no transigimos la calumnia de los traidores.
Sabed que nadie os mostrará la culpa
ni su corazón
en ruinas.
Nosotros seguiremos el vuelo a la intemperie
de los cuerpos enardecidos
en la hoguera de la presencia.
En el círculo de estos días invernales
la nieve duerme las montañas
y la campana clava su instante perfecto,
en lo que goza o duele.
Pero ya no es la carne el tiempo enamorado.
¡Oh luminarias de ternura
cuando golpean los pedazos del invierno!
Todos los asesinos se abrazan en la muerte.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Chet Baker (Let's Get Lost)
Ofelia se mece como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Arthur Rimbaud
Chet se mece como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostado en sus velos...
cuando tocan a muerte en la ciudad lejana.
Chet y los devaneos de la sombra
tras la ventana.
La trompeta de Chet, la voz de Chet
o la caricia lenta
de un astro solo,
precipitado en su agujero negro.
Toca, canta Chet una herida
de luz extrema.
Chet es el tiempo entre nosotros.
Es un corazón que desanda
sus devastados pasos.
Chet se empoza en el barro
porque sabe que los dioses
son instantáneos,
que las sensaciones tocadas
son el oro en el humo,
que en todas las drogas, el sueño
asciende al mar
tras el azul.
Más que creer,
tocar ayuda a morir.
Chet no cree en los premios del cielo
ni en los desastres noche adentro.
Es la memoria
acariciando
unos ojos enteros.
Él sabe que el tiempo es la guerra,
que una trompeta siempre pule
el fulgor de las cosas
recién creadas,
que sus fuentes vacían
los soplos de un alma
que pasa.
Chet y los devaneos de la sombra tras la ventana.
El gran trompetista de jazz, Chet Baker, murió en 1988 cuando se precipitó por la ventana de un hotel en Amsterdam.
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Arthur Rimbaud
Chet se mece como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostado en sus velos...
cuando tocan a muerte en la ciudad lejana.
Chet y los devaneos de la sombra
tras la ventana.
La trompeta de Chet, la voz de Chet
o la caricia lenta
de un astro solo,
precipitado en su agujero negro.
Toca, canta Chet una herida
de luz extrema.
Chet es el tiempo entre nosotros.
Es un corazón que desanda
sus devastados pasos.
Chet se empoza en el barro
porque sabe que los dioses
son instantáneos,
que las sensaciones tocadas
son el oro en el humo,
que en todas las drogas, el sueño
asciende al mar
tras el azul.
Más que creer,
tocar ayuda a morir.
Chet no cree en los premios del cielo
ni en los desastres noche adentro.
Es la memoria
acariciando
unos ojos enteros.
Él sabe que el tiempo es la guerra,
que una trompeta siempre pule
el fulgor de las cosas
recién creadas,
que sus fuentes vacían
los soplos de un alma
que pasa.
Chet y los devaneos de la sombra tras la ventana.
El gran trompetista de jazz, Chet Baker, murió en 1988 cuando se precipitó por la ventana de un hotel en Amsterdam.
domingo, 7 de septiembre de 2014
El mar y el dios
Profundidad marina
El mar y el dios
a veces
dan pena, tan inhóspitos
en su oscura profundidad.
También es despiadada
la vigilia de un hombre solo
—El ángel que se incendia
hasta convertirse en un viento
revuelto y seco
que va esculpiendo
los rizos de la tierra.
Somos el reflejo de un sueño
—la ofrenda ajada
en el oro del canto.
El mar y el dios
a veces
dan pena, tan inhóspitos
en su oscura profundidad.
También es despiadada
la vigilia de un hombre solo
—El ángel que se incendia
hasta convertirse en un viento
revuelto y seco
que va esculpiendo
los rizos de la tierra.
Somos el reflejo de un sueño
—la ofrenda ajada
en el oro del canto.
viernes, 5 de septiembre de 2014
La lámpara roja
Two Models on a Kilim Rug with Mirror. Philip Pearlstein
Ella siempre mostraba
los coágulos nevados de su sexo,
el recelo nervioso en el que sumergíamos
nuestros melocotones más brillantes.
Cuando su piel rosada lo recubría todo,
entrábamos en éxtasis;
sentíamos, volviendo hacia atrás,
siempre marchitos, los mismos sentimientos.
También mostraba sus brazos desnudos
con una exuberancia de perfumes
que la encumbraban más allá de las cortinas,
excitando los lienzos
de la pared, las mesas, la habitación entera
y el inapelable arrebato de su humedad.
La bocanada femenina
afloraba por las ventanas
y se impregnaba
en las esquinas de las calles,
en los portales de las casas,
en el rocío de los árboles,
en los propios cimientos de la tarde.
Entonces golpeábamos en los amores propios,
los más impropios de todos los amores,
mientras unas garras pacíficas
destrozaban nuestra razón.
Al final se encendía una lámpara roja
que lo envolvía todo en un humo sanguinolento.
sábado, 28 de junio de 2014
Muerte en Noviembre
Geogre Dyer. Francis Bacon.
Allí sentí
la gran estafa de la vida,
cuando empecé a vivir la muerte de mi padre.
Era el tiempo de hurgar, de cachear el tiempo,
y yo lo veía llegar
en la marcha rastrera de una serpiente colorada.
Era un desasosiego antiguo
que retumbaba en las ventanas
tras el látigo de las ramas,
como en los viejos tiempos
cuando el miedo se descubría
en los ojos sombríos de los perros.
Sí, fue allí que sentí el chantaje
de la vida, en los silencios
de sus mandíbulas al dislocarse,
en los sonidos que miraba
a través de su cráneo transparente,
y en el quieto vacío de la boca
con la mota de polvo que flotaba,
una contemplación que borró el llanto
y todas las palabras,
como si entrase de repente en la estancia
la luz oscura
de los tulipanes negros de Holanda.
Yo sabía que contemplaba
la otra orilla, que venía a mí
como un mirlo a las manos.
Allí sentí
la gran estafa de la vida,
cuando empecé a vivir la muerte de mi padre.
Era el tiempo de hurgar, de cachear el tiempo,
y yo lo veía llegar
en la marcha rastrera de una serpiente colorada.
Era un desasosiego antiguo
que retumbaba en las ventanas
tras el látigo de las ramas,
como en los viejos tiempos
cuando el miedo se descubría
en los ojos sombríos de los perros.
Sí, fue allí que sentí el chantaje
de la vida, en los silencios
de sus mandíbulas al dislocarse,
en los sonidos que miraba
a través de su cráneo transparente,
y en el quieto vacío de la boca
con la mota de polvo que flotaba,
una contemplación que borró el llanto
y todas las palabras,
como si entrase de repente en la estancia
la luz oscura
de los tulipanes negros de Holanda.
Yo sabía que contemplaba
la otra orilla, que venía a mí
como un mirlo a las manos.
viernes, 13 de junio de 2014
Dúas máscaras de neno
Fotografía de Xaime Oroza
Estou a comezar un canto
mentres ti terás que rimar
o silencio que esvara entre as palabras:
Dúas máscaras de neno
entregadas ao Sol,
alburgaban a nosa infancia.
Naquelas idades, na tarde,
as estrelas caían nos piñeiros,
e os seus brillos quedaban
nuns ollos vellos
que non os vían
pero si os douraban.
Alí tamén están as túas mans;
as palmas diminutas aínda abertas
aos miolos da hora
que sempre enlean
as ramas roibas,
e mesmo as sombras pálidas.
Miro ao pasado, e non está;
miro adiante
e o reverbero non me deixa ver.
Miro onde estou, e alí son;
existo na onda verde
que nace
do manancial mariño;
esa escuma que nos azorra.
Sairá a imaxe do pensamento?
Regresará o reflexo ao corpo
do espello?
Eu son como unha ponte
con toda a súa pedra derramada,
e quero
levar os ollos ben ao fondo, á conciencia
dun centro.
