
Se curva lentamente la leyenda
sobre las cosas que pudieron ser,
las extraviadas de la historia.
¿Quién dice que el destino regaló
los hijos a la guerra
de este sueño de sangre desbocada?
Padre ¿quién pronunció la esencia de otro mundo?
Ya están los muertos en el dique
de las dormidas aguas de su beso
y de la boca defraudada.
Los cauces y los hombres no son abiertos,
sólo los pájaros
son princesas liberadas.
J. J. M. Ferreiro
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