lunes, 28 de mayo de 2012

3 estancias

Puesta de Sol en Ivry. Jean-Baptiste Armand Guillaumin

I
Entre la niebla,
estaba la hojarasca de tus ojos
y en tus labios se deslizaban
los simulacros del lenguaje.
Te alejabas al fondo de la luz
hasta quedar gris como un remolino de polvo.
Después, yo inventaba el amor
como el atardecer inventa insectos.

II
Nombra las cosas,
cólmalas de un principio.
Nombra los grandes fuegos del jardín,
las maderas inmóviles del río,
el aire líquido que arrastra el viento del porvenir,
el desesperado resuello de mis pulmones,
y el pozo desde donde asciendo
hacia la transparencia del sentir.

III
Todo el invierno en el centro vivo de la sombra,
como el maíz dormido en la luz del pasado.
El sol es un escombro,
la escoria que borra los pasos
a medida que el mundo cicatriza las llagas.
El pan de las verdades se ha hecho migas,
migas duras que ya no son pan.
Habrá que cocer otra realidad.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Las materias del ritmo


Ritmo y armonía. Nicolás de Lekuona

Acaricio la hoguera de tu cuerpo,
y muy adentro
del vientre embarazado
siento cercanos
los mares primigenios.

Mientras los cromosomas se dividen,
se siente una voz en susurro:

―nosotros
somos los dioses.

La latitud nublada de las aguas
amortigua el clamor
y la vida se extiende
como una gran marea que arrastra
―sumisa y lúcida―
un rocío de círculos disímiles
―sueños de la retina, visiones en el amnios.

Una gran ala acoge a todos los misterios
en la proximidad de una distancia atroz y melancólica:
los nichos de la luz
donde vierten las brasas jóvenes.

Yo sé
que en ese ojo de las formas
laten encandecidas
las materias del ritmo.

martes, 15 de mayo de 2012

Un león de oro

El rapto de Europa. Óscar Domínguez.

Sentí la cérvix del dolor
en su relincho a potro desollado;
el cuero de su corazón transubstanció mis hígados.

Luego acaricié un león de oro.
Restregué su melena
rugiendo la frescura de la noche.
Me dilaté en su largo sueño,
en su fragancia a espíritu solar.
Palpité en su piel rubia
y en su hermética sangre;
en su tiniebla de violencia
y de profunda lágrima.

Me incorporé a la vida,
a su estafa sin tregua.

viernes, 11 de mayo de 2012

La ciudad deletreada al fondo de la inquietud

Y desde el aire siento la cuadriculada emoción de mi ciudad.
Buenos Aires abajo, deletreada en la luz,
Cantada por los monótonos motores del avión"
de "VISTA AÉREA" (Marcos Ricardo Barnatán)


La ciudad
deletreada al fondo de la inquietud
como un monótono resplandor,

algo más que una vida o que un naufragio
sin un dolor al que aferrarse
y arder en un momento
suspendido
como en una pira funeraria.

Así es como germinó aquel impulso,
el tesoro de muchos años sin dueño.
Surgió de la contemplación arrodillada de las calles,
de las largas miradas calientes como disparos que intuyen la pureza,
cuya percepción era un giro que perdía el blanco,
musitando la transformación de lo visible,
la ofrenda de un paisaje limitado,
un corazón de agua fría;
para mí, un hermosísimo fuego
ya ido,
una llama sola que arde oscura.

La ciudad engendró el sexo de oro,
los instantes sometidos a placeres impensables.
Casi todo estaba ahí,
incluso la vil certidumbre de los estrategas.

Pero maldices porque todavía estás a la espera,
porque aún queda alguna vibración de perdedores,
algunas piedras en la memoria del origen
y quedan también algunas preguntas.

De boca en boca,
los rótulos salvajes de la inmensidad
¿De qué animal presentido
eres tú la perpetua imagen?

domingo, 6 de mayo de 2012

No quiero la tierra consagrada

La vasta noche. Eduardo Úrculo

En la frontera de tu respiración
se hienden
las delicadas cimas del aire,
el altar
del primer pájaro nevado.
Yo aproximo el aliento avanzando la boca,
abriéndose a otro aliento más puro.
Pero no quiero
la tierra consagrada, la quiero profanada
por tus líquenes rojos y por tus pies ligeros.

El día deja huellas blancas en tu frente,
las hojas
de un tiempo todavía vivo,
lo que no cesa y las palabras buscan.
¿Cómo beber
el aceite del rostro que se asombra a mi lado,
que clarea y despunta,
anegados los párpados de memoria excesiva?
¿Cómo llegar
a las islas de la intemperie
donde las aguas dan forma a los sueños?

Olvídame,
fulgor de la cegada orilla,
tráeme el recuerdo,
o la forma de aquella idea
dormida en un muchacho.
Yo sólo tengo la memoria del destierro;
me es inasible la memoria de los otros.
Pero muchas veces
palpamos frutos delicados,
alas que apenas nos rozan,
accedemos sin temor a los más recónditos abismos,
donde ningún dios es capaz de contener a un solo hombre.

lunes, 23 de abril de 2012

A la mentira

Sueño de la mentira y la inconstancia. Francisco de Goya y Lucientes

Mueres sin nadie y nada de ti,
harta de entendimientos,
pero regresas en cualquier inquietud desmoronada,
a cualquier momento improvisado
desde los remotos crímenes de la historia.
Regresas y te vivificas
en la conspiración de los hipócritas,
en los que escriben con murmullos fosforescentes
de la sensual carne de sus piernas
y de los corazones de alambre de los santos,
de su exagerada pasión, siempre bulliciosa de motores.
Te reconstruyes real
en la estatua que brota desde unos pies que deliran.
Te nutres en los árboles ahítos
de aire eléctrico con apariencia de aves.

Pero bueno…
siempre debemos recordar
que todo es simulacro, que nada importa,
que la luz apenas nos piensa,
que los desiertos siempre se abren
a la dispersión del azul
y a una arena vacía despojada de huesos.
Siempre debemos recordar que todas
las formas de la noche viven
porque los astros sueñan.

viernes, 20 de abril de 2012

El nombre devorado


Guernica. Picasso.