Pero os meus versos
van ao centro da nada.
Non teño
as palabras para buscar,
para dicir as cicatrices
da auga.
Aínda que...
Realmente, hai algo que dicir?
Versión en castellano
Estoy a punto de iniciar un canto
mientras tú tendrás que ritmar
el silencio entre las palabras:
Dos máscaras de niño
entregadas al Sol,
imaginaban nuestra infancia.
En aquellas edades, a la tarde,
las estrellas caían en los pinos
y allí, sus brillos se quedaban
en unos ojos viejos que no los veían
pero sí los doraban.
Allí también están tus manos,
las palmas diminutas aun abiertas
a esas sustancias de la hora
que siempre enredan
las ramas rojizas, incluso
las sombras blanquecinas.
Miro al pasado y ya no está.
Miro adelante
y el resol no me deja ver.
Miro donde estoy, y allí soy;
existo en la ola verde que se engendra
del manantial marino;
esa espuma que nos lleva.
¿Saldrá el pensamiento del pensamiento?
¿Regresará el reflejo al cuerpo del espejo?
Yo soy
como puente con toda su piedra derramada
y quiero
llevar los ojos bien al fondo, a la conciencia
de un centro.
Pero mis versos van al centro de la nada.
No tengo las palabras
para buscar,
para decir las cicatrices
del agua.
Aunque…
¿Realmente, hay algo qué decir?
Estou a comezar un canto
mentres ti terás que rimar
o silencio que esvara entre as palabras:
Dúas máscaras de neno
entregadas ao Sol,
alburgaban a nosa infancia.
Naquelas idades, na tarde,
as estrelas caían nos piñeiros,
e os seus brillos quedaban
nuns ollos vellos
que non os vían
pero si os douraban.
Alí tamén están as túas mans;
as palmas diminutas aínda abertas
aos miolos da hora
que sempre enlean
as ramas roibas,
e mesmo as sombras pálidas.
Miro ao pasado, e non está;
miro adiante
e o reverbero non me deixa ver.
Miro onde estou, e alí son;
existo na onda verde
que nace
do manancial mariño;
esa escuma que nos azorra.
Sairá a imaxe do pensamento?
Regresará o reflexo ao corpo
do espello?
Eu son como unha ponte
con toda a súa pedra derramada,
e quero
levar os ollos ben ao fondo, á conciencia
dun centro.
Pero os meus versos
van ao centro da nada.
Non teño
as palabras para buscar,
para dicir as cicatrices
da auga.
Aínda que...
Realmente, hai algo que dicir?
Versión en castellano
Estoy a punto de iniciar un canto
mientras tú tendrás que ritmar
el silencio entre las palabras:
Dos máscaras de niño
entregadas al Sol,
imaginaban nuestra infancia.
En aquellas edades, a la tarde,
las estrellas caían en los pinos
y allí, sus brillos se quedaban
en unos ojos viejos que no los veían
pero sí los doraban.
Allí también están tus manos,
las palmas diminutas aun abiertas
a esas sustancias de la hora
que siempre enredan
las ramas rojizas, incluso
las sombras blanquecinas.
Miro al pasado y ya no está.
Miro adelante
y el resol no me deja ver.
Miro donde estoy, y allí soy;
existo en la ola verde que se engendra
del manantial marino;
esa espuma que nos lleva.
¿Saldrá el pensamiento del pensamiento?
¿Regresará el reflejo al cuerpo del espejo?
Yo soy
como puente con toda su piedra derramada
y quiero
llevar los ojos bien al fondo, a la conciencia
de un centro.
Pero mis versos van al centro de la nada.
No tengo las palabras
para buscar,
para decir las cicatrices
del agua.
Aunque…
¿Realmente, hay algo qué decir?
domingo, 1 de junio de 2014
En tu compañía
El amor. Javier Clavo
¿Desnudan las ventanas toda la oscuridad?
¿Es posible que una luciérnaga
muerta
extinga una tarde entera?
¿Es posible que un cuchillo
desangre
las arenas de una playa?
En un gesto posible, los límites
pueden acorralar
a las abejas del martirio.
Pero nada me importa,
porque siempre serán
míos el pensamiento y la naturaleza
sentimentales.
Siempre seremos,
en tu compañía, los mismos
que ya no somos, y en el desánimo,
donde aparecen
los huesos de la vida.
Sí, en tu compañía un instante cualquiera
podría desaparecer.
¿Es posible que una luciérnaga
muerta
extinga una tarde entera?
¿Es posible que un cuchillo
desangre
las arenas de una playa?
En un gesto posible, los límites
pueden acorralar
a las abejas del martirio.
Pero nada me importa,
porque siempre serán
míos el pensamiento y la naturaleza
sentimentales.
Siempre seremos,
en tu compañía, los mismos
que ya no somos, y en el desánimo,
donde aparecen
los huesos de la vida.
Sí, en tu compañía un instante cualquiera
podría desaparecer.
domingo, 25 de mayo de 2014
Como los postes en las ventanas de los trenes
Railroad Sunset. Edward Hopper
Pronuncia
con el suave vapor de tus palabras
todos los muertos que te habiten,
todas las resucitaciones.
Pronuncia, pretendiendo,
la barahúnda de las horas.
Allí, en la espuma de tus ojos,
he visto el pasado
alejarse y volver como los postes
en las ventanas de los trenes.
Ven, ya puedes acariciar
el cuero de los renacidos,
allí, donde los cobres de la tarde
sangran el soplo de los pájaros;
allí, donde estalla la cólera
y crecen las pasiones, donde los cuchillos
se hunden en los cielos
dejando una luz derramada
que es apertura y expansión del juego.
Arrojas tus llantos a la nieve
y de ellos brota una flor helada
¡Que venga la gran extensión!
¡Que entre la harina helada de los tiempos,
su potencial alimentario!
Ya es hora de beber en la memoria
y escombrar la ceniza del olvido.
Medita y agrupa los ruidos
del corazón.
Amarra los navíos
al cielo
de esos cristales que se escapan.
Pronuncia
con el suave vapor de tus palabras
todos los muertos que te habiten,
todas las resucitaciones.
Pronuncia, pretendiendo,
la barahúnda de las horas.
Allí, en la espuma de tus ojos,
he visto el pasado
alejarse y volver como los postes
en las ventanas de los trenes.
Ven, ya puedes acariciar
el cuero de los renacidos,
allí, donde los cobres de la tarde
sangran el soplo de los pájaros;
allí, donde estalla la cólera
y crecen las pasiones, donde los cuchillos
se hunden en los cielos
dejando una luz derramada
que es apertura y expansión del juego.
Arrojas tus llantos a la nieve
y de ellos brota una flor helada
¡Que venga la gran extensión!
¡Que entre la harina helada de los tiempos,
su potencial alimentario!
Ya es hora de beber en la memoria
y escombrar la ceniza del olvido.
Medita y agrupa los ruidos
del corazón.
Amarra los navíos
al cielo
de esos cristales que se escapan.
lunes, 19 de mayo de 2014
Y en la orilla los buitres (Décimas)
Buitres esperando
La ceniza que olvidaste
en las horas que disgrego
de aquel navío de fuego
es ya humareda y desgaste
en la espuma del sosiego.
Sientes ahora los fríos
encubiertos, los salitres
intangibles, sus dos ríos
paralelos y vacíos...
y en la orilla los buitres
que volvieron del oeste,
silenciosos y apagados,
con sus cuellos agachados,
invisibles tras la peste
pero siempre demasiados
en el camino fugaz
de los años abolidos,
en la ilusión incapaz
tras el taimado disfraz
de los nuevos sin sentidos.
La ceniza que olvidaste
en las horas que disgrego
de aquel navío de fuego
es ya humareda y desgaste
en la espuma del sosiego.
Sientes ahora los fríos
encubiertos, los salitres
intangibles, sus dos ríos
paralelos y vacíos...
y en la orilla los buitres
que volvieron del oeste,
silenciosos y apagados,
con sus cuellos agachados,
invisibles tras la peste
pero siempre demasiados
en el camino fugaz
de los años abolidos,
en la ilusión incapaz
tras el taimado disfraz
de los nuevos sin sentidos.
jueves, 15 de mayo de 2014
Corbain tras los arbustos espinosos
Calle nocturna
Aire y silencio
formaban una bolsa transparente
que encerraba las luces, piedras y sombras de la plaza.
Corbain yacía al borde de la noche,
sus grandes manos
parecían dos aspas blancas,
alargadas y tétricas,
en una penumbra escondidas
tras la ligera claridad de los arbustos espinosos.
Tres veces exclamó Corbain su nombre
en el olvido de las calles.
Tres veces retemblaron
los labios tiesos del insomnio
revueltos en la hierba,
rajando el hambre
de su hirviente sensualidad.
Tres veces destellaron la ciudad y sus ratas,
allí donde las calles abrían sus cadáveres.
Aire y silencio
formaban una bolsa transparente
que encerraba las luces, piedras y sombras de la plaza.
Corbain yacía al borde de la noche,
sus grandes manos
parecían dos aspas blancas,
alargadas y tétricas,
en una penumbra escondidas
tras la ligera claridad de los arbustos espinosos.
Tres veces exclamó Corbain su nombre
en el olvido de las calles.
Tres veces retemblaron
los labios tiesos del insomnio
revueltos en la hierba,
rajando el hambre
de su hirviente sensualidad.
Tres veces destellaron la ciudad y sus ratas,
allí donde las calles abrían sus cadáveres.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Remos altos
Il faro. Carlo Carra
Campos de lo que hubo no habido
Juan Gelman
El día surge
parecido a un navío deslumbrante;
los remos altos avanzando
por los perturbadores túneles del alba.
Y a ti te arrastran las mareas
del mar abierto a todas las escuadras.
Tu deriva persigue
el encuentro sin cuerpo con la vida,
y serán hermosos los olvidos,
sin figuraciones apenas,
como estrellas
que se apagan
con los dedos.
Lo insoportable es
no vivir el futuro que pudiste ser,
y exánimes,
rendir
las horas por crecer.
¡Ah...
estirpe de lo que no fue!
Qué desastre este torbellino
azotando los barcos
que después ya ni son
el agua que espumaron.
Qué sórdido momento,
este que detiene la carne,
que se amplía y amplía
inmóvil;
impermeable a un tiempo
que ya no has visto transitar.
viernes, 2 de mayo de 2014
Sólo un pensamiento necesario
Arquitecturas IV. Ángel Urquijo.
De este lado estoy yo,
del otro, tú, el tiempo
y su revelación.
Ciego, sin entenderlas,
sumerjo las horas en ti.
No puedo
con todo este aire indiscutible
y con los años siempre
a punto de caer.
Levanta la montaña y pronuncia sus cumbres.
Pronuncia también todos los pájaros que veas,
que luego en mí tendrán que remontar.
Y no te preocupes,
porque al final también será ceniza
todo lo que pensé contra la muerte;
allá en el frío,
tus manos asirán arena y corazas vacías,
pero serán
eternamente acariciadas.
En el tiempo que huye
hay un territorio de sombra
en donde el miedo
es sólo un pensamiento necesario.
De este lado estoy yo,
del otro, tú, el tiempo
y su revelación.
Ciego, sin entenderlas,
sumerjo las horas en ti.
No puedo
con todo este aire indiscutible
y con los años siempre
a punto de caer.
Levanta la montaña y pronuncia sus cumbres.
Pronuncia también todos los pájaros que veas,
que luego en mí tendrán que remontar.
Y no te preocupes,
porque al final también será ceniza
todo lo que pensé contra la muerte;
allá en el frío,
tus manos asirán arena y corazas vacías,
pero serán
eternamente acariciadas.
En el tiempo que huye
hay un territorio de sombra
en donde el miedo
es sólo un pensamiento necesario.
domingo, 27 de abril de 2014
Yo voy sintiendo el mundo
East River from the Shelton-2. Georgia O´keeffe
Yo voy sintiendo el mundo
musitando los pasos
mientras cicatrizan los lirios,
y baja de la lengua a mis pulmones
una ola de miel amarga
diluida en los cuerpos rotos de las abejas,
por eso
continuamente escupo alas de insecto
y el aguijón
de un veneno rendido fácilmente.
Yo voy sintiendo
el amor, empujando
con las manos en la luna,
arrastrando a la pleamar
la espuma de tus pechos blancos.
Cuando estoy abatido
saqueo las ciruelas de la sombra
y acaricio el ruido de las playas,
trepidando en la arena
con una turbación fascinadora.
Yo voy sintiendo el mundo
musitando los pasos
mientras cicatrizan los lirios,
y baja de la lengua a mis pulmones
una ola de miel amarga
diluida en los cuerpos rotos de las abejas,
por eso
continuamente escupo alas de insecto
y el aguijón
de un veneno rendido fácilmente.
Yo voy sintiendo
el amor, empujando
con las manos en la luna,
arrastrando a la pleamar
la espuma de tus pechos blancos.
Cuando estoy abatido
saqueo las ciruelas de la sombra
y acaricio el ruido de las playas,
trepidando en la arena
con una turbación fascinadora.
lunes, 21 de abril de 2014
¿Se encontrarán los invisibles?
El rumor del tiempo. Guillermo Pérez Villalta
Hacia el oeste
se disipan los días y gotean los pleitos
de la crueldad.
Es la insaciable ruta de las horas
procurando los bronces
de sus remordimientos,
mientras la espuma arrastra los cadáveres
y los traidores vuelven a la tierra.
¡Acércame los lirios
del llanto
en el pálido sueño de los muertos!
¿Se encontrarán los invisibles
en el estrépito de los aullidos?
El plazo se consume en una cifra oscura
tras un perenne cántico de vida.
Esperanza en la hierba.
Esperanza en el agua.
Esperanza en la madre
existiendo en nosotros
como un culto.
Desenvaina los ojos
para acariciar en su filo
el melancólico suceso
del tiempo de los hombres,
mientras su humo
hunde el cielo con un asma de plomo.
Hacia el oeste
se disipan los días y gotean los pleitos
de la crueldad.
Es la insaciable ruta de las horas
procurando los bronces
de sus remordimientos,
mientras la espuma arrastra los cadáveres
y los traidores vuelven a la tierra.
¡Acércame los lirios
del llanto
en el pálido sueño de los muertos!
¿Se encontrarán los invisibles
en el estrépito de los aullidos?
El plazo se consume en una cifra oscura
tras un perenne cántico de vida.
Esperanza en la hierba.
Esperanza en el agua.
Esperanza en la madre
existiendo en nosotros
como un culto.
Desenvaina los ojos
para acariciar en su filo
el melancólico suceso
del tiempo de los hombres,
mientras su humo
hunde el cielo con un asma de plomo.
lunes, 14 de abril de 2014
Nosotros somos Corbain
Autorretrato. Henri Matisse.
Por qué andas buscando entre cristales rotos
preguntas anacrónicas
sobre el destino
o la muerte;
nosotros
siempre tuvimos claro
que un ave
podría generar el cielo.
Cuando tú
todavía apenas no eras,
los astros te habitaban
como bolas de fuego,
escasas de signo viables.
Nosotros navegábamos
lo fabuloso
dentro de tu pecho vacío.
Nosotros somos Corbain
y venimos en nombre de los vivos
porque somos de vida,
porque somos la palabra que sueña
dentro del laberinto interminable
de la división celular.
Nosotros arrancamos las raíces al aire
para que cualquiera consiga descifrarlas;
descifrar por ejemplo:
En la brisa temprana,
se izaban ondulando
horrorosas banderas
como si fuesen
las pieles todavía frescas
de hombres
recién asesinados.
Nosotros nunca compartimos
los gatos categóricos y los tiburones automáticos;
siempre deseamos
hombres de muertes diminutas
y de orden más libre;
un orden inestable
inmediato al desorden creativo.
Por qué andas buscando entre cristales rotos
preguntas anacrónicas
sobre el destino
o la muerte;
nosotros
siempre tuvimos claro
que un ave
podría generar el cielo.
Cuando tú
todavía apenas no eras,
los astros te habitaban
como bolas de fuego,
escasas de signo viables.
Nosotros navegábamos
lo fabuloso
dentro de tu pecho vacío.
Nosotros somos Corbain
y venimos en nombre de los vivos
porque somos de vida,
porque somos la palabra que sueña
dentro del laberinto interminable
de la división celular.
Nosotros arrancamos las raíces al aire
para que cualquiera consiga descifrarlas;
descifrar por ejemplo:
En la brisa temprana,
se izaban ondulando
horrorosas banderas
como si fuesen
las pieles todavía frescas
de hombres
recién asesinados.
Nosotros nunca compartimos
los gatos categóricos y los tiburones automáticos;
siempre deseamos
hombres de muertes diminutas
y de orden más libre;
un orden inestable
inmediato al desorden creativo.
lunes, 24 de marzo de 2014
Las páginas del agua
Agua. Gilles Aillaud.
Un relámpago oblicuo
cuya duración era exacta a la memoria;
las páginas de agua de tus años,
la puerta de la vida, la caída a lo visible,
los signos y las cifras, cuáles y cuántos son
los fuegos que se apagan,
lo sombra alzada
en la espuma de la ceniza.
La memoria, las páginas de agua de tus años
como charcos abandonados
que disipan gozo y miseria.
Muero cuando no puedo recordar el aire
difundido a la transparencia,
que de forma a carácter se destruye.
No corazón
sino sus tramos sucediéndose
en el tiempo de la serpiente interminable
ondulando la edad de sus anillos, la emergencia
de entender lo remoto
en el comienzo de un cuchillo o al final de un diámetro.
Lo indecible que envuelve la distancia inmediata
a un semblante cerrado.
Una avidez apresurada
como unos pechos que se llenan.
O la paz del castigo
al sol de todas las batallas.
Luego vendrá el espacio donde todo gira,
esparce y se fecunda
para que la eternidad ciña
tu semblante irreconocible.
Un relámpago oblicuo
cuya duración era exacta a la memoria;
las páginas de agua de tus años,
la puerta de la vida, la caída a lo visible,
los signos y las cifras, cuáles y cuántos son
los fuegos que se apagan,
lo sombra alzada
en la espuma de la ceniza.
La memoria, las páginas de agua de tus años
como charcos abandonados
que disipan gozo y miseria.
Muero cuando no puedo recordar el aire
difundido a la transparencia,
que de forma a carácter se destruye.
No corazón
sino sus tramos sucediéndose
en el tiempo de la serpiente interminable
ondulando la edad de sus anillos, la emergencia
de entender lo remoto
en el comienzo de un cuchillo o al final de un diámetro.
Lo indecible que envuelve la distancia inmediata
a un semblante cerrado.
Una avidez apresurada
como unos pechos que se llenan.
O la paz del castigo
al sol de todas las batallas.
Luego vendrá el espacio donde todo gira,
esparce y se fecunda
para que la eternidad ciña
tu semblante irreconocible.
miércoles, 12 de marzo de 2014
¿Me das tu palabra?
Primavera necrófila. Salvador Dalí
¿Me das tu palabra?
¿Por qué nunca me llega?
¿Me das tu palabra…
… Tu palabra, tu verso?
¿Me das tu verso?
¿Por qué nunca me llegan?
Tu palabra, tu verso
son la gran esperanza de lo vivo,
con sus radiantes hojas de frescas lágrimas
que en el agua refluyen
de la nada a lo uno.
Fíjate en las presencias,
en los fotosintéticos perfiles
que orgullosos se extienden en las flores,
como si fuesen templos
de la sensualidad.
Fíjate en las presencias,
en el vago instinto del viento,
en su fulgor horizontal
que nunca pasa y queda quieto
entre losas de piedra,
que son la conclusión del canto.
Su resplandor fosilizado reverbera
en la mirada rubia de la sombra.
Yo he venido a desclavar las manos
del embrión de las horas,
pues es normal que tú defiendas todo lo que pasa
y que el sol ilumina,
incluso las propicias arrugas de los perdedores,
todos sus plazos arrollados
en el desvaído
rojo del vértigo.
Por eso, dame tu palabra,
dame tu verso.
¿Por qué nunca me llegan?
¿Me das tu palabra?
¿Por qué nunca me llega?
¿Me das tu palabra…
… Tu palabra, tu verso?
¿Me das tu verso?
¿Por qué nunca me llegan?
Tu palabra, tu verso
son la gran esperanza de lo vivo,
con sus radiantes hojas de frescas lágrimas
que en el agua refluyen
de la nada a lo uno.
Fíjate en las presencias,
en los fotosintéticos perfiles
que orgullosos se extienden en las flores,
como si fuesen templos
de la sensualidad.
Fíjate en las presencias,
en el vago instinto del viento,
en su fulgor horizontal
que nunca pasa y queda quieto
entre losas de piedra,
que son la conclusión del canto.
Su resplandor fosilizado reverbera
en la mirada rubia de la sombra.
Yo he venido a desclavar las manos
del embrión de las horas,
pues es normal que tú defiendas todo lo que pasa
y que el sol ilumina,
incluso las propicias arrugas de los perdedores,
todos sus plazos arrollados
en el desvaído
rojo del vértigo.
Por eso, dame tu palabra,
dame tu verso.
¿Por qué nunca me llegan?
miércoles, 19 de febrero de 2014
Mis manos se convierten en dos ataúdes de silencio
Ofelia. Jacinta Gil Roncalés
Su vestido quedó tirado en la ribera, pero su cuerpo, disuelto rápidamente,
se perdió entre piedras y lodo.
Se reintegró en su estrato correspondiente, como un detrito más
del sueño geológico del planeta.
Mucho tiempo después, cuando el agua se evaporó,
la divisé de nuevo, en esas formas caprichosas que las nubes moldean.
Sí, todo en ella fue apariencia.
Aparentaba un cuerpo que al moverse
parecía seducir otros cuerpos
imaginarios.
Creo que aquella escena
imborrable ocurrió en la Sierra de Lobos.
La noche estaba enferma y las parejas del amor yacían pudriéndose
en las hamacas.
Muy adentro del bosque, mirando fijamente las hojas caídas
pero sin asumir la nieve muerta,
escrutábamos nuestra perversidad.
Desde su desaparición, yo fabrico mis propios días o vivo los que están ya hechos,
que son los más inesperados.
Éramos muy felices,
porque cuando nos besábamos poníamos alfileres en los labios.
Al recordarla,
mis lágrimas se precipitan desde un ruido ensordecedor
y mis manos se convierten en dos ataúdes de silencio.
A la tarde, en las playas, sus caderas siempre ciegas y balbucientes,
aun quedan dibujadas en la arena cuando descansa el viento al mediodía.
La imagen de sus chanclas vacías y sus gafas de sol tiradas en el suelo
abren en mí una sensación de abandono quieto e irrecuperable.
Son objetos vivaces con un alma extraplana,
indiferentes a la salvación eterna.
Vengas con las grandes hojas de la sed.
Vengas con la muerte
mar adentro,
con una nube de frío,
con las orillas de sombra
o de lluvia,
jamás la seda parda de la tierra curará la herida de tu tiempo.
Su vestido quedó tirado en la ribera, pero su cuerpo, disuelto rápidamente,
se perdió entre piedras y lodo.
Se reintegró en su estrato correspondiente, como un detrito más
del sueño geológico del planeta.
Mucho tiempo después, cuando el agua se evaporó,
la divisé de nuevo, en esas formas caprichosas que las nubes moldean.
Sí, todo en ella fue apariencia.
Aparentaba un cuerpo que al moverse
parecía seducir otros cuerpos
imaginarios.
Creo que aquella escena
imborrable ocurrió en la Sierra de Lobos.
La noche estaba enferma y las parejas del amor yacían pudriéndose
en las hamacas.
Muy adentro del bosque, mirando fijamente las hojas caídas
pero sin asumir la nieve muerta,
escrutábamos nuestra perversidad.
Desde su desaparición, yo fabrico mis propios días o vivo los que están ya hechos,
que son los más inesperados.
Éramos muy felices,
porque cuando nos besábamos poníamos alfileres en los labios.
Al recordarla,
mis lágrimas se precipitan desde un ruido ensordecedor
y mis manos se convierten en dos ataúdes de silencio.
A la tarde, en las playas, sus caderas siempre ciegas y balbucientes,
aun quedan dibujadas en la arena cuando descansa el viento al mediodía.
La imagen de sus chanclas vacías y sus gafas de sol tiradas en el suelo
abren en mí una sensación de abandono quieto e irrecuperable.
Son objetos vivaces con un alma extraplana,
indiferentes a la salvación eterna.
Vengas con las grandes hojas de la sed.
Vengas con la muerte
mar adentro,
con una nube de frío,
con las orillas de sombra
o de lluvia,
jamás la seda parda de la tierra curará la herida de tu tiempo.
martes, 11 de febrero de 2014
Despois de Alberto Caeiro
Fernando Pessoa
"Abonda existir para ser completo"
Alberto Caeiro (Alberto Caeiro é un dos heterónimos de Fernando Pessoa)
O que me fai perseverar e devecer no estar
é a docilidade que demostro aos sentidos.
Que máis require a terra
senón premela, parda,
barnada,
prestixiar nela o humus venerado?
Que máis demanda o bosque de loureiro
senón a intensa inhalación
a fragrancia de resina pura?
Que máis cobiza o aire
senón iniciar
as ás que o empreñen?
Que máis reclama o mar dun rostro
senón expirar nel?
As cousas piden
nada máis intuílas,
no reclaman explicación.
Versión en castellano
Lo que me hace persistir
y pretender en el estar
es la obediencia
que tengo a los sentidos.
Qué más pide la tierra
sino tocarla, parda, anegada,
y exaltar el humus sagrado.
Qué más demanda el bosque de laurel
sino una inspiración recóndita
de fragancia y resina puras.
Qué más codicia el aire
sino iniciar las alas que lo empreñen.
Qué más requiere el mar de un rostro
sino expirar en él..
Las cosas piden
nada más intuirlas
no reclaman explicación.
"Abonda existir para ser completo"
Alberto Caeiro (Alberto Caeiro é un dos heterónimos de Fernando Pessoa)
O que me fai perseverar e devecer no estar
é a docilidade que demostro aos sentidos.
Que máis require a terra
senón premela, parda,
barnada,
prestixiar nela o humus venerado?
Que máis demanda o bosque de loureiro
senón a intensa inhalación
a fragrancia de resina pura?
Que máis cobiza o aire
senón iniciar
as ás que o empreñen?
Que máis reclama o mar dun rostro
senón expirar nel?
As cousas piden
nada máis intuílas,
no reclaman explicación.
Versión en castellano
Lo que me hace persistir
y pretender en el estar
es la obediencia
que tengo a los sentidos.
Qué más pide la tierra
sino tocarla, parda, anegada,
y exaltar el humus sagrado.
Qué más demanda el bosque de laurel
sino una inspiración recóndita
de fragancia y resina puras.
Qué más codicia el aire
sino iniciar las alas que lo empreñen.
Qué más requiere el mar de un rostro
sino expirar en él..
Las cosas piden
nada más intuirlas
no reclaman explicación.
sábado, 8 de febrero de 2014
Nieve (II)
Winter. Jasper Johns
Cae la nieve...
Sobre todos los vivos, y los muertos.
James Joyce. "Los muertos"
Desciende la nieve
al fondo de los bueyes meditando
y al final de aquel tigre en la sombra,
detenido en un rubio
dulzor de sordo trago.
Desciende la nieve
sobre los faraones
soñando los sarcófagos infalibles,
sobre los dioses
a punto de fundirse en los cauces de piedra.
Desciende la nieve
mientras caen también
las palabras al suelo
de lugares inesperados;
quietos como una madre
recién nacida o vagamente melancólica.
Desciende la nieve
mientras los péndulos esfuerzan
el compás de la vida
Cae la nieve...
Sobre todos los vivos, y los muertos.
James Joyce. "Los muertos"
Desciende la nieve
al fondo de los bueyes meditando
y al final de aquel tigre en la sombra,
detenido en un rubio
dulzor de sordo trago.
Desciende la nieve
sobre los faraones
soñando los sarcófagos infalibles,
sobre los dioses
a punto de fundirse en los cauces de piedra.
Desciende la nieve
mientras caen también
las palabras al suelo
de lugares inesperados;
quietos como una madre
recién nacida o vagamente melancólica.
Desciende la nieve
mientras los péndulos esfuerzan
el compás de la vida
lunes, 27 de enero de 2014
Te realizaré
Atardecer. Víctor Bueno Carro
Con óleos antiguos ungiré tu sexo.
Te realizaré
con la carne de una guitarra, con la extensión
de un mar de manos.
Quebrando un vientre
así se armonizó
mi dicha, tu vientre empreñado
donde madura el dios;
la idea de una estrella,
juramento que duele como tierra que pasa.
Estábamos a solas,
como en el alto deambular
de los pájaros. De repente,
al fondo de la tarde,
en su casi palpable oscuridad,
apareció un color
impreciso y débilmente punzante,
atroz
como la lluvia que no vive.
Con óleos antiguos ungiré tu sexo.
Te realizaré
con la carne de una guitarra, con la extensión
de un mar de manos.
Quebrando un vientre
así se armonizó
mi dicha, tu vientre empreñado
donde madura el dios;
la idea de una estrella,
juramento que duele como tierra que pasa.
Estábamos a solas,
como en el alto deambular
de los pájaros. De repente,
al fondo de la tarde,
en su casi palpable oscuridad,
apareció un color
impreciso y débilmente punzante,
atroz
como la lluvia que no vive.
sábado, 25 de enero de 2014
de largos ojos desmelenados
Eclipse y ósmosis vegetal. Salvador Dalí
Eran los días de la luz más pura,
de los espacios rotos y de los tiempos quietos.
Eternamente el Sol saqueaba la noche primitiva.
Donde lo real era explícito e inexorable,
vigoroso en lo blanco, increíble en lo nítido,
e intacta,
el agua era ajena a la sed.
Entonces ―geométrica― la pupila nos mostró el culto
a las imágenes cortadas en la sien de las horas
y a los cristales grises de la memoria.
Mientras, en ciclo indefinido,
giraba lo inestable en el enigma de los cuerpos.
Tú, el caballo caliente del caos,
de largos ojos desmelenados.
Eran los días de la luz más pura,
de los espacios rotos y de los tiempos quietos.
Eternamente el Sol saqueaba la noche primitiva.
Donde lo real era explícito e inexorable,
vigoroso en lo blanco, increíble en lo nítido,
e intacta,
el agua era ajena a la sed.
Entonces ―geométrica― la pupila nos mostró el culto
a las imágenes cortadas en la sien de las horas
y a los cristales grises de la memoria.
Mientras, en ciclo indefinido,
giraba lo inestable en el enigma de los cuerpos.
Tú, el caballo caliente del caos,
de largos ojos desmelenados.
sábado, 18 de enero de 2014
No preguntes por el nombre de la llama
Soy el deseo de lo que deseo ser. Guillermo Pérez Villalba
Yo quiero desnuda la belleza
como una hembra mojada.
Quiero ciertos los días y encarnadas las rosas.
Sentir vivos el semen y la sangre,
como viva se siente la tierra con los muertos.
Yo quiero un humo blanco que vaya borrando las horas
o una pena subterránea con dientes pequeñísimos.
Quiero los caminos perdidos
para reunirlos a todos,
la delicada arcilla de tu voz,
un momento de vuelos, un instante de centros.
Yo quiero transparencias desesperadas,
tus labios jadeantes de una noche fría.
Hay hielos profundos en tus ojos
y una crecida soledad.
Percibo en ellos los minúsculos manes
de la oscura luz que ilumina los olvidos
-rizada entraña empozada de cenizas.
Yo quiero sentir la pedrada del silencio
sobre tu corazón insomne.
Afuera, las ventanas envuelven las estrellas.
Sin residuos el viento se lleva los signos.
Pronuncia ahora aquella orilla de los brazos,
aquel desvío de horizontes
pero no preguntes el nombre de la llama.
Yo quiero desnuda la belleza
como una hembra mojada.
Quiero ciertos los días y encarnadas las rosas.
Sentir vivos el semen y la sangre,
como viva se siente la tierra con los muertos.
Yo quiero un humo blanco que vaya borrando las horas
o una pena subterránea con dientes pequeñísimos.
Quiero los caminos perdidos
para reunirlos a todos,
la delicada arcilla de tu voz,
un momento de vuelos, un instante de centros.
Yo quiero transparencias desesperadas,
tus labios jadeantes de una noche fría.
Hay hielos profundos en tus ojos
y una crecida soledad.
Percibo en ellos los minúsculos manes
de la oscura luz que ilumina los olvidos
-rizada entraña empozada de cenizas.
Yo quiero sentir la pedrada del silencio
sobre tu corazón insomne.
Afuera, las ventanas envuelven las estrellas.
Sin residuos el viento se lleva los signos.
Pronuncia ahora aquella orilla de los brazos,
aquel desvío de horizontes
pero no preguntes el nombre de la llama.
sábado, 11 de enero de 2014
Nieve
Memoria. Francesco Clemente
I
Todos deseamos lo mismo,
futuro
descendiendo en la oscuridad de una última espera.
II
En el vientre
de la nada no sólo había nada,
había también una lenta órbita
de dolorosos perros.
III
El dios
nunca desiste de ser hombre,
eso es lo que lo hace insoportable.
IV
En aquella mansión había
cuarto de estar y cuarto de no estar.
Había alcoba de dormir y velatorio de morir.
Había galería y galisombra.
V
Nieve de pensamientos
iban dejando
las horas en su frente.
I
Todos deseamos lo mismo,
futuro
descendiendo en la oscuridad de una última espera.
II
En el vientre
de la nada no sólo había nada,
había también una lenta órbita
de dolorosos perros.
III
El dios
nunca desiste de ser hombre,
eso es lo que lo hace insoportable.
IV
En aquella mansión había
cuarto de estar y cuarto de no estar.
Había alcoba de dormir y velatorio de morir.
Había galería y galisombra.
V
Nieve de pensamientos
iban dejando
las horas en su frente.
sábado, 28 de diciembre de 2013
3 estaciones no sólo surrealistas
Mujer en la playa. Antonio López.
I
Las raíces del hombre son de hierro oxidado,
de romances hambrientos,
de sienes ungidas de oro.
Raíces que sufren la sed con su cresta en llamas.
Raíces que abren el agua a los misterios de la tierra.
Raíces del pensamiento espontáneo, del tiempo nutriente
y comunal.
Las raíces de las montañas
son más flojas que las raíces de mis manos
que profundamente se hunden
en el pasado
donde germinan las raíces de tus nalgas.
II
Me distraigo sintiendo,
como decía Alberto Caeiro,
porque fue siempre mío el pensamiento
y su naturaleza sentimental. Siento la tarde
que se completa en una piedra sola
iluminada por un sol casi muerto.
En todas las tardes de mi vida
una calavera roja me contempla,
y me distraigo
pensándola sintiéndola
como un flor apagada.
Me distraigo en tu cintura ciega
echada sobre la blanca piedra
donde descansa el viento al mediodía.
III
En la desnudez mineral,
desde el cuarzo al llanto.
En el húmedo fulgor de una belleza oreada.
En la palpitante rosa de la tranquilidad.
En la carne vegetal de tus senos; en su fuego auxiliador.
En cada una de las playas
donde un piano
teclea lentamente
las eternas sonoridades de la arena.
Pero sobre todo
en los blanquísimos estambres de la luz
cuando su polen encinta tus ojos.
I
Las raíces del hombre son de hierro oxidado,
de romances hambrientos,
de sienes ungidas de oro.
Raíces que sufren la sed con su cresta en llamas.
Raíces que abren el agua a los misterios de la tierra.
Raíces del pensamiento espontáneo, del tiempo nutriente
y comunal.
Las raíces de las montañas
son más flojas que las raíces de mis manos
que profundamente se hunden
en el pasado
donde germinan las raíces de tus nalgas.
II
Me distraigo sintiendo,
como decía Alberto Caeiro,
porque fue siempre mío el pensamiento
y su naturaleza sentimental. Siento la tarde
que se completa en una piedra sola
iluminada por un sol casi muerto.
En todas las tardes de mi vida
una calavera roja me contempla,
y me distraigo
pensándola sintiéndola
como un flor apagada.
Me distraigo en tu cintura ciega
echada sobre la blanca piedra
donde descansa el viento al mediodía.
III
En la desnudez mineral,
desde el cuarzo al llanto.
En el húmedo fulgor de una belleza oreada.
En la palpitante rosa de la tranquilidad.
En la carne vegetal de tus senos; en su fuego auxiliador.
En cada una de las playas
donde un piano
teclea lentamente
las eternas sonoridades de la arena.
Pero sobre todo
en los blanquísimos estambres de la luz
cuando su polen encinta tus ojos.
sábado, 14 de diciembre de 2013
2 + 25 tercetos
Haiku. José Mamuel Cabra
I
No nombrar,
no describir, sino inventar
la rosa en la palabra;
la palabra, que se sublima
en la poesía,
como la piedra en el epitafio.
II
Ya restituye
el primer cántico
todo el aire en litigio.
III
Fluye el vigor
hasta esfumarse
en las más altas flores.
IV
La semejanza
donde se asientan
los abismos del cuerpo.
V
Cuántos ojos
caben en una mirada,
cuántos en la red de la noche.
VI
Pájaros, flores, huellas,
cuerpos de la ausencia
que patean los caballos reflejados en el agua.
VII
Las horas van dejando
tigres blanquísimos
agazapados en la sombra.
VIII
Todo es gris y silencioso
como si hubiese llovido.
Este instante ya es pesadumbre.
IX
Esta es la hora
en que las aguas nacen,
cuando despacio te respiro.
X
Nadie se sorprendió
cuando más allá de la noche,
se escuchó agrietarse el cristal.
XI
Dentro de la rosa
donde el dios
se hace mujer.
XII
La transparencia
que como el humo
hace espuma en el cielo.
XIII
Las aves sueñan
al atardecer,
cuando pierden sus nombres.
IXV
Estos sonoros ríos recuerdan
aquellos años,
cuando la maravilla.
XV
Un día fui lo más bello,
la serpiente
amada por la hierba.
XVI
Cuando ella se fue
nos reunimos
bajo los pórticos cargados de sensualidad.
XVII
Es raro, pero
muchas veces la vida
se vacía en el mar.
XVIII
La pena, hacia su término,
tiene la dulzura del frío,
su oscura profundidad.
XIX
Alguien trazó la pena,
un fuego sobre el mundo.
Pero nosotros huimos sin ser destruidos.
XX
Entre tú y yo,
manteniéndonos,
el oxígeno que nos destruye.
XXI
Fuimos camino
y basura a medias.
Fuimos vida.
XXII
Un canto atravesó su corazón;
fascinada
quedó la alondra al caer.
XXIII
Blancas magnolias
adornan el perfume
de la miseria.
XXIV
Siempre los siglos
se inician a un infierno
de estirpes y de guerras.
XXV
Tierra, amor mío,
en ti reposan los hierros azules
de todas las batallas.
XXVI - Gernika
Contemplamos la tela
y mil señales
nos delataron.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Gimnopedia
Quién puede soportar una noche de sangre sólida,
el alma destrozada
y los lobos que esperan.
Se precipita el sueño en la llanura,
se dispersa en la brisa como la fatiga en las manos.
No existen límites,
toda la muerte se diluye al alba,
las negras apariencias,
los imaginarios horrores.
Sube al llano del monte,
el primero que el Sol enciende
y baila para mí la Gimnopedia.
Te prefiero
poseída en la luz
que gozada por una noche carnívora.
Templa tus nervios,
salvaje e hirsuta como la piel de los escudos.
Es de opio el resuello
que embriaga tus ojos francos,
muy grandes, inundados de océano.
Ciñe al dios, apura el deseo,
ropas, curvas, muy largas,
el trazo del perfume pintando el aire;
una seda infiltrada del aroma
se repliega en mi pecho.
Baila,
quizá en nosotros se acreciente la paz.
Elévate,
quizá se encienda el firmamento en nuestras sienes
y logremos sentir el corazón de las estatuas.
Sube a conmemorar las cruces de tu juventud
mientras pasan los hombres,
mientras la tierra pasa
y me queda este goce
para el resto del pensamiento
sábado, 30 de noviembre de 2013
La cal de los paredones
Paredones de fusilamiento
A todos los olvidados de nuestra memoria histórica
Cabellos negros, serpientes negras,
tumbas abiertas, cueros vivos.
En la cal de los paredones
todavía germina el ocio de las balas.
Hay cruces encendidas bajo el suelo;
se ven sus llamas
en la flor de las fosas.
Esta tierra desprende recuerdos,
huele a claveles rojos que entintan la memoria.
Entrelazados mares se pudren aquí dentro.
Todo se quiere confundir,
hay tanto sueño al fondo de la contienda...
Hasta la sangre
que no cesa
se quiere secar en el olvido.
A dónde mira una ventana enterrada
sin los ojos del día,
sin el aliento de las semejanzas,
sin la noción
de los rostros soñando.
La permanencia en el amor
es una ola
siempre reventada de espuma.
A todos los olvidados de nuestra memoria histórica
Cabellos negros, serpientes negras,
tumbas abiertas, cueros vivos.
En la cal de los paredones
todavía germina el ocio de las balas.
Hay cruces encendidas bajo el suelo;
se ven sus llamas
en la flor de las fosas.
Esta tierra desprende recuerdos,
huele a claveles rojos que entintan la memoria.
Entrelazados mares se pudren aquí dentro.
Todo se quiere confundir,
hay tanto sueño al fondo de la contienda...
Hasta la sangre
que no cesa
se quiere secar en el olvido.
A dónde mira una ventana enterrada
sin los ojos del día,
sin el aliento de las semejanzas,
sin la noción
de los rostros soñando.
La permanencia en el amor
es una ola
siempre reventada de espuma.
lunes, 25 de noviembre de 2013
El último amante
La cercana pubertad o Las Pléyades. Max Ernst
El último momento, el del último amante.
El vencimiento de los mares.
La derrota
inútil
de la pena.
El río desespera en su quietud,
cuando vuelvo es la misma agua
la que fructifica mi sed.
A ti y a mí, nos extravía una respiración
como un camino que se pierde a lo lejos,
la curva de un puñal
en un domingo por la tarde;
paisajes de llagas, de nervios,
de cerebros que olvidan.
El último momento, el del último amante.
El vencimiento de los mares.
La derrota
inútil
de la pena.
El río desespera en su quietud,
cuando vuelvo es la misma agua
la que fructifica mi sed.
A ti y a mí, nos extravía una respiración
como un camino que se pierde a lo lejos,
la curva de un puñal
en un domingo por la tarde;
paisajes de llagas, de nervios,
de cerebros que olvidan.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Espérame en cualquier sitio
Habitación de hotel. Edward Hopper.
Alguna vez la vida tuvo fe
y miradas henchidas,
forzando al agua
a una crecida más cercana.
Puede la lucha –diosa intensa-
devolvernos los nombres,
para ser las columnas
de amor de cualquier día.
No puedo entregarme al futuro sin esta luminosa certidumbre.
¿Quién no suplicó alguna vez
incorruptible
al cabo de los cuerpos destrozados en la miseria?
A la hora de subsistir
los años
han de ser compartidos.
Espérame
en cualquier sitio.
domingo, 17 de noviembre de 2013
La luz traspuso una grieta
Grieta. Fotografía de Gonzáles Pedemonte
La luz traspuso una grieta;
de repente empezó a llover
el azúcar quemado de la tarde;
todos los aldeanos
degustaban el cielo, los últimos granates
del cielo que caía.
Entonces fue cuando me olvidé;
nada más me olvidé.
Sólo recordaba la sed de las manos.
También sentía
el corazón magnánimo con su ritmo de furias,
y una mirada rebosante de estrellas vacías,
esas que casi oscurecen el centro de la galaxia.
¿Qué cómo es una estrella vacía?
Las estrellas vacías no dan aroma,
sólo son una claridad difusa
como unos pies desnudos que orillados se intuyen en el agua
o una madre soñando en su útero un niño casi transparente.
La luz atravesó la grieta, la última grieta;
entonces fue cuando decidí desaparecer.
Pero antes comprobé que todo se cumplía en la disolución.
De los rompientes de la tierra
solo quedaban redes de frío que alargaban los vientos
y la configurada dicha de mi cuerpo en la cumbre.
Todo iba por fin desvaneciéndose.
Ahora,
salpicado de algún que otro espacio,
el tiempo es cada vez más mío.
Lo malo es todo este olvido amontonado,
siempre aislado entre recuerdos,
tal como ocurre en esos calveros del monte
donde los árboles parecen proteger la evidencia de una nada.
Aunque los años devuelven algunas cosas,
siempre cambian desperdicios
y mareas resecas por raíces vivaces
desesperadamente buscando sus tallos.
La luz traspuso una grieta;
de repente empezó a llover
el azúcar quemado de la tarde;
todos los aldeanos
degustaban el cielo, los últimos granates
del cielo que caía.
Entonces fue cuando me olvidé;
nada más me olvidé.
Sólo recordaba la sed de las manos.
También sentía
el corazón magnánimo con su ritmo de furias,
y una mirada rebosante de estrellas vacías,
esas que casi oscurecen el centro de la galaxia.
¿Qué cómo es una estrella vacía?
Las estrellas vacías no dan aroma,
sólo son una claridad difusa
como unos pies desnudos que orillados se intuyen en el agua
o una madre soñando en su útero un niño casi transparente.
La luz atravesó la grieta, la última grieta;
entonces fue cuando decidí desaparecer.
Pero antes comprobé que todo se cumplía en la disolución.
De los rompientes de la tierra
solo quedaban redes de frío que alargaban los vientos
y la configurada dicha de mi cuerpo en la cumbre.
Todo iba por fin desvaneciéndose.
Ahora,
salpicado de algún que otro espacio,
el tiempo es cada vez más mío.
Lo malo es todo este olvido amontonado,
siempre aislado entre recuerdos,
tal como ocurre en esos calveros del monte
donde los árboles parecen proteger la evidencia de una nada.
Aunque los años devuelven algunas cosas,
siempre cambian desperdicios
y mareas resecas por raíces vivaces
desesperadamente buscando sus tallos.
domingo, 3 de noviembre de 2013
verso virgen IV apocalypse now
Fotograma del film Apocalypse now
nos extinguíamos en el cansancio anónimo
de vivir de espaldas
la nada
despertando en las imágenes del pasado
y en los libros incorruptibles
su avance resonaba sobre las losas del siglo
todos los caminos perdidos todas las ciudades sumergidas
todo el poder corrompido todo la selva incendiada
pechos inéditos ofrecidos a la guerra hombres de cristal brillante
colgados de la noche eterna
cadáveres hinchados salpicados por la luna
en opulenta órbita sobre el mundo
estrellas diminutas que caían
muy adentro del corazón
así era la imagen del desastre
después de una lluvia de fuego
después del olvido
ahora sobre mi frente el silencio es una rosa impura
la lluvia se me escapa
como un canto en el pozo de los encuentros
cavad en las tierras del cielo
hasta que sintáis el oscuro silencio del ausente
se intuye la palpitación de una sombra
su deflación de arenas grises
flacas láminas
pero pesadas como planchas de hierro
los millares de formas de uno mismo
presas en sus encantamientos
como una perla no tocada
sumergida en el mar de la tranquilidad
nos extinguíamos en el cansancio anónimo
de vivir de espaldas
la nada
despertando en las imágenes del pasado
y en los libros incorruptibles
su avance resonaba sobre las losas del siglo
todos los caminos perdidos todas las ciudades sumergidas
todo el poder corrompido todo la selva incendiada
pechos inéditos ofrecidos a la guerra hombres de cristal brillante
colgados de la noche eterna
cadáveres hinchados salpicados por la luna
en opulenta órbita sobre el mundo
estrellas diminutas que caían
muy adentro del corazón
así era la imagen del desastre
después de una lluvia de fuego
después del olvido
ahora sobre mi frente el silencio es una rosa impura
la lluvia se me escapa
como un canto en el pozo de los encuentros
cavad en las tierras del cielo
hasta que sintáis el oscuro silencio del ausente
se intuye la palpitación de una sombra
su deflación de arenas grises
flacas láminas
pero pesadas como planchas de hierro
los millares de formas de uno mismo
presas en sus encantamientos
como una perla no tocada
sumergida en el mar de la tranquilidad
viernes, 1 de noviembre de 2013
verso virgen III
Morning sun. Edward Hopper
el ojo del Sol ama lo que yo amo
el agua que va del mar a mi cuerpo
la luz de la ventana por donde pasa el silencio
y los fuegos blancos del patio
la noche tiene un río de caras
y una mujer que se desnuda abriendo la mañana
así empezaban sus ojos
creando lagos
enjuagando platos y manteles
recuerdos de luz amada
mientras la tierra fosforecía
quemando pensamientos
mientras cruzaban todos los barcos del cielo
imponiendo sus proas de espuma ingrávida
aquella mujer cayó de lleno
en medio de un eclipse que oscurecía su frente
cayó de lleno
hundiendo sus palomas en mis palabras
esta noche otro animal abrirá la mañana
por qué quisimos sentir el mundo
sentir los países que crecían
entre tu ruina y la mía
por qué nunca llegábamos al infinito de la calle
a su semáforo de estrellas húmedas
tendríamos que lavar el corazón
para tocar la belleza del mundo
el ojo del Sol ama lo que yo amo
el agua que va del mar a mi cuerpo
la luz de la ventana por donde pasa el silencio
y los fuegos blancos del patio
la noche tiene un río de caras
y una mujer que se desnuda abriendo la mañana
así empezaban sus ojos
creando lagos
enjuagando platos y manteles
recuerdos de luz amada
mientras la tierra fosforecía
quemando pensamientos
mientras cruzaban todos los barcos del cielo
imponiendo sus proas de espuma ingrávida
aquella mujer cayó de lleno
en medio de un eclipse que oscurecía su frente
cayó de lleno
hundiendo sus palomas en mis palabras
esta noche otro animal abrirá la mañana
por qué quisimos sentir el mundo
sentir los países que crecían
entre tu ruina y la mía
por qué nunca llegábamos al infinito de la calle
a su semáforo de estrellas húmedas
tendríamos que lavar el corazón
para tocar la belleza del mundo
lunes, 28 de octubre de 2013
verso virgen II
Fotografía anónima
recuerdo que tocaba el cuerpo del dios
y sus dos columnas de silencio
tocaba el miedo que venía de sus ojos
de un dios que sin pestañear había mirado a los ojos
recuerdo que había mercurio o aceite en sus labios
que hacía que las palabras se deslizasen sin tropiezos
untuosas de significados
un rumor constante de sabor frío y olor a niebla
de carne hervida cansada de tanta paciencia
recuerdo ahora
que hablaba con el borde exterior de las palabras
de una sabiduría trágica a las inercias del destino
un murmullo desgarrado
cuyas trapos se incendiaban
en un presente
que escapaba inasible
cayendo desde un gesto después del rostro
me zambullo en el lodo del tiempo
me desgarro íntimamente
desde la órbita abstracta de un planeta enano
en la falsedad de su impresión onírica
hambre contra hambre
hombre contra hombre
en un encadenamiento urgente y melancólico
y no es bastante un día
ni un año ni un siglo
ni una vida ni una muerte es bastante
no es bastante tu piel enlabiada
como si fuese el puro placer impuro
estar hambriento no es bastante
no es bastante una lágrima como una lágrima
el mar como si fuese el mar
recuerdo que tocaba el cuerpo del dios
y sus dos columnas de silencio
tocaba el miedo que venía de sus ojos
de un dios que sin pestañear había mirado a los ojos
recuerdo que había mercurio o aceite en sus labios
que hacía que las palabras se deslizasen sin tropiezos
untuosas de significados
un rumor constante de sabor frío y olor a niebla
de carne hervida cansada de tanta paciencia
recuerdo ahora
que hablaba con el borde exterior de las palabras
de una sabiduría trágica a las inercias del destino
un murmullo desgarrado
cuyas trapos se incendiaban
en un presente
que escapaba inasible
cayendo desde un gesto después del rostro
me zambullo en el lodo del tiempo
me desgarro íntimamente
desde la órbita abstracta de un planeta enano
en la falsedad de su impresión onírica
hambre contra hambre
hombre contra hombre
en un encadenamiento urgente y melancólico
y no es bastante un día
ni un año ni un siglo
ni una vida ni una muerte es bastante
no es bastante tu piel enlabiada
como si fuese el puro placer impuro
estar hambriento no es bastante
no es bastante una lágrima como una lágrima
el mar como si fuese el mar
domingo, 20 de octubre de 2013
verso virgen I
Foto anónima
Al poeta y amigo, Francisco Lobo
sostengo la sed como el espejo la fuente
mar servido como una onda musical
un llanto cuya fronda son pájaros azules
sostengo la verdad como la momia a los escribas
como lágrimas lejanas
la piedra del rencor sobresaliendo
nítida entre las aguas
líneas inquietas atraviesan tus ojos
rejas de la ceguera
todos dormimos girando la noria del cosmos
yo miraba la medianoche como un mundo partido en mil
voces del dios tiñendo las sepulturas
mi vida tu vida existencia de luces entalladas
entre el hambre y vacías tumbas sin misterio
acartonados y rancios aromas de algún bien supremo
nadando en un agua amarga
sin tocar las orillas carnosas del tiempo
pasamos llevando las hojas de la guerra
los fangos rojos los harapos de algo
lo que fue del color en esta tarde negra
lluvia encerada de calles tiesas con cielos helados
la impaciencia viva sin paisaje que agradecer
las cosas
sin el aire que las conmueva
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