martes, 16 de agosto de 2016

Rejas



Entre los chopos pasa un ancho río
llevando todas las cosas del verano:
Las rejas que dividen la sumisión del día,
la pasión de fondo de un cuerpo
que calentó una piedra,
la sed de las horas vacías,
la manzana madura de la ausencia…

II
Sobre aquellas costas los árboles
estaban secos y los pájaros borrados.
A veces el mar traía otras tierras,
los murmullos de un barco que soñaba
y regiones con lluvia esculpida.

III
Dime de la flaqueza.
Háblame de nosotros mismos.
La vida es infinita, sólo seremos muertos
en la conciencia de los otros.

IV
Ya que no sabes
de la lasitud de las almas,
te descubriré el fuego
y su materia delirante.

V
Todos los días nacen seres
que pueden concebir
la geometría de una extraña paz.

martes, 2 de agosto de 2016

En los diamantes



En los diamantes
la materia descubre los fulgores de un sueño;
la fantasía fecunda la luz
de una playa que se retira,
o la piel tersa de un cuerpo sin nadie,
el truco cegador de lo visible.

En un diamante se destruye el agua
en el inicio de lo infinitamente poderoso,
cuando en un estallido todo se hace solar.

En los diamantes la materia descubre
la creación de un fondo de estrellas
con su lejanía ya muerta,
ese punto oscuro
donde las almas absorben sus desiertos.

En los diamantes
el mundo se prolonga en una música visible
y se hila el blanco en la cadena de las formas.
Aquí se abrevia la fuerza de un latido,
el pulso de una mano breve.

miércoles, 6 de julio de 2016

La montaña sobre los párpados

Desde Lugo, bajando los montes de “A gañidoira” se llega a Viveiro.

Centellea el silencio sobre un tiempo
trasnochado de caras, frío y sórdido;
podrido de años quietos que se olvidan
en la floja tiniebla de la altura.
El alma arcana del invierno
ha nacido esta vez con mucho espanto.
La hierba se arrincona.
Sueña el hongo agua y tierra pausada.
Despierta la montaña desafiante
a la errática alma de los potros,
a la tristeza de las vacas
y al denso planear de los miñatos.

Tarde o más lejos,
el fulgor verde de los bosques
azulea sobre las aguas
y enardece pequeñas lanchas quietas;
cavila gris el humo de los barcos;
atrapa en manos francas, enseres y aparejos,
cantos y resplandor de peces
que tal vez algún ahogado
pinceló, ocres, en Celeiro.
Toda esta impalpable nervadura,
izada por corrientes locas,
transborda el gusto a mar hasta el rocío de los pinos,
encandeciendo la mirada gris
de gentes y lugares, penados y otras sombras
―muchedumbre callada sin el rigor de los relojes;
flores raras, colores desplomados
de la montaña quieta sobre los párpados,
en el rumor de oro
de una mañana que se muere sola.

domingo, 19 de junio de 2016

Os álamos de Area



Area, praia, dunas, pinos e álamos

Os meus ollos abritan unha leira de acougo
aquí, nos álamos de Area,
mentres sinto morrer o mar.
É no bater costeiro onde a alma sucumbe.
Ah... as vizosas augas de fondas criadeiras!

Nesta quietude que respiro,
penetra en min o arcano dos insectos,
o aire maduro dun á,
a colleita nova da terra.

Alá ao lonxe os cumes do Vicedo
xiran a todo vento
o desatino dos muiños
aquí, moi preto, o varal
creba a súa luz de pau seco,
ceiba o ferreiro os seus filigranas no aire,
refulxen ao Sol os pedais no alto
a bicicleta, e detrás, ao fondo,
farfalla a escuma un remuíño excéntrico.

De súpeto, todo se aquieta.
Enmudece a prata dos álamos
ao cegador azul.

Silencio.

Hoxe, a mañá
discorreu a través de min,
e ollei doutra maneira.

Version en castellano:

Mis ojos abren un taller de aliento,
aquí, bajo los álamos de Area,
mientras siento morir al mar.
Es en el retumbar costero
donde mi alma se derrumba.
¡Ah… las fértiles aguas de profundas matrices!

En esta quietud que respiro,
penetra en mí el arcano de los insectos,
el aire maduro de un ala,
la cosecha reciente de la tierra.

Allá, lejanas, las cumbres de O Vicedo
giran a todo viento locuras de veleta,
aquí, muy cerca, la baranda
cruje su luz de palo seco,
un carbonero lanza al aire sus filigranas,
brillan al Sol los pedales en alto
la bicicleta, y detrás, al fondo,
balbucea la espuma un remolino excéntrico.

De repente, todo se aquieta.
Enmudece la plata de los álamos
al cegador azul.

Silencio.

Hoy, la mañana
ha fluido a través de mí,
y he mirado de otra manera.

viernes, 20 de mayo de 2016

La Insua



La Insua. Lobadiz. San Jorge. Ferrol

Es aquí donde rueda, por estos campos curvos,
imperecedera, mi infancia.

Se aquietan los colores,
los primitivos cielos,
cumpliendo la onomástica de la Insua y sus ruidos.

En la profundidad,
despierta la expresión saludable del tiempo
y se enciende doblándose
en Lobadiz, donde el aire se ensancha.

He separado espuma y tierra.
Desde el nivel de la camposa
está la distancia sin brújula,
y siempre el mar,
encorvado bajo las piedras,
reconstruyendo un mito de aromas instantáneos.

En algún sitio desnudado en mí
se despliega el candor de una ternura antigua.
Arde la exploración del ver
y germina de nuevo en un territorio
que solo es realidad en los paisajes esenciales.

No hay otra ilustración sino mirar
y apropiarse de todo, porque todo es en mí
espontáneamente.

Es difícil parir un paisaje,
por eso se concibe en madurez.
La madurez es árida.
Es un contorno cálido y explícito.
Su ocaso es penetrante y su acento más puro.

El paisaje se extingue en mí,
pero yo permanezco porque soy tiempo
y el tiempo vaga de un lugar a otro
sin darse cuenta.

lunes, 2 de mayo de 2016

The Lawrence Tree. Georgia O'Keeffe.


Descendí a un recóndito lago.
Eran robustas
las extremidades del agua;
sus cartílagos se hundían en mi vientre.

Lamido por el humo sólido de las profundidades,
hallé toda una estirpe de cuerpos ahogados;
la anemia de sus llagas palidecía
como la luz hinchada que atraviesa
los ojos de los perros viejos.
Sentía mucha angustia, como la que sienten las balas
antes de llegar a la carne,
y oriné largo
en la penumbra de la distorsión,
enjuagando la frialdad de aquellos muertos.
Es ávido el dolor que llora dulcemente.

Tuve que coronar la superficie
porque ya me enviciaba el moho amarronado
que me crecía
en el costado izquierdo del corazón,
donde los ruidos son insoportables.
A las afueras de los paisajes absolutos,
donde las más nubladas horas,
me detuve saboreando
sus creaciones enigmáticas,
con el temblor urgente y tartamudo
de dos pezones en las manos.
Así quería yo todos los exteriores:
Lujuriosos volúmenes
con la ilusión del viento en las velas marinas.
¿Habría de encubrir tamañas voluptuosidades?
Debería pensarlo, porque si no, tendría
a todos esos viejos cercándome
con sus ojos abiertos a la infinitud.

La carne
o más bien sus metales dulces
siempre quieren doblar la permanencia
para invertirla y celebrar la vida en la locura.

Así he crecido yo, en un revés de la razón.

martes, 26 de abril de 2016

Ese tigre imaginario

Le Bonheur de vivre. Matisse

Con un dulce perfume y cómplice alegría,
se concentra el calor
en la ruina de la materia,
simulando un cuerpo desnudo
hechizado en la llama
que implora en todas las maderas.

El canto se amordaza
mientras tu rostro pesa como un busto de plomo
abriéndose a los senos de una almohada infinita.
Deja que el preludio del aire
dibuje su propia ribera
y que la danza se deslice
en la bellísima
consagración de tus caderas.
Devuelve el agua a su venero,
a donde la sustancia no es enigma
y la pureza emerge
en un cauce recién despierto.

Yo siempre evoco
al animal que devoraba tu vientre.
Ocurrió en una hora extraviada,
en un espacio muy sutil
al fondo del espejo.
Allí crecen los pastos más jugosos
y vuela el pájaro espontáneo
que ve en el sueño despuntar
la razón, ese tigre imaginario.

viernes, 15 de abril de 2016

La casa de los otros

Casa junto a la vía del tren. Edward Hooper.



Siento como si fuese el porvenir de otro,
y todo lo que me es cercano
como pura especulación:
Contemplo, derramando el sol,
a esas muchachas alejándose
con dos astros que giran en sus pechos,
que los navíos que transitan
sus ojos, me abandonan como a un puerto en ruinas.

Siento como la realidad
solo excita los dedos que la tocan
mientras en el vacío del pensamiento
van cayendo cristales rotos.

Siento que todo lo que se aproxima
es sólo el hollín de los sueños,
la casa de los otros, el batán de la sombra,
el temblor de un alma que pasa.

También me llena de misterio
la fantasía de los tiempos idos,
los pigmentos, los signos de las gentes ya muertas
su interminable agitación
en las películas antiguas.

martes, 5 de abril de 2016

Así era el hastío

Sábana al viento


Como un cuerpo rozado
por caracoles de lentitud extrema,
así era el hastío
que brotaba de aquellas horas:
El continuo morir
de las olas en mar abierto,
el calor asediando
la extensión de una distancia postiza,
una sábana blanca sumisa al aire
rizando todo el tiempo que perder,
así era el hastío que se mostraba
sobre aquel fondo
de tigres nítidos.

martes, 1 de marzo de 2016

Romance del mediodía

Pinturas indias.

El mediodía es inmundicia
o demolición de lo visto.
La rigidez solar asfixia
el pulmón de algunas preguntas
y toda impugnación es tenue ceniza.
La insoportable nitidez,
como una ternura vacía,
separa sus dalias de piedra.

En esta latitud del movimiento,
la tierra embarazada desentraña las horas,
arrastra, concibe los cuerpos,
para habitarlo todo, traspasado el abismo.
En esta latitud del pensamiento
la serpiente exaspera
cuando la vida sueña su veneno,
y la condena crece
hacia abajo como crecen los muertos.
En estas latitudes, la nostalgia
también es el desprecio
—su ala inmóvil
contiene el aire entero.

sábado, 27 de febrero de 2016

Separamos un sueño

Sirena alada (Urbano Lugrís)

Separamos un sueño estimulante
donde el mar amplifica su vasto anonimato.
Fue un acontecimiento que apuró
una avidez melancólica.

Separamos un sueño delicioso
que era el fundamento del juego,
el del color de las bombillas nocturnas
requebrando las sombras
en la playa plata de luna.

Separamos un sueño conmovedor
que era la trama del cántico,
el de la ambición de los grillos
por colmar los campos eternos,
el del lamento de las fuentes
por el agua extraviada,
el de las calles espesando el eco
de los pasos ya idos.

Separamos la fragancia del sueño,
el de los establos abiertos
al cielo azul.
Sentíamos la lejanía del pensamiento,
su circunstancia inútil por el callado amor.
En cada ojo revelábamos
el charco limpio
de los recuerdos desbordados.

lunes, 1 de febrero de 2016

¿Recuerdas, Claire?




Fotos de Diego López


¿Recuerdas, Claire,
las garcetas picoteando el fango
en las marismas de Baldaio?
Tenían deslumbrantes gemas en los ojos.
Parecían un templo de blancura,
desequilibrando el vigor
con las desordenadas patas.

Los pájaros adquieren una voz
y una edad insondable, difícil de ubicar.
Su rebelión nunca enmudece,
y si no, acércate
siente cómo navegan en el aire
con todo su velamen desplegado,
comprueba que además del consuelo de su paso,
es impaciente la demora del regreso.

Y nunca olvides, Claire,
que en mí también,
como en los pájaros,
nada será infundado,

porque una vez desnudada la tierra
también se mudarán las rejas de mis huesos;
que ya fuera de mí, en ignoradas piedras,
me extenderé a tu lado,
en cualquier ruido de luz
o sombra,
en cualquier capilar de savia
o sangre,

porque a ti pertenecen
el linaje solar de la dulzura,
la distancia del oro respirado a la tarde,
los gallos de la madrugada,
y algo nocturno, todavía innombrado,
que tiembla en la flor de tu piel.

Porque incluso a ti pertenece la hartura del olvido,
ese universo en expansión
siempre a punto de recordar.

jueves, 28 de enero de 2016

El duelo de Corbain

Arena. Lola Maria Alfaro

Corbain miraba el vestido de Claire
que el oleaje había devuelto a la ribera,
pero el cuerpo no estaba;
disuelto rápidamente, se perdió entre piedras y lodo;
se reintegró a su estrato correspondiente,
como un detrito más
del sueño geológico del planeta.

Mucho tiempo después,
cuando el agua se evaporó,
parecía verla de nuevo
en esas formas caprichosas que las nubes moldean.
Sí, todo en ella fue apariencia,
—se decía Corbain—
aparentaba un cuerpo que al moverse
simulaba maravillar otros cuerpos
y terrores imaginarios.

Recordaba aquella escena imborrable
que idearon escudriñando en la perversidad:
Era en Sierra de Lobos.
Muy adentro del bosque,
la noche parecía enferma
y las parejas del amor yacían
pudriéndose en los cois y en las hamacas,
destrozados sus vientres sanguinolentos
por las alimañas nocturnas.

Durante aquella época Corbain fue muy dichoso.
Recordaba que siempre que se besaban
ponían alfileres en los labios.
Ahora,
sus lágrimas caían con un ruido ensordecedor.
Sus manos parecían dos ataúdes de silencio.

Desde su desaparición,
fabricaba sus propios días
o vivía en los ya idos,
que eran los más inesperados.

Y siempre solo, nunca se encontraba.
Tampoco lograba saldar
haber soñado
la proporción más dulce de lo suyo,

eso que le pedía ser
como la ofrenda de la lluvia,
por su invasión,
la humedad acariciadora,
por su llama de vida, el inmanente trazo,
por el alimento de tierra interminable
con el que ella le entregaba el amor…
y sentía muy íntimamente
la nieve de recuerdos
que los días escombraban en sus sienes,
ese halo de belleza que fulgura
cuando hasta las palabras sienten.

Aquella tarde, Corbain recorría
la orilla de la playa
pensando en ella,
y veía como la traza
de sus caderas, siempre ciegas y balbucientes,
todavía quedaba esbozada en la arena.
La imagen de sus chanclas
y sus gafas de sol tiradas en el suelo,
abría en él
una sensación de abandono,
quieto e irrecuperable.
Eran objetos vívidos
con un alma extraplana,
indiferentes a la salvación eterna.
Entonces Corbain,
mirando al mar interminable
murmullaba despacio:
“Vengas con las raíces de la sed
o vengas
con la tormenta mar adentro,
con la hierba del frío
o en las orillas de la sombra,
jamás la seda parda de la tierra
aliviará la herida de tu tiempo”

jueves, 14 de enero de 2016

Van Gogh

Lirios. Van Gogh

Pretendió ver lo que la luz no ve,
las sustancias ensimismadas
y los lienzos del cántico,
los fragmentos de sí mismo
por fin magnificados.

Mientras las penetraba el humo
de una vieja creencia,
resplandeció la esencia de las formas,
por eso se hicieron metáfora.

Él zarpó río arriba, hacia las fuentes;
percibió la repetición de la tierra,
de sus lirios después del rojo,
de su saber inevitable.

Requiriendo la ausencia
como en una laguna imaginada,
su pensamiento se hizo espuma
o nieve,
para que un súbito color
sumara sus fortuitas magnitudes.

martes, 5 de enero de 2016

La mujer entrada, la mujer preludio

Desnudo acostado. Modigliani

La mujer entrada, la mujer preludio,
la gran mujer en la revelación del verde tronco,
del triunfo de la piel bañada en la saliva
y en la humareda del sudor.

Ojos y sienes fuertemente sensitivos,
su canto golpeaba el bosque,
vibrando las maderas de repente.
Su tormenta rompía el núcleo;
desviviendo la furia se invadía.
Vertida toda junta
se enamoraba del fulgor de las profundidades.
Los eléctricos dedos mimaban con candor
las flores blancas de los muslos,
la carne ardida a fuego lento.

Acaricié sus pechos
como a dos aves coloradas
o a los geranios de otro mundo,
y fue por eso que la amé
con la esencia que viene de lo otro.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La noche en éxtasis

Noche estrellada

Llevaba en el cuello,
aherrojado,
todo el remordimiento,
y unas garras, pacíficamente,
me arrancaban la razón.

Le miraba los labios colmados de flores,
la suavizada piel recubriendo los campos,
encandecida, fulgurando los sedales de hierba.
Las palabras que pronunciaba
se izaban como pájaros
cuando el viento batía sus ruidos.

Ella pedía
unos mares con anchos pies
para establecer tránsitos
inabarcables.
Lilas para llorar la alucinación de los muertos.
Esperar de la tierra, esperar de las aguas
que fuese… que existiese.

En medio de los aullidos,
el desencajado semblante
al sur de la condena y sus consuelos trágicos.

Desenvainó el semblante
para rebanar con su filo
la nostalgia que la encumbraba
con una palidez lunática.

Después, sentados
al borde de una noche en éxtasis,
observamos todas aquellas lámparas encendidas.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Era lo amargo

Holland Hotel. Richard Estes.

Miro la calle
mientras abre sus fauces húmedas.
El mobiliario urbano
hiede a viciadas memorias nocturnas;
aun así es tranquilizador
acechar el silencio
en espesores o cadencias separados
que huyen de la tensión inútil de la luz;
mirar en las esquinas
los sepulcros de claridad,
aun tibios,
como el escombro que depone
el rendimiento del amor.

Más allá del oprobio de las horas,
está el hambre contaminada
de los exánimes escaparates
−temblores que tantean las cosas y los cuerpos
en una ceremonia
que representa otra vida.

Ya nunca más seremos
esos residuos
ni cendales ardiendo
porque la noche no devuelve nada
ya que ni huesos tiene.
Es como un aire
muy denso y contagioso
que solo sirve
para después de los rituales.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Corbain encendió la palabra.

Ocaso. Mónica Ardaiz.

Cuando agonizaba la tarde
Corbain encendió la palabra,
escribió: “Cada rayo que muere es un cuchillo
y mi casa está acuchillada,
está vertiendo
sus metales sagrados en declive hacia al mar".

Corbain sentía especial aquella tarde,
no sabía por qué, pero sentía
como un augurio de tragedias:
La luz amarga deslizándose
en la espectral ventana del estío,
el ocaso antiguo, lejano;
el viejo tigre dormitando
a los pies de la noche…
Sentía como si el ocaso fuese
la última imagen detenida
en la mirada de los muertos.
La tarde, el ocaso…la imagen
muerta pero existente.
La imagen lacia
donde nos vemos a nosotros mismos.
La imagen
que la memoria teme
como el agua a un vacío inmarcesible.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Na imaxe do amante


El sueño. Picasso


Na límpida imaxe do amante,
a terra sobe as túas senes,
á luz duns ollos
que esperan sempre.

E é un río a túa boca
e son escuma as túas costas,
e sempre levas os aloumiños engurrados,
e sempre afagas
os amores
que alentan as nádegas brancas.

A miña voz óese no vento
perdéndose ao fondo das augas
e ofrece os paxaros
—ese febre do esteiro—
os froitos teus
e os teus peitos cheos.

E que facer coa música e co ventre das nais,
cos caraveis
murchos nas miñas mans.
A choiva
sen ti
fáiseme insoportábel.


Versión en castellano

En la límpida imagen del amante,
la tierra
sube a tu frente,
a la luz de unos ojos
que esperan siempre.

Es un río tu boca
y un mar tu espalda,
y siempre llevas las caricias arrugadas,
y siempre alabas los amores
que excitan
las nalgas blancas.

Mi voz se oye en la brisa
perdiéndose al fondo del agua
y ofrenda a las aves
–ese aliento de la marisma–
los frutos tuyos y tus pechos llenos.

Y qué hacer con la música y con el vientre de las madres
con los claveles
marchitos en mis manos.
La lluvia
sin ti
se me hace insoportable.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La estación y las horas de noviembre (con Julio González)



Q Train. Nigel Van Wieck


La estación de Noviembre

Desde la ventanilla,
después del tedio,
el sueño se concentra
donde asoman en lejanía,
negros y rastreros, tallos escuálidos.
El sueño, el tedio
y el campo seco
en la fe de lo inabarcable,
por fin abierto a los abismos de la ilusión.
Así, soñando a todos los hombres
en su más íntima apatía,
llego a la estación de noviembre.
Es bueno el dolor que se toca a simple vista.
Me gusta este fulgor de luz hermética,
cuando se espiralizan,
palpitando, las raíces vivaces
del corazón.


Las horas de Noviembre

Qué ensueños, noviembre, tu nombre evoca
en horas septentrionales hacia el invierno
o en amarillo austral pujantes las retamas
floreciendo.

Tienes sabor de tierra, noviembre,
y de camposanto el tacto frío;
pero la vida infatigable llama
a la puerta de los días
y descubre en los ojos
la extensión jovial de los colores.

Oscurece
al norte,
al norte
el frío en los relojes;
al sur se abre la luz en primavera
y mi corazón va y viene
entre oraciones,
peregrino de un tiempo
que jamás se detiene,
el tiempo
que pasa,
pasa

y vuela

vuela

y no vuelve.


González Alonso


Estos poemas están publicados en el Foro de Poesía de Editorial Alaire, pertenecientes a la serie "Las estaciones y las horas", de la cual, mi gran amigo y poeta Julio González  y yo, hacemos una entrega cada mes.

domingo, 25 de octubre de 2015

Éramos todo


Playa de San Jorge. Ferrol

Escribo hipnosis

en el tiempo circular del recuerdo,

un horizonte donde el sol

aparece de nuevo,
detrás de un ramo que florece
sobre la tierra inanimada
y en el aire que junta estas alentadas visiones.

Entre las rejas impalpables hay un parpadeo 

prendido en una imagen.


Raíz de la memoria.
Alumbramiento. 

Abandono de la presencia.

Un vértigo alto, una nube sin espacio.
Galerías de astros como palacios encallados.

Mármoles blanquísimos.
Caminos con frutas que chillan

en la mudez de sus colores.

Las giratorias arrugas del calor.

Sed y hambre de concluir en algún lugar de mí mismo.


Nosotros,
de niños,
éramos ricos

porque éramos todo.

Éramos la casa y su hogar, la luz y su azul.
Éramos el pinar, los grandes bolos de granito,
los túneles, la playa, el mar,

sí, también éramos el mar,

el misterioso mar adonde, 

de vez en cuando, 

subían los ahogados.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Yo acarreo los mares del presente

B de Bass Rock. Roberto González Fernández

He llegado a este mundo
de un golpe desmedido;
cuando todo nacía de repente
y las leyes del átomo eran entropía orbital.

Lo afirmo muy rotundo:
Yo traigo la sabiduría y el peligro de los milenios;
toda su trampa se concentra en mí
aviesamente.

Yo acarreo el mar de las horas.
Mi sueño es la revelación:
un pájaro en la bruma me muestra sus entrañas
palpitantes de augurios —su luz de hebras idénticas.
Un latido primario me consume
como al lignito en fuego.
Se estremecen en mí las brújulas
donde giran las aguas de los días
—mis diamantes—
con la pesantez de una lluvia sin sentido
o un fragmento de música sangrada.

He desplegado el filo del labio comunal
en el sabor urgente
a máquina incendiada o a disparo en la nuca.
He aproximado su envés
al tacto consentido de una navajada en el ojo
—sí, esa del perro andaluz—
abriendo el cardenal de la memoria,
la ilícita expresión en el lado de la demencia.

Doy mi carta de azares a la ilusión de la diáspora,
sin redención alguna.
Doy esta vida al entusiasmo y a sus declives,
que de repente son despeñaderos.

Dos mareas ascienden, una detrás de otra.
Dos aguas y dos noches
en el advenimiento de la profundidad.
Dos aguas y dos noches
crean en mí el matorral humano
y la vulva de su consciencia.

La libre pérdida de Dios
es lo que yo propongo
—la llama de su número
ardiendo la emotividad.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Muchacha en la ventana

Muchacha en la ventana. Salvador Dalí.


Mirando al rompeolas,
su espalda es la distancia
sin el cartílago del aire.
El aroma del frío es sólido;
se agrieta su acritud
al intentar asirlo con una mano al frente.

La providencia callada del rostro,
el aullido de la memoria,
la metalurgia de la eternidad,
se mueven en la droga de afluencia
que es el ocio marino;
el equilibrio que sugiere
una señal en el azul,
ese fulgor que me encadena
a la primera refracción,
el polvo donde la hermosura
simbólicamente
se expande entre sus nalgas planetarias.

La fragancia de la mirada
partiendo
de las ruinas de Troya al descanso de Ítaca.

martes, 18 de agosto de 2015

El augurio de una vida

Albero habitado. Riccardo Schweizer

En lo más insondable de las charcas,
donde lo simple ajusta sus ensayos,
hay un agua fecunda
y un cielo vertical.
Ramos de algas
dejan allí sus jugos esenciales,
y siempre, al anochecer,
se hunde
algún pez transparente.
¿De qué sustancia se construye
el augurio de los mares?

En el sarmiento de la niebla
palpita un vino añejo
doblado
como un pensamiento de humo.
Tú desnudas las lágrimas
y destilas la tinta del amor que perfila los cuerpos.
¿De qué sustancia se construye
el augurio de la carne?

En el sosiego de los cementerios
la penumbra te descompone poco a poco
porque invariable
algún acorde de la muerte
se agarrota continuo en el silencio.
Tu corazón yace pálido como el platino.
¿De qué sustancia se construye
el augurio de una muerte?

Siempre pareces ascender
cuando soy uno en ti
en el más hondo sueño.
¿De qué sustancia se construye
el augurio de una vida?

sábado, 25 de julio de 2015

Corbain en el banco de Loiba

Este banco, y el promontorio que continúa, está en Loiba (cerca de Ortigueira) al pie de un impresionante acantilado abierto a un mar infinito. 


Divisando desde este acantilado
surco la misma singladura de todos los navíos
que al fondo de la tarde sangran.
Navego la misma derrota,
incendio el mismo miedo
y arrostro los mismos maderos de todos los barcos.
Confieso el mundo como si fuese un sueño:
La barbarie de un monte hundido y crucificado.
El néctar de una noche llena.
Todo el sentir partido ante el asombro de lo desconocido.

Llevo muchos años viviéndome
en un prodigio imprescindible,
con ruidos ensordecedores
que podéis escuchar observándome desde lejos,
cuando una vez devuelta la memoria,
se forma una tormenta de ceniza,
y lo otro
me nombra en un tiempo vacío,
pleno de sombra.

Las horas y sus cauces acabarán
como no acaba el polvo, como el agua nunca se acaba.

martes, 7 de julio de 2015

A ras de tierra



A ras de tierra. Míriam Gónzalez

La pena, ese humo secreto
a ras de tierra,
casi serpiente,
sustento
que impide al olvido olvidar.
La pena, una sirga negra
que recorre un palacio blanco,
esos brillos sin fondo
que justo empiezan antes de soñar.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sobre el cuadro "Sin título" de Miriam González


Sin título. Miriam González

Un manojo de lirios anillados
en el rojo, voraces en el blanco.

O tres olas de mar que tienden
al pálido semblante de los ahogados.

Una blanca limitación
de cortinas simbólicas
velando el tremolar
de las pieles salvajes.

sábado, 23 de mayo de 2015

Corbain y los signos imaginarios



Corbain miraba aquellas nubes
que parecían la pintura para algún monumento,
tan bruñidas, tan negras,
desplomándose como cachalotes en los abismos celestes.

Río abajo, la montaña desierta, la tierra consagrada a sus huéspedes,
a los fuegos de sus bolsas de sol, de su oro y de sus corolas amarillas.

Corbain sentía la magnitud del azul
bajo el resuello del claror evanescente.
Era el tiempo de las promesas, de la esperanza como una hierba limpia
perpetuamente silenciosa,
Era el tiempo de las cruces inmaculadas levantando sus brazos cristalinos.

Como respuesta a la sucesión de la conquista solar
Corbain abrió la mente, las entrañas
donde crecían las imaginarios signos de un poema críptico y cerrado.
Allí iba soñando los ríos calientes, los fuegos secos, las espumas antiguas,
soñaba el tiempo agonizando su ira desinflada,
más cruel aun que la enérgica sangre de los gritos.

sábado, 16 de mayo de 2015

Reconstrucción (a partir del cuadro "Reconstrucción" de Miriam González)

Reconstrucción. Miriam González

Mi rostro empalidece
cuando veo girar
despacio
estos papeles blancos, esas cifras,
cuando miro hacia atrás
y todo arde.
                    
Hablo del miedo
de alguien elegido al azar,
de una mujer que casi ha sido.
Hablo del miedo germinal
como una metástasis blanca
—los alambres en círculo
y el mundo en sí mismo encogido.

Pero seguro
tu corazón bombeará
toda la sangre de aquel dolor mínimo
y el bosque girará de azules enramado.

miércoles, 29 de abril de 2015

Corbain y las aves sin límites

Aves en vuelo. Rosa Halloween

Entre las grietas del pinar, Corbain miraba atento el transcurrir de las aves
como pasos sin ruido.

¿Cuál sería el sentido de este lugar en el mundo? ¿Podría explicar un poema
los gestos de la luz involuntaria,
el sentido de estas criaturas que sin límites se alejan?

Le parecía como si en los mares del cielo se hundiesen
la dureza del color y las brisas sin tiempo.

Corbain miraba ahora la inquietud tras las aves.
Pensaba que todos los vuelos desnudan algo trascendente,

que una gran ceremonia sería necesaria
para explicar las limaduras de las horas ya idas
o todavía no pronunciadas,

que en la lujuria de sus versos iba sedimentando una insólita efervescencia,
que el verdadero crimen
era no querer penetrar los enigmas de la imaginación.

que sí,
que inequívocamente habría aves sin límites,
donde quizá no sombrea la luz.

lunes, 13 de abril de 2015

No pulo da orixe

Cristais húmedos.


Foi alí mesmo á beira
do nacemento,
que me decatei dos ríos
vencidos e a luz en fuga.

Foi alí mesmo,
no amnio do sentir, no pulo
da orixe,
cando a historia non tiña
historia, e ao final da eternidade
só había cristais rotos
tintinando nun fulgor defectuoso.

Si, foi alí mesmo,
cando eu era o Sol.



Versión en castellano

Fue allí mismo, a la orilla del nacimiento,
que me di cuenta de los ríos
vencidos y la luz en fuga.

Fue allí mismo, en el amnios del sentir,
en el impulso del origen,
cuando la historia no tenía historia,
y al final de la eternidad
sólo había cristales rotos
tintineando
en un fulgor defectuoso.

Sí, fue allí mismo,
cuando yo era el Sol.

sábado, 4 de abril de 2015

La estación de Carril

La estación de Carril (Vilagarcía) inaguró el primer ferrocarril de Galicia

Despierto
y en el puro apretar de un sueño ruidoso
miro desde la ventanilla al mar
que aparece ante mí
como una realidad auxiliadora.
Estamos llegando a Carril
donde se desgajan
las más antiguas pieles
del humo ferroviario.

Obedientes, los ojos van sellando la tarde
y ensayan nubes que en mi distracción
son como la melancolía.
Espero que esta noche se empreñe de vida,
que los caminos de hierro eleven
sus paralelas de fulgor interminable.

Pienso en el tiempo y en los caminos,
infinitos caminos
que la memoria de los trenes
va devorando,
y que a las estaciones
principian y alimentan
con sus efímeras y anónimas formas.

No sé por qué me vienen a la mente
estos versos de William Carlos Williams:
“Una rosa es una rosa
y el poema lo iguala
si está bien hecho”;
especulando en ellos
le apunto a Williams:
“The rose poem is just a word;
una rosa, la otra rosa,
la sublime, la inigualable rosa
muere en nosotros
en cada camino consumado”.

sábado, 14 de marzo de 2015

Cando as palabras senten



Miles de pequeñas flores tapizan el suelo del desierto más seco del mundo,
gracias al efecto de una improbable lluvia.
Pintura de Sepúlveda.

E sempre só, nunca me resolvo
na pronta luz do día
ou na postrema noite
da sombra.
Tampouco consiguo saldar
ter soñado a extensión máis doce
do teu.

iso que pide ser promesa na marmaña,
pola súa invasión,
a humidade acariciadora,
pola a súa chama de vida,
os seus indistinguíbeis trazos,
polo alimento
de terra interminabel
co que ti me entregas o amor...

a neve ou pluma dos recordos
que os días axuntan nas tempas,
o halo de beleza que fulgura
cando as palabras senten.

Versión en Castellano:

Y siempre solo, nunca me resuelvo
en la próxima luz del día
o en la tardía noche de la sombra.
Tampoco consigo saldar
haber soñado
la proporción más dulce de lo tuyo,

eso que pide ser la ofrenda de la lluvia,
por su invasión,
la humedad acariciadora,
por su llama de vida, el inmanente trazo,
por el alimento de tierra interminable
con el que tú me entregas el amor...

la nieve o pluma de recuerdos
que los días escombran en las sienes,
el halo de belleza que fulgura
cuando hasta las palabras sienten.

viernes, 6 de marzo de 2015

Lembra


Acantilado. Joaquín Risueño

Lembra a fragrancia dos piñeiros
naquel intre incendiado.

Acorda o agochado perfil
rendido ao sol;
o estalido dos croques,
os seus talos curvados ao pé dos cantís.

Lembra as túas cadeiras
trenzadas de astros mornos;
a calor de deriva
calando a pel
...o devezo das bocas.

Acordo eu
a augaforte do teu rostro;
é órbita dourada
o seu ruído na memoria.

Versión en castellano:

Recuerda la fragancia de los pinos
en aquel momento incendiado.

Recuerda el velado perfil
rendido al sol;
la explosión de las dedaleras,
sus corolas curvadas al pie de los cantiles.

Recuerda tu cintura
trenzada de astros tibios;
el calor de deriva
empapando la piel
...el ansia de las bocas.

Recuerdo yo
el aguafuerte de tu rostro;
es órbita de oro
su ruido en la memoria.

domingo, 1 de marzo de 2015

O murmurio do piñeiral

Fotografía: Pinar. Liki Fumei

O murmurio do piñeiral
asubía na ausencia
do outro, do que foi,
que xa non me lembro que era
e que se espalla
leve no aire.

Versión en castellano:

El rumor del pinar
silba en la ausencia de lo otro,
de lo que fue,
que ya no me acuerdo qué era
y que irradia leve en el aire.

lunes, 16 de febrero de 2015

Cando comecei a soñarche


El sueño. Franz Marc.

Cando te soño,
o mar sempre lourea e alóngase
nos ollos
dunha mirada chea.

Cando te soño
o espazo móvese dentro de min,
nun silandeiro río prateado.
E cando é máis ancha a luz,
a auga cristaliza en pedra rubia...
mentres as miñas mans
van dando a tua forma
a todo aquilo
que tocan.

Cando comecei a soñarche
foi no solpor que vin aquelas urnas
escintilando
nas tempas dos piñeiros.

Cando comecei a soñarche,
o canto era innumerábel…
Falo dos ventos quentes e sonoros
que se encarnaban nos cabalos
disparatados polo monte
cara aos acantilados escumosos.

Cando comecei a soñarche,
algo sagrado sucedeu...
coma se xerminase en nos
unha flor
moi antiga.


Versión en castellano

Cuando te sueño,
el mar siempre florece
y se alarga en los ojos
de una mirada llena.

Cuando te sueño
el espacio se mueve dentro de mí,
en una rumorosa corriente plateada,
y cuando es más ancha la luz
el agua cristaliza en piedra rubia…
mientras mis manos dan
tu forma
a todo lo que tocan.

Cuando te comencé a soñar
fue la tarde que vi
aquellas urnas reluciendo
en la enramada de los pinos.

Cuando te comencé a soñar,
el canto era innumerable.
Me refiero a los vientos sonoros y calientes
que se encarnaban en los caballos
disparatados por el monte
hacia los cantiles espumosos.

Cuando te comencé a soñar
algo sagrado sucedió…
Como si creciese en nosotros
una flor 
muy antigua.

martes, 10 de febrero de 2015

Xiramundos


The joy of the Village. Marc Chagall

Xira a tarde
e no teu ventre incéndiase.
Xira a voaxa
e o agrume do limoeiro.
Dan voltas os teus ollos verdes
no fol da voces
daquelas mozas amarelas nos seus vestidos apertados.
Xira o verán
sobre as nádegas doutro século.

Xiran e voan
as velas dos navíos, os motores dos ventos
a follaxe da pel... as túas serpentinas.
Dan voltas os tempos dos viños
nos teus labios de améndoa.
Xemen todas as voces
na túa fronte.
Dá voltas
a présa do tocarche
no remol dos meus dedos.
Golpea o afán na beira
das túas coxas.

Xiran os vendavais das almas,
a chuvia toda; todo o xeo.
Xiran as casas
e as súas cousas,
a mansedume do teu nome,
o tigre
do esquecemento.
Xiran os pedras do animal escuro,
as cumes
ao fío das súas navallas.

Dan voltas os padais nos seus ceos de azucre,
as cidades
nos seus gonzos de cinza,
os mares na boca dos peixes.
Xira a rosa solar
desvirgándose polos campos.
Xiran os astros
na súa orixe;
a pira das súas medulas.

Danzan os esqueletos
dos deuses
nesta tarde que se detén á fin,
a cabeza moi cansa
nas sombras aínda quentes.


Versión en castellano

Gira la tarde
y se incendia en tu vientre.
Giran el polvo y la acidez del limonero.
Giran tus ojos verdes
en la celda de las voces
de las muchachas amarillas
en sus vestidos apretados.
Da vueltas el Otoño
sobre las nalgas de otro siglo.

Giran y vuelan las velas en las naves,
el motor de los vientos
las hojas de la piel
… tus serpentinas.
Giran los tiempos de los vinos
en tus labios de almendra.
Gimen todas las voces en tu frente.
Da vueltas la premura de tu tacto
en el rescoldo de mis dedos.
Golpea la pasión al borde de tus muslos.
Giran las casas y sus cosas,
la mansedumbre de tu nombre,
el tigre del olvido.
Giran los vendavales de las almas,
la lluvia toda; todo el hielo.
Dan vueltas los terrenos del animal oscuro,
sus minerales, sus dientes en cuchillo.
Giran los paladares en sus cielos de azúcar,
las ciudad en sus goznes de ceniza,
los mares en la boca de los peces.
Gira la flor solar
y se desvirga por los campos.
Giran los astros en su origen;
la pira de sus médulas.

Danzan los esqueletos de los dioses
en esta tarde que se detiene al fin
y cabecea muy cansada
sobre las sombras aún calientes.

viernes, 30 de enero de 2015

O nacemento da ninfa


La ninfa de la fuente. Lucas Sunder Cranach el Viejo

Primeiro está o lume...
Si, rosean os teus primeiros lumes
no alento das aves que pasan,
e ascende a caixa de música
ao fondo do teu ventre, extraviada.

Despois xorde o illó,
e a auga vai destrenzando as túas cadeiras.
Logo aséntase a mármore
da túa fronte,
e cara a ti achéganse aboiando as palabras
nos teus cabelos despregadas;
as palabras larvarias, espidas de futuro.

Ao final, ábrense os teus ollos,
crisálides de todas as miradas.


Versión en castellano:

Primero está el fuego…
Sí, florecen tus primeros fuegos
en el aliento
de la aves que pasan,
y asciende la caja de música,
al fondo de tu vientre, extraviada.

Después nace la fuente,

y el agua
va destrenzando tus caderas.
Luego se asienta el mármol de tu frente,
y hacia ti arriban
nadando las palabras
en tus cabellos desplegadas,
las palabras larvarias desnudas de futuro.

Finalmente, se abren

tus ojos,
crisálidas de todas las miradas.

domingo, 18 de enero de 2015

Farfállote

Desnudos en la playa. Josep de Togores. 

Farfállote
como farfalla o mar area.
Sentíndote
co sentido xunto...
Ensancho as túas cadeiras.
Palpito as túas nádegas.
Digo os teus nefres.
Mareo os teus peitos.
Abismo o teu sexo.
Pérdome na espesura das túas coxas quentes
e concibo os teus límites;
o muro dos nomes prohibidos,
onde comeza
a agridoce memoria
da nada.


Versión en Castellano:

Te balbuceo
como balbucea el mar
arena.
Sintiéndote
con el sentido junto...
Ensancho tus caderas.
Palpito tus nalgas.
Pronuncio tus labios.
Mareo tus pechos.
Abismo tu sexo.
Me pierdo en la espesura de tus muslos calientes
y concibo tus límites,
el muro de los nombres prohibidos;
donde comienza
la agridulce memoria de la nada.

martes, 13 de enero de 2015

Canto verde

 Horizonte verde

Pallas de herba nos astros verdes.
A montaña con toda a súa auga
baléirase nun puro canto verde,
nu como os metais, como o vidro
e o seus atavíos de luces musicais.

Cando o canto aparece
móstrase a fermosura
do que se sente
o do que foi sentido
-a terra cos seus vivos e os seus mortos.


Versión en castellano

Briznas de hierba
en las estrellas verdes.
La montaña con toda el agua
se vacía en un puro canto verde,
desnudo como los metales,
como el cristal y su atavío de luces musicales.

Cuando el canto aparece
se muestra la belleza de lo que se siente
o de lo que fue ya sentido
-la tierra con sus vivos y sus muertos.

domingo, 4 de enero de 2015

A sensación


El nacimiento del nuevo mundo. Salvador Dali.

Para crealo todo de novo,
acantoade o ollo, transgredide
sangrando a cicatriz do un.
O mar caeu do ceo.
A Terra ergueuse dos infernos.
O home,
a traxedia e a sensación;
o vermello da cor, a turbación da imaxe.

Na pantalla nocturna
está detido
o relevo dun lóstrego.
Descansa gozoso en se mesmo..


Versión en castellano

Para crearlo todo de nuevo,
aislad el ojo, transgredid
desangrando la cicatriz de lo uno.
El mar cayó del cielo.
La Tierra se encumbró de los infiernos.
El hombre,
la sensación y la tragedia;
el rojo del color, la emoción de la imagen.

En la esfera nocturna
está paralizado
el cuerpo de un relámpago.
Descansa gozoso en sí mismo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Salamandra

El filósofo. Jesús Guerrero Galván.

Salamandra
te abres como una herida
hablas como una fuente.
Octavio Paz


Sal de madre. Salamandra.

Cuando marchó, la tarde vacilaba
en los ensimismados ventanales.
En su espalda lejana
cicatrizaban
todas las llagas de la ausencia.

Respiro y sueño
el sueño giratorio
del cuerpo coronado, multiplicador
de la lluvia en su piel sudada.

Sal de madre. Salamandra.
Pan de tierra y ceniza
-los cereales de la carne.

Caderas del mar. Pechos altos, llenos,
espesos de espuma solar.
Mil bocas diminutas
tenían las orillas de sus pezones.

Sal de madre. Salamandra.

martes, 23 de diciembre de 2014

Chamas


Sin título. Félix Valloton

I
Sentireite
e sempre serás chama mentres viva.

Cando morra
tamén serás a queimadura.


Versión en castellano:

Te sentire

y siempre serás llama mientas viva.

Cuando muera

también serás la quemadura.


II
E eses "nuncas e sempres"
que morren, que se van do nada ao ninguén
polos mares perdidos
¿onde coidan a súa agonía?

Cando chegue o fin, todo,
xa terá sido.
Só quedarán, porcas, lastradas,
as mans da terra, remexendo a cinza
coa cinza doutras cinzas,
sempre na chama redivivas.


Versión en Castellano:

Y esos "nuncas y siempres"

que mueren, que se van de nada a nadie
por los mares perdidos,
¿dónde cuidarán su agonía?

Cuando llegue el fin, todo, ya habrá sido.

Solo quedarán, sucias, escariadas,
las manos de la tierra, revolviendo
la ceniza con la ceniza
de otras cenizas,
siempre en la llama redivivas.

sábado, 20 de diciembre de 2014

El forjador de tierra (Soneto I)


Del blog "Visión Beta"

Serás la tierra joven, humus negro y fecundo.
Germinando a través del ojo de las aves
serás el aparejo que espolea las naves.
Tibio te besará el mistral iracundo.

Un filtro escurrirá de tu signo errabundo,
sugestivo narcótico de centelleos suaves
―el límpido sudor gimiendo en los enclaves
de semillas y vientres que acrecientan el mundo.

Serás el azul índigo de mares de leyenda,
lienzo que nutrirá la ficción de los críos,
el avizor silencio de sus ojos abiertos.

Tu destino será el fin de la contienda,
pero regresarás, canto de los estíos,
en el vapor que sueñan los torrentes inciertos.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Ellos no saben


La noche estrellada. Vincent van Gogh.

¡Qué soledad la de la noche estrellada!
¡Qué callado abandono
el de aquellos mundos perdidos!

Ellos no saben
que yo los pienso.

martes, 9 de diciembre de 2014

Párpados de piedra (soneto en alejandrinos)


Un ojo. Escultura de Manuel Melquisedec.

Ciudades en la bruma, la memoria y la llama,
cumbres de edad perdida, aglutinad la nieve
que en el tiempo se ciega, y es llanto que conmueve
su fluir monte abajo; glaciar de nuestro drama.

Éter de sangre y aves, edén que se derrama.
Todo el abismo es sangre; las aves un relieve
en el aire indecible, un sueño que se bebe.
Magmas de la visión, rotundo panorama.

Navíos de la carne, engrasad las poleas.
Urna del placer, piel del músculo dorado,
esperma fabuloso, tornad vuestras mareas.

Párpados de la piedra, ardientes chimeneas,
revelad sin disfraces bajo un cielo ahogado
la hueste inagotable de inciertas odiseas.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Una mujer desierta (soneto en alejandrinos)

Desnudo acostado. Amadeo Modigliani.

La esencia del sudor de una mujer desierta,
se queda para siempre, como la blanca edad
de los adolescentes; en su complicidad
hay algo que exaspera: una embriaguez incierta,

el denso aire en los ojos, esa piel boquiabierta.
Reluciente, preñado de arrojo y soledad
su vientre es la marea de la necesidad,
donde crece una voz que en un pulso despierta.

Ahora que mis brazos son su cuerpo y sendero,
su jungla turbulenta imagina y enciende
la estrella derrumbada en algún sumidero

de una espiral nocturna, que remontando asciende
al origen perdido de un ávido guerrero,
de su llaga de vida, del placer y su duende.

martes, 18 de noviembre de 2014

Como la fiebre de una duda auxiliadora

Alegoría del tiempo dominado por la prudencia. Tiziano

En el pecho del dios
entraban las miradas tristes de las mujeres.
Es todo lo que el padre
nos ofrecía:
La aflicción donde apuntalar
la médula de las montañas,
para ir arrostrando la tierra;
viviéndola, extraviándola.

No vigiles el mundo.
Quémalo lentamente a voluntad,
hasta el culto del esplendor
o los desastres de la pena.
Pena que corre el pensamiento
como la fiebre de una duda auxiliadora.

Parece inútil esta luz
en una vastedad
heladamente oscura.