Un nombre devorado, fugitivo y oscuro
me deshabita.
No es nada
sino nadie
que en todas las salidas me detiene;
inercia que me da casi el sentido
de las manos huidas, de la carne de piedra,
de la sangre de piedra y fiebre disipada;
ternura y semblante partidos
de la tierra partida por la guerra.

Un ala quemada es este silencio sobre la piel.
Un ala que no es pena
porque ya es polvo o aceite errático,
turbio como el veneno;
túnel donde se endurecen los ojos
como planetas apagados,
facciones sin memoria.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El tacto del origen

The red studio. Matisse

Muy despacio, la piel
se desprende de aquellos hálitos;
turbando, floreciendo
el tiempo de su leve aire;
ebrios los ojos de memoria;
ciegos de tanta luz precaria,
tan imposible pálpito.

Por qué el frustrado cauce,
la zozobra de nunca ser;
tacto extinguido ya
en la templada sombra del origen.

martes, 13 de marzo de 2012

En el eje del ritmo

On the Seine at Bennecourt. Claude Monet.

En el eje del ritmo está la pausa
como un vacío postergado,
como una piedra que se sacia
cabal a su instante compacto,

…la piedra,

el agua detenida

o el beso
que ya es el labio.

Sin nostalgia transcurre la noche,
como charcos dormidos
en el rojo de los claveles.
Las aguas bajo el puente
van esbozando la ciudad;
aguas sin el ruido
del reflejo que muere.

La transparencia de una hora
es el espacio que ella ocupa.
¡Cómo se abraza el miedo
donde el cuerpo se agrupa!
¡Cómo estrecha el morir
este silencio callado!,
las lentas pausas
que la memoria agranda.

Sé la arena bruñida de un momento
o el acaso de su blasfemia,
que el ritmo que rubricas
sea el insomnio de tu regreso.

domingo, 4 de marzo de 2012

Hubo una época de apasionados héroes


Tombs of Ancient Heroes. Caspar David Friedrich

¡Oh dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes!
Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros,
y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios
no decretados por el destino."
Homero "Odisea"

¿Qué significa el tiempo
a tientas,
la rencorosa carne vengativa,
el ojo largo
dentro del sopor?

Los hombres buscan dioses,
minúsculos y grandes redentores.
Demandan
desesperadamente vida
en un desfallecido vértigo
de miseria.

Es preciso
una llama para la historia
y una grieta para la fuga,
ese engranaje que se abre
a lo inverosímil.

Y yo quiero ofrecerlo todo
con voces excesivas,
con un perfil
de infalibles resquicios.
Tomar la valentía como una escala sin peldaños.
Hechos pedazos ver tus ojos
de cerca.
Que el trance de cruzarlos
no sea sino la luz misma;
la imagen que se forja más allá de los tiempos;
en el venero inagotable,
como un pródigo incendio que la lluvia cobija.

Hubo una época de apasionados héroes;
todavía persisten sus melancólicas constelaciones;
todavía se sienten,
vibrando en el ocaso,
sospechosos vestigios de su vida.

miércoles, 22 de febrero de 2012

El origen del presente

Río Amazonas

"... tal vez porque el presente no existe en realidad: todo es recuerdo,
esta frase que acabo de escribir ya es recuerdo"
"El ruido de las cosas al caer". Juan Gabriel Vásquez.

Porque todo presente y futuro
han ocurrido ya,
nada alcanzo yo a corregir.
Así, sin darme cuenta, van pasando las cosas
al instante de recordarlas.

Comienzo
recordando el latido que concierta a las músicas
cuando esta dicha de existencia
se ciñe sosegadamente al cuerpo.

Pasan ahora mundos aun sin formar,
mundos sin hálito,
ni sentimiento ni valor
sólo con una piel que desespera
y una escoria vuelta hacia atrás
que recuerda
y se reagrupa en el aire,
conformando los cuerpos que ya fueron.

Pasa el mar con su abismo elástico,
que no puede caer en el azul;
…el mar,
que se dobla, se riza,
y desea caer en otro abismo
más niño.

Pasan las manos que subyugan al amor
porque lo achican,
lo vacían de su intensidad virgen,
por eso se endurece como el cuero
… el amor, como un tacto vigoroso
que todo lo penetra, tenaz y sin esfuerzo,
porque el amor es el artefacto de los sueños,
que perenne se excita en su interior.

Pasa el día de hoy
recordado en una tigre blanco
que demora en la sombra.

Porque perdí el color de la mirada
vuelvo a ser recordado,
porque ya no sentía el calor de los otros.
Vuelvo a ser recordado,
porque dejé el amor pudriendo
en los castrados muros de los templos.

Y también sé
que pasará hoy tu cuerpo
fluyendo en la armonía de un vino subyugante,
respirado en el hálito que sostiene a la llama.

jueves, 16 de febrero de 2012

Saxofón ardiente


Feliz 100 mil culos

Imantada de sangre,
su mirada se encandeció
abierta a la blancura.
Se prolongó
por el relincho de los huesos,
por el enigma cuántico
de tanta ubicuidad.
Se acrecentó
en su espontánea caída,
en lo sagrado de sus cuerdas balsámicas
y en sus escenas
para después de los sentidos.
Se dispersó
en el tacto lento y desnudo
debajo de la maravilla,
en la avidez del fango más imposible.

Y entonces fue un instante
irrebatiblemente sensorial,
el clímax de la concepción de un saxofón ardiente,
profundo y perverso,
a tenor del concepto sonoro de la carne
y de ese trasero mugidor
―eufonía carnosa del oleaje.

martes, 14 de febrero de 2012

Moby Dick o aquellos animales infinitos


Blue (Moby Dick). Jackson Pollock

Huyen precipitándose los años,
celosamente envilecidos,
atravesando un túnel oceánico
hasta la noche eterna
o aquellos animales infinitos.

Los barcos hienden
el verde luminoso
―lonja de peces voladores,
raudos cuchillos en la bruma
bajo las tiendas de la luz,
esa revolución del cielo externo
o ruidos de un territorio
de exceso y corpulencia
flotando acampanada en los sentidos.

El arpón
como un relámpago en el vientre de la ballena.
La violencia marina
al despuntar
la primera horquilla de Sol.

lunes, 6 de febrero de 2012

Al ritmo de una máquina exterminadora


City from Greenwiich Village. John Sloan.

Puedo sentir
esta araña de luces en el tiempo,
y el fuerte resplandor de la consciencia.

Puedo sentir como, sobre aquel muro,
se irradia un lago cósmico;
toda la noche junta
toma asiento en uno de sus flancos.
Un clamor de cruces negras ha derrumbado el día.

Acecha una penumbra
tras las ventanas,
la lluvia se amedrenta
y se imponen también
las sentencias vacías de la calle,
siempre con ese rastro
a puertas desconchadas.

Tienes que aguardar una altura
más respetable,
y desaparecer
en las horas en que la noche
se vuelve más incoherente,
cuando los astros sueñan
introducidos en campanas inabarcables.

Sí, tienes que aguardar
una noche que incluya los orígenes
de un alzamiento más irrebatible,
una catedral silvestre
levantada impecable
con piedra encandecido.


Ayer noche escribía estos versos,
al ritmo de una máquina exterminadora.

lunes, 23 de enero de 2012

Naturalezas vivas


Sing Sorrow. Ben Shahn

del dolor

Del dolor que pesa
de tanta claridad encima;
de dolor como el lento deambular de los metales,
esa polea o rueda que se invierte
en las formas pulsadas de la locura;
del dolor perpetuo y constante
como los muros secos de los conventos;

la lágrima del corazón,
magnífica, resbala firme,
casi sólida, casi dulce,
como un caracol transparente.



de la espada

De la espada que es descubierta en el aire
como un cristal fortuito
que vierte sangre fresca
de congeladas noches
lejanas, muy lejanas,
ya dentro del olvido;
noches moviéndose hacia atrás,
vivas de tanto miedo al Sol.



de las piedras

De las piedras distorsionadas
en un desierto palpitante y obsesionado por la vida,
que chillan
el silencio circundante,
con llanto o fuego íntimo.


de las abejas

De las abejas hechas con alas rotas,
sensibles solo a las substancias de la tarde;
insectos penetrantes,
más penetrantes que un ojo directo,
insectos que guardan el oro de la luz,
toda su provisión de seres polvorientos.


de las horas

De la hora, la primera, precedida
por el día no por la noche,
acumulada quieta
sobre los huesos de un mamut congelado.
De la hora con actitud de pájaro o de sueño.
De la hora capaz de descansar
para siempre,
cerrando sus números tibios;
una hora que será
la grieta
por donde yo me escape
con todos mis paréntesis de nieve.

domingo, 15 de enero de 2012

Al umbral de mi tumba


Avenue of Rowan Trees near. Vilhelm Hammershoi

Al umbral de mi tumba
vierte lenta esa lágrima,
que luego sea caudal.

Aproxima despacio
la boca,
que el aliento se agrande
remontando la hierba.

Acerca apacibles
las manos a los pastos
cuando mis huesos sueñen la ceniza,
y acaríciame lento
─está la brisa
silbando entre mis vértebras.

miércoles, 11 de enero de 2012

El agujero negro

Agujero negro estelar

Yo soy el blanco, el agujero negro.
Soy la diana de todo lo creado,
porque todo converge
a mí
cuando lo siento.

Esa que ahora miro,
en la noche infinita,
es mi estrella;
cuando muera y se apague
sentiré un delirio sin límites,

en un chorro de luz pura
dentro de mi negra tumba.

lunes, 9 de enero de 2012

El otro lado


Mujer durmiendo. Anómino

La perfila
un espacio cerrado de penumbra.
Es una fosa
el pálpito de su letargo.
La sellan
los trabajos del laberinto.
Su cabello,
cascada de azabache,
se derrama en el lecho
sobre un dorso lamido y una luna carnívora.
Sus nalgas pardas,
de pardas,
largas raíces
hundidas en la noche, absorbiendo
sus líquidos templados

Sus cánulas abren el germen.
Un cuchillo retira las médulas.
Ha estallado un tumulto en la sed de los labios
―sus alambradas.
Es el sacrificio del Ser
y su fragancia en el origen.

Yo soy su luz;
exacta a un Sol caliginoso
pero más denso
y con todo el esperma renovado.


viernes, 6 de enero de 2012

Yo he intentado saber

Claro de luna. Edvard Munch.

Levanto el pensamiento
contra el sueño del pensamiento,
donde lo sutil de mi nombre
se transfigura en llama.
Yo he intentado saber,
pero el porvenir
ha tirado el corazón a la marea
desangrando su último rosal,
el tejido que envuelve el ojo
abrigando la lluvia del instante,
ese esputo al charco continuo.

Yo he intentado comprender el rito
conjurando la hechicería de la palabra;
discutiendo del hueso de las horas,
de sus remotos crímenes.
Yo he intentado saber
como el cuerpo de un río
que se enreda en el mar.
balbuceando por ejemplo:
“Mi corriente es la noche
y resbalan a su través
todos las cosas de la muerte”

Yo, que he tocado los lugares francos,
he intentado saber
de la disposición natural de la tierra,
de sus vivos y de sus muertos

pero se me hace difícil la sangre,
su fluir irreal por tan angostos lechos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El corredor del anochecer

Corredor en la playa. Fotografía de sauron63

“Por la hendidura de tu sonrisa se escapa un animal aullante
Que sólo goza en las alturas”
Paul Éluard

Cielo cortado.
Angostura de claridad.
Imperioso fulgor de la vigilia.
En estos cristales privados
encuentra el Sol su encandecida bruma,
sus ciclos de impasible sufrimiento.

Has cegado todos los cauces,
todas las armaduras predilectas del alba.
Confundidas estrellas encienden tus cabellos.

―corredor del anochecer:
abre la puerta al animal aullante.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Líquenes de hilo blanco


Carretera. Fotografía de García-Gálvez

La carretera era un pasillo infinito, un territorio rubio varadero de sueños; el campo, un desierto de bronce, crudo al sabor de las primeras luces.

Líquenes de hilo blanco demacraban el cielo en la aurora recién despierta que, fermentada en la noche, exhalaba vapores algodón y pastel, como hendiduras del aire vertidas de cerveza: resuello de viajeros que relatan, confusos, la ficción de su odisea, retorno inefable de lo que ya ocurrió y que es ahora realidad en el piedra de los mitos.

Mirando la cortina de agua, un chorrear de fuente enardece sus ojos, que pestañean nítidos al verde de la alfalfa.
Pasan árboles mustios, fugaces a través de la ventana.

Mientras conversan, se encienden las palabras sus labios trémulos y como fuegos de porcelana en frascos invisibles, se rompen en la distancia, derramando recuerdos que deambulan veloces ―liebres que huyen excéntricas, sobre el corvo semblante del páramo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Impresión marina


Playa de Lobadiz. San Jorge (Ferrol). Fotografía de O.G.

Estoy al borde de un acantilado,
el rumor de las olas
pronuncia la distancia,
que parece huir
para cesar en otro mundo.
Tiembla
el aroma a salitre
en la flor desenvainada de la espuma.
En aquellas lejanas piedras
los ruidos
son ardientes e intensos.
Hoy, el cielo está más desnudo
y es su cicatriz
más real.
El horizonte se reclina
como el alquitrán de unos párpados al cerrarse.
La inmensidad
comienza a mecerse despacio.
Oscilo con las luciérnagas en la noche
y siento los gemidos
en el desprendimiento de los astros.
Esta tristeza de hace poco
surgió sin ninguna violencia,
como la angustia
larga de una profundidad.

¡Oh noche,
escucho otro diluvio en ti!
mientras regresa el fruto acerbo
como el remordimiento de la luz,
como las rojas voces
que esconden las gaviotas.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Nómadas de piel despierta

Wind from the sea. Andrew Wyeth

Con un mar por testigo,
dispersaba los cantos de la nada inagotable.
En el delirio, en la condena,
contemplaba, sin su concha,
la carne de los hombres.

Y, súbitamente,
como brotes de luz anidados en un sol demasiado blando,
comencé a desear
desesperadamente,
el olor de la tierra amante, extraña… húmeda,
corría los senderos que se escapan
donde el cielo se empaña de oro,
exploraba los términos más profundos del lago
donde la luna lo penetra con sus manos congestionadas.
Yo deseaba,
intentaba buscar,
el repentino golpe de toda el agua
al doblar de una esquina.

Esta claro
que la imaginación averigua en el entusiasmo
los histriónicos gestos de lo sentido.

Pero a mí,
el agua no me llega.
No me basta la vida ni sus ímpetus.
No me sangra
ese cuchillo que segrega a la madre
como una atmósfera recién llorada.
Los días,
en mí,
se mueven como el sueño de un buque en alta mar.

Esta claro
que mis calles se enredan y persiguen
en pos del rastro de los ángeles que cuidan de mi inspiración,
esos que siempre se extravían en la niebla
arrastrando las horas por el fango.
Es la monotonía de la ceguera,
algo efectivamente muerto como un niño sin corazón.

Falta un pedazo de muro.
Falta una cruz en la puertas.
Falta lo mucho de tantos.

Y yo querría ser una libidinosa primavera
que se adensa sobre un puente desvanecido,
un abismo cavado en otro abismo silencioso;
el humo que se asienta en algún ángulo olvidado
o la hoja de papel abandonada
sobre un tiempo que todavía parezca un cementerio.

Yo sé que en el fondo del río
hay nómadas de piel despierta,
cielos sonoros ancorados
a encrucijadas y tiempos indemnes.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El guerrero

El guerrero. Salvador Dalí

Hoy he muerto
y me acerco a la tierra recordando el presente;
la disciplina de la sombra es sereno equilibrio.
La zozobra de la nada impregna la lluvia,
la libertad de un corazón sin prisa,
como un barco paciente
ante el tedio oceánico.

Hoy he muerto
y ahora no recuerdo cosas para soñar.
Hay una tenue arena en el olvido,
donde residen todas las cosas fragmentarias:
el cuero de unos ojos,
espejos diluidos,
aves sin tránsito...
Aquí se abre el túnel;
la plomada del pensamiento atraviesa sus cauces
y cuelga la memoria su palabra ocelada;
su hálito se agita sin fulgor
...sus lánguidas ballenas
tragando el kril de los significados.

Hoy he muerto.
Qué aburrido este jueves por la tarde
en la eternidad de los signos
¿qué óxidos corroerán sus bronces?
Hoy he muerto.
Tardía, encumbrada en el delirio,
se desnuda la carne de sus huellas herméticas.

Duele esta pleamar de párpados abiertos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Me llega fulminante aquel puñal



Beso Pajizo. Darío Villalva

Ha huido el tiempo sobre aquel relámpago:
el de tocarte con los dedos los labios.
Más tarde, en la fatiga,
advertimos la línea velada del espíritu.

Este existir agónico de la bomba del pecho.
Este frágil motor.
Un ruido tras otro en la caverna roja.
Movimientos, trasporte de fluidos,
permuta de nutrientes…
desechos metabólicos a combustión muy tibia.
Tengo ilusión en estos balbuceos
y en esas cosas de la sangre,
pero se extinguirá al fin
la dulzura del fruto que ocupa todo el pecho.
Germinarán otros aromas
Oscilará el oxígeno en otros alveolos.
La llave de la sed otra agua.

Dejamos la inexistencia sin memoria
y entramos de nuevo a ella hacia el olvido.

Me llega fulminante aquel puñal.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Casi, la rosa

la rosa

Socava la estación
—pudre la queja, la tiniebla y el coral melancólico.
Palpita una tierra en declive,
—un desierto de piel extrema.
Late y eso trasciende
para tener un mar soñando arena,
un cántaro de sangre y el fulgor en el cielo.
Pero el río tarda en volver
porque aún el agua es llama
y la sed una lengua seca.

Hace ya mucho tiempo,
cuando tú sonreías, ese río sudaba
y era el color
un estallido en el silencio.

—casi era, la rosa.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Geologías

Detalle de una erupción volcánica

Los continentes yacen de espaldas a nosotros,
su acontecer se agita en las profundidades.

Desde la claror
que lentamente deja la calima
cuando desaparece sobre el mar,

contemplo
esos toscos relieves de bisonte
que parecen fundar
el sueño milenario que el planeta revive,
los enigmas de piedra
que cifran en sus armazones

un relato esencial.

También veo agrietarse la montaña;
su sangre es una ofrenda,
un ígneo disfraz para curtir el rostro;

sus lágrimas son brasa
de ojos inflamados
que ven durante un parpadeo
para luego cegarse...
y morir.

La infinita delgadez de la luz


Escena del film "Un perro andaluz" de Luis Buñuel y Salvador Dalí.

Esa infinita delgadez de la luz,
estampido inminente de luz en el espejo
―mis ojos cierran dos grietas en la cara.

Luz que desangra luz
golpeada de muerte
―luz exangüe en la tarde,
escombro para siempre.

El pájaro se anuda a su color,
a su instante en el aire que fantasea un término
que no está, sólo es vigente en la retina
―pálpito de un cimiento fotográfico.

Ilusión extendida
por una tempestad que recorre el pasado
y al final sedimenta mítica en los recuerdos,
invertida en los sueños.

La eterna creación de luz urgente
―vasta, desperdiciada,
fija en la superficie matinal.
El claror del azul fulgura en el arenal blanco
―mis ojos cierran dos grietas en la cara.

La navaja tangente
en el esguince más profundo del ojo,
al que duele y excita de placeres y asombros.

Luz que desangra luz golpeada de muerte
―luz exangüe en la tarde,
ceniza para siempre.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Padre, que no ceda tu edad

Los atletas cósmicos. Salvador Dalí.

Ancorada, la carne duerme en un reposo frío:
el mar, la inquietud,
los golpes de la tempestad contra los vidrios.
tus ojos de nieve brillante
cuando los faros gimen la humedad del rocío.

−Padre, que no ceda tu edad,
nunca los años tienen
las longitudes invadidas
por los cuerpos que esparcen el sueño de la tierra.

Aquí, en el mar,
la costa se dilata en una piedra imaginaria
o en un silencio ahogado en el agua,
ese número que detiene la leva universal.

−Padre, tus horas inician la embocadura,
quizá alguien bajo desconocidas formas,
atraviese el paisaje
en una fuga íntima,
mar adentro, a golpes desmedidos,
buscando la cartografía absoluta
que fermentó tu corazón.

−Padre, tu polvo asciende
insaciable y se intuye exánime la esfinge
como un completo error.
Su instrumento pronuncia
la extinción de lo inadmisible.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Después de Muerte en Venecia


Escenas finales del film de Luchino Viscontide "Muerte en Venecia".

Está la playa ligeramente iluminada.
Las sombrillas sin viento.
Todo está intacto
y en esfumado balanceo, un barco en lejanía.
El silencio transmite un rostro al océano,
y alguien contempla
como se hincha en la sal su párpado de cobre,
como, en los labios de un muchacho,
desciende una burbuja germinando el oxígeno;
el deseo extravía el anís de la piel
y se endulza la música en su tez encarnada.

Pero también, lento e implacable
se abre un abismo en la tristeza de la arena.
Se abre la voz lastrada de la peste,
la peste
con sus dos manos lívidas
—esos lienzos esféricos al fondo de la muerte.

martes, 8 de noviembre de 2011

La estatua (soneto impuro)

La estatua silenciosa Ariana. Giorgio de Chirico

Estaba el templo en sombras aquel día,
cuando ella palpitando abrió los ojos
como si fuesen dos diamantes rojos,
una mirada intensa, enamorada y fría.

Eran de leche densa, blanco nube,
un delirio de mármol, gris impuro,
los pechos grandes, el semblante duro
de aquella estatua viva; ¡visión! que nunca tuve

Con mis manos quisiera templar el desatino
del crispado arrebato en el silencio yerto,
la alucinada gloria, el pulso repentino.

Preguntaré a la piedra si es el enigma cierto,
si encumbra lo sublime, si concibe un destino
cuando las horas cieguen su cristal más experto.

domingo, 30 de octubre de 2011

Basalto solar

Desnudo. Pére Pruna.

Acaricio la hoguera de tu cuerpo
y adentro de tu vientre embarazado
escucho muy remotos los mares primigenios;
mientras los cromosomas se dividen,
ronda su voz en un susurro:

―nosotros germinamos a los dioses.

La latitud nublada de las aguas
amortigua el clamor
y la vida se extiende
como una gran cortina roja,
donde la mirada gotea ―sumisa y lúcida―
un rocío de círculos disímiles
―cosas de la retina, fábulas,
sueños de la materia.
Una gran ala acoge a todos los misterios
en la proximidad de una distancia
atroz y melancólica:
los nichos de la luz
donde vierten las brasas jóvenes.

Yo sé que en ese ojo de las formas
se expande el muérdago
y yace encandecido el basalto solar
del mineral impuro.

viernes, 28 de octubre de 2011

Las campanas siempre doblan por los vivos

Abrazo de dos ausentes. Eduardo Naranjo

Desde hace tiempo inmemorial
las campanas siempre doblan por los vivos;
los sonidos relatan
la íntima congoja
de una emoción reconstruida
en una mano alta, yerma,
que se abre al azul
exactamente
con la rotundidad arrasadora de un tren de cara.

Desde hace tiempo inmemorial
tengo un labio insaciable
con algunas salivas que otros labios no gozan.
labio que envuelve al mundo
con una precisión que admiro.
Tengo algo interior que anularía cualquier tipo de desastre.

Y sé que sufriré por los campos temblando,
por los montes amurallados más allá del destino.
La conciencia me arrastra con enormes timbales sonando
con cegadores brillos rompiendo.
Los costillares de las olas
convergen sobre peces vagabundos,
sobre la cruz marina
que soporta la trivial carga del porvenir.
Pero mi discutida cabeza resistirá la pérdida.
Resistirá la contrición de una fuga
que haya llegado a su última floración.

Después, de nuevo el Sol
progresará sobre los patios
con esa sonrisa cansada, lenta,
que se empeña en la fe de las calles.

De nuevo, llegará el verano y traerá el mismo aire.
La misma admiración forzosa
implantará los mismo itinerarios:
el almuerzo con chistes,
las espaldas echadas sobre la arena,
las miradas volubles que pronunciarán el final del día,
que dirán que toda excursión después de las muchachas
era un embate clandestino,
una fuerza extendida sobre la tarde
que progresaba sola, erigida
sobre días interminables.

lunes, 17 de octubre de 2011

Hacia el tiempo de Ulises


Aparición. Javier Clavo.

Recuerda el ruido del viento
en el inmenso espacio
de aquellos mundos microscópicos.
Veíamos inmóviles ―colmadas las sienes de música―
lentamente vibrar aquella luz
ardiendo en las raíces
—el bosque inscrito en su ascensión de agua―
mientras, la frente de los pinos
sudaba absorta devorando el aire.
Quizá el vacío sueñe
en la marea azul que mueve el cosmos
volver abrasado despacio,
moribundo crecido en ti.
La exención de mis ojos
no espera la negrura de otro ser,
su osamenta de arena, su tiempo de salitre.
Se colma en esta vida mi pupila.

Y como aquellos montes,
sentir arder las crepitadas carnes
adentro de los huesos,
muy atrás de los años,
en el pulso excitado,
en la piedra perpetua de las horas,
hacia el tiempo de Ulises;

el continuo retorno de la sangre
que se ciñe a la piel arrostrando a los dioses,
―la injuria de sus límites.

domingo, 16 de octubre de 2011

Ciclos


 The Cowshed. Marc Chagall.

¿Qué barro volverá sobre sus partes?
Quién librará tu nombre más allá de las dunas,
donde la espuma es
todas las cosas blancas.

En la revelación
todo fluye infinitamente hacia lo otro;

sin límites, el agua del canto se abre
y se sienten romper las piedras de la vida;

sin límites, larga la piel, se transparenta ciega
hasta el otro amor, toca la otra piel,
los otros ruidos que los labios sangran.

Agua. Humo.
Arraigar. Regresar. ¿Para qué? ¿Para quién?
La inmovilidad es la muerte;
se nutre de las formas que vuelven a sí mismas.
La luz que deviene en la luz primera
no es más que un delirio que el ojo sofoca.

Consumiste la sombra de mi cuerpo
por eso el espacio se inclina,
la carne dice
basta, no me acaricies,
no estoy,
no soy;
previamente tendrás que concebirme
y más tarde aprenderme.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Como si fuese la vida

Grupo de gente al Sol. Edward Hopper

Yo soy el que he tocado el sol, la rosa, el día,
y he creído que soy capaz de morir.
Valente

A modo de existencia
la mañana aparece
como extirpada de una costa antigua;
en sus orillas siempre empujan las olas.

Entra al mar al compás del canto vivo,
sin arreglos de espuma, en tumulto,
con la muerte partida en dos.
Tendrás que abrir la carne, sus ruegos, sus miserias,
con toda la sangre a caballo,
en soledad,
como una piedra sola.

Ten compasión de aquel viejo navío,
inútil como un pan sin vida;
comprendes a veces tan poco…
a ti incumben estos objetos
que descansan testimoniales como epitafios de la pérdida.
Tú ni siquiera ves la cicatriz.
Cumples el rito de la nieve en la hierba
o de la de la sombra en la pupila,
y si puedes, desgajas alguna voz del cielo,
alguna lágrima gastada
cuya humedad es parecida a la pena.

Después del último relevo
creíste percibir la claridad
pero todo se muestra igual que siempre:
cinco cuchillos han partido el agua
y once gallos acogen
desgañitados
los muros firmes de la tarde.
Solamente tú eres apto para morir,
y lo otro, los otros,
siempre permanecen posibles
frente a unos ojos de mirada fija.

Echémonos fuera de esto,
mercaderes de tiempo sin fronteras
y con todos los crímenes presentes.
Entre tú y yo irrumpe mi hombro
y luego toda la posibilidad del brazo.
Entre tu y yo penetra voraz la cabeza del ángel,
cuerpo aquí de mil nadas, ya en el aire,
y aire arriba reposando sus flores.

Trágicamente todo se aviene a persistir
cuando el vacío proclama su residuo
como el cristal revela
el ensueño glacial que nadie habita.

lunes, 10 de octubre de 2011

He cogido la manzana que mi hijo me lanzó

City Lights. Hiro Yamagata.

He cogido la manzana que mi hijo me lanzó;
exacta, sin rebote, fue directa a mi mano.
En la tectónica de la serenidad siempre puede sobrevenir
una gran erupción generadora de espacios nuevos;
la explosión de un sistema nervioso inescrutable como el universo
o el laberinto de un naufragio.

Los frentes del amor concretan el calidoscopio de una mirada explícita
cuando la carrocería de un objeto asoma desde sus cauces múltiples.
Luego, desaparece como un disparo
o como una pureza desmedida que se transforma en carcajada.

Yo os digo que hay una desnudez superior a la del hueso limpio;
es la fidelidad salvaje de la ternura,
la ceguera blanquísima en un oscuro resplandor,
lo intenso de la aorta inmediata a la sístole ventricular;
la entrada, hasta el encandecimiento, en el fuego de la inocencia,
esa insondable impresión que gira alrededor de un grito operístico.

sábado, 8 de octubre de 2011

En los campos de Jazz

John Coltrane, Cannonball Adderley, Miles Davis y Bill Evans. Sesiones del "Kind of Blue"


En el Cool

a Miles Davis y su quinteto
a Kind of blue

Yerba purpúrea en los campos de jazz.
Coltrane, con esbelto oleaje, lanza sus venablos metálicos.
Las bacantes vierten sus cuerpos
a la sabrosa, dulce esencia astral.

El saxo es un río de eufórica avenida;
azul de tanto cielo indómito.
Ah… los tímpanos aventados, navajas fulgurantes,
retratos de sudor en las aceras…
universales vigas de sonido.

¡Ea, solsticio cálido!
Color, Helios espléndido
en vecindades sin demora!
¿Quién eres? ¿Frugal ímpetu?
¿La inflamada mejilla de un saxofón febril?
¿Tibio tendón de bronce?
¿Una sien de doradas nieves?

Con la proa a un futuro vertido de ginebra,
mi copa es un oasis de vida traspasada.
Asumo la linguada ascensión de este ritmo
que bracean John Coltrane y Miles Davis
—dos cangrejos chiflados en astros de mercurio.
Ya estoy en más espacio que el que soy.
No son mis pies frontera al infinito.



En el Blues

a Robert Altman
a Vidas cruzadas

La palabra de lujo

―voces de oro en los anillos.
El alma rompe en penas
que fulguran como diamantes verdes en el agua.
El saxo toca el resplandor
―las notas recortan el aire como vidrios rotos,
punzantes… homicidas.

Veo el río tranquilo.
Siento su cara negra dormitando.
Siente el Sol como un arma
quemando sus culatas lentamente.

El niño ha muerto.
Un chelo llora en la ciudad,
llora en otras ciudades,
y ahora es este blues,
el humo de otro suicidio.

martes, 4 de octubre de 2011

Permanencia

Pepe y Eugenio en Cáceres

"Del padre al hijo voy yo”


I

Circunscrita en el óvalo del rostro
mi imagen sube a ti desde un fondo impreciso.

Sucumbiré en el hálito de tu palabra.

En tu mano quema mi mano.
En tu espalda nadan mis peces.

Me extinguiré en la llama de tu piel.

En la nitidez de tus ojos
anidarán
las luces de todos los nuestros.
Los que han sido antes que tú.

Me consumiré en ti,
pero persistiré en el calor de tu palabra
y en el resuello de tu piel.

II

Al vacío me asomo de tu pupila vasta,
toco el aire en tu rostro ―flor azul de la aurora.
Toco musgo cerrado que brota sin demora
en la extensión del pecho; tiento carne entusiasta.

Llena, sublime ser, el mar iconoclasta,
la sed voraz del tiempo, el perfil de su eslora.
Retarás el engaño, cosecharás su flora,
el hastío en el páramo, el reto en la subasta.

Común entre las máquinas, hallarás la ternura
en el frío dolor de las orcas suicidas.
Tuyos serán los vientos que esparcen los molinos,
la sed de las cromátidas en la piel encendidas.

Eres la evocación de una incierta aventura
―bálsamo de azahar en todos los caminos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La serpiente

Danger dans l'Escalier. Pierre Roy

Yo represento el exterminio.
En mí, se espesan,
ya irreparables,
todos los días que no han sido.
Estoy llegando a la certeza de que el mundo no existe para nadie.
Tienes gestos en el aliento, o en el deseo,
pero todo tiende a un final curvado,
donde el infinito se abre y nos atrapa como un desperdicio
mientras un magma en ti enfría lento
y fecunda la tierra
−una materia,
un pasado realmente consistente−.

El paisaje que miramos se hace sentimental;
la vida indigente esgrimiendo sus delirios,
el vaso de sudor en todo tiempo compartido.
Qué aterradora, de repente, la perentoria ruta.
La memoria se alza como una sangre coagulada,
ese despojo
de los designios aplazados.
Un lastre de negruras irreductibles
se deslizan en una niebla
que se parece a la melancolía,
porque allí brotan los ensueños de la emoción
porque la surcan barcos imaginarios
en cánticos que suenan bajo el aguas.

Cada ley me atestigua con obstinada (declinada) certidumbre.
La mirada extensa y blanquecina como una azotea larga,
blanca, que se nutre de un Sol perpendicular.
Los labios se desangran sobre otros desesperados labios;
dos lechos de azúcar sorprendidos en el instante de la crema;
dos mundos pendulares cuyos destellos tienen la magnitud de la vida.

Hay un hermético animal que saquea tu piel;
la serpiente de aquel laberinto de impureza.

martes, 27 de septiembre de 2011

El talud


Figuras en movimiento. Francis Bacon

Siempre se debe perseguir
lo que se evade
espantado hacia el mar,
la botella perdida
donde un espíritu enjaulado
sueña derrotas de pasión.
Siempre debe tenerse en cuenta
que todas las bestias demandan
algún momento de interés.

Y sé
que mis pies son cosas del infierno,
órganos que recluta el caos después de la muerte,
las conclusiones de mí mismo
en un estado de talud mental.

Dime, tú que progresas más allá de nosotros,
¿crees en el grito operístico
que estremece los fondos abisales?

viernes, 23 de septiembre de 2011

Amarcord

 Escena de "Amarcord". Federico Fellini.
“Amarcord”, contracción fonética de “A m´acord” en dialecto romañolo, que podría traducirse por “me acuerdo”, fue el título que definitivamente Fellini dio a la mítica película que se rodó durante 1973 en Rimini, en la región de Emilia-Romaña, y en los estudios de Cinecittá de Roma.
(Del libreto de la película “Amarcord”. Edición de “Planeta de Agostini”)

En la gruta sellada de la infancia
un soplo de la luz sueña el pasado
…Amarcord.

Recorro un laberinto de paredes mohosas
donde al final de un túnel
ondea una sábana blanca.

En la gruta invocada de la infancia,
caminos y luciérnagas
crecen en mí espacios clamorosos
―precipicios y aromas en el éxtasis
espectros
...Amarcord

Es un ruido de vidrios;
una hoguera callada
que se extiende
sobre un bosque de imágenes marchitas
… Amarcord.

Busco algún germen
o el tímpano que vibre
en el estrato de cincuenta años;

Es en el bar del pasado. Entre la luz flamea el polvo de la harina. Rayos sucios y miopes agrietan una sombra de imágenes ajadas entre voces profundas.
Hay botellas de vino soñando el mostrador.
Tojo y viento salvaje. Azoteas blanquísimas perdidas en la tarde. En la más alta loma, en las fachadas de la iglesia, vagabundea el tiempo quieto de un niño entre castaños; allí siempre es noche de estrellas húmedas, luna de mar y ostra de abril; allí, entre los laureles, se repiten el púrpura vivaz de las muchachas, el ruido de las tómbolas, la música y la verbena.

Unos dedos extraordinarios
abren estas imágenes
cuando diviso los castaños al mar,
disipado a lo lejos, tras el arenal blanco.
Desde lo más remoto
entra en mí la materia que no soy,
crecen en mí las carnes que ya no son mi carne
―cuerpos de arcilla fúlgida
…Amarcord.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Con todo el amor esperando


Habitaciones junto al mar. Edward Hopper

Muchas veces pasó
la vida
sin fama ni avidez,
como automóviles quietos sobre aceras relucientes,
como el rumor de fondo de labios
que aniquila la trama de un sueño,
la luna detrás de la voz
apenas una sábana de miedo.

Hay alguien que contempla,
enardecido, tu envejecimiento,
con la sublime intensidad
de la brasa de un cigarrillo
en la más lóbrega de las estancias,
un fulgor que esparce todo a lo lejos,
casi sin publicar.
Os juro que he permanecido indistinto sobre las olas
con todo el amor esperando
¡qué llantos tan largos y nítidos son las horas marinas!
la lealtad del ojo evalúa la mole de la espuma
a una cierta hora del día, siempre distinta siempre la misma,
como si se abriese durante un solo segundo
la puerta del vacío
llevándose las imágenes de un cuerpo ahogado.


martes, 20 de septiembre de 2011

Avísales cuando aparezcan


 El guante rojo. Giorgio de Chirico

Hay ciertos términos de subversión
donde el espacio se agarrota
y el tiempo entrega sus renglones
aferrándose al caos;
los pómulos de mar,
toda su incontinencia,
no ocurren,
o acontecen mil veces repetidos.
Allí, el universo
arrastra la quietud clarividente de lo inestable,
arde y difunde la cifra del desorden.

Dios nunca ajusta su guarismo fiel:
el cero,
muerte en la cruz de toda su nada.

―Avísales cuando aparezcan
recién nacidos
que traigan sus maderas nuevas
y sus mares circunstanciales;
luego podremos navegar
alegremente.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Persiguiendo al Cortázar que persigue al perseguidor

El perseguidor. José Muñoz.

Ahora sé que no es así, que Johnny persigue
en vez de ser perseguido…
Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny"
Julio Cortázar “El perseguidor”


Nota.- Johnny es un talentoso saxofonista de jazz, de comportamiento un tanto excéntrico, rozando
el surrealismo. En este personaje, Julio Cortazar quiso reflejar al genio del saxofón, Charlie Parker.


Él recorría un límpido tubo dorado
y aquellas urnas mortuorias
dispuestas sin concierto alguno.
Lo del genio y su escéptica presencia,
vino después,
cuando, desterrado a su fondo de gran saxofón triste,
penetró entre las hojas secas,
deslizándose en un helado museo de elefantes.
A lo largo de aquel túnel sonoro,
las horas se alojaban en la piel
como el brillante gas que agelgaza en la niebla,
escindiendo en racimos el agua evaporada
―líquida al instante del tajo.

Él dice que tenemos que perseguirlo todo
adelantando un paso para llegar a ver.
Perseguir al caballo turbulento
que trota entre nosotros;
Perseguir las serpientes que imagina la madrugada.
Perseguir a la gran pantera
que persigue la almendra ocre de tu pupila.

aunque no importa mucho
porque el escombro siempre se vacía
en un gran agujero negro.

martes, 6 de septiembre de 2011

A dónde he ido yo




Una ciudad a orillas de un río con crepúsculo. Turner

Desde las máquinas o los gigantes
ladera abajo vierto,
en una pincelada roja,
la sangre distraída,
las colmadas riberas,
las lágrimas,
sus más hermosas crines.

Desde allí arrastraré la lluvia
precipitando sus brillantes pérgolas.
Ensancharé los créditos del cielo,
los trueles errabundos sobre aquel despojo de nubes,
sus alvéolos atrapando todo el aire de los espejos.

Libraré a los insectos con sus sedas de vivaces crisálidas.
de élitros multiplicados y animosos.
Desde las más altas coronas
pronunciaré los términos del agua,
las voces que los hombres no revelan.

Sumergiré la desaparición.
Serán puros los ritos, infinita la luz.
Son los ojos sus sacerdotes.
La celebran, la sacralizan,
la mitifican.

Y tú, no llores más;
el amor es un polvo blanquísimo
que se extiende lentamente por las cánulas de las manos.
Aproxímate a mí mientras franqueo la frontera diurna.
Sobre una tierra antigua continúo buscando
a dónde he ido yo todo el resto del sueño.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Artificios corrompidos

La guerra. Xaime Quessada

Los hijos del vacío
no son tus hijos
son artificios corrompidos
como la esencia deleznable
que irrumpe
en el denuedo de las lágrimas;
son abismos
como inmensos globos hinchados,
como el odio,
ese óxido que desprenden los pómulos de los soldados.

Estas son las balizas del invierno,
muchas hojas quedaron fuera,
un creciente silencio
y el trapo de la soledad,
otras transitan la frontera
congeladas
como la turbamulta de la pena.

martes, 30 de agosto de 2011

Liberación del canto

Paisaje con trigo que germina. Max Ernst.

Espejo de entradas abiertas
en donde el fuego es coronado,
sombra arrastrada por los ríos,
sangre esparcida por la hierba
―la sangre ha de ser difundida
o seca tendrá que morir en los cauces propios.

Sangre, sombra y espejo,
voy al lugar común y fantaseo
en donde el ojo es atributo de claridad;
os doy la forma,
y aclamo.
Os doy la forma, la revivo
y la convierto en llama, doblo sus esquinas,
me acerco y vuelvo a renovaros.
Os aclamo porque la piedra del hombre es canto.

Yo no he sido encontrado en esta tierra,
por eso en mí la carne se interroga
¿Es polvo lo que aquí concierto?
¿Sienten aquí las horas su desdicha?
Tierra, los que aquí yacen,
no tienen nombre;
van de la nada a los despojos,
de los despojos al vestigio,
que en ti es la semilla,
que a las almas encumbra
desde el infierno.

Tierra, madre, tus hijos predilectos
son deseos baldíos
como grandes globos hinchados.
Arranquemos hacia delante,
hacia la imagen imprevista,
al final de tus cauces
habrá un mar fortuito con fortuitos peces.
Gocemos del pigmento de los horas,
de su agudo vigor climático.

Liberación del canto,
con tus dedos de humo
renueva la supervivencia.
La anchura invulnerable de tu roce
siempre está descotando el aire.
Esta es la hora de milagros nuevos.