miércoles, 11 de noviembre de 2015

La estación y las horas de noviembre (con Julio González)



Q Train. Nigel Van Wieck


La estación de Noviembre

Desde la ventanilla,
después del tedio,
el sueño se concentra
donde asoman en lejanía,
negros y rastreros, tallos escuálidos.
El sueño, el tedio
y el campo seco
en la fe de lo inabarcable,
por fin abierto a los abismos de la ilusión.
Así, soñando a todos los hombres
en su más íntima apatía,
llego a la estación de noviembre.
Es bueno el dolor que se toca a simple vista.
Me gusta este fulgor de luz hermética,
cuando se espiralizan,
palpitando, las raíces vivaces
del corazón.


Las horas de Noviembre

Qué ensueños, noviembre, tu nombre evoca
en horas septentrionales hacia el invierno
o en amarillo austral pujantes las retamas
floreciendo.

Tienes sabor de tierra, noviembre,
y de camposanto el tacto frío;
pero la vida infatigable llama
a la puerta de los días
y descubre en los ojos
la extensión jovial de los colores.

Oscurece
al norte,
al norte
el frío en los relojes;
al sur se abre la luz en primavera
y mi corazón va y viene
entre oraciones,
peregrino de un tiempo
que jamás se detiene,
el tiempo
que pasa,
pasa

y vuela

vuela

y no vuelve.


González Alonso


Estos poemas están publicados en el Foro de Poesía de Editorial Alaire, pertenecientes a la serie "Las estaciones y las horas", de la cual, mi gran amigo y poeta Julio González  y yo, hacemos una entrega cada mes.

2 comentarios:

Julio dijo...

Qué bien llegan las horas al reloj de tu estación de tren, Ferreiro. Un abrazo.
Salud.

José Juan Martínez Ferreiro dijo...

No tiene sentido una estación sin su reloj correspondiente.

Gracias por pasar, colega.

Unha forte aperta